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A B C SÁBADO o D E ABRIL D E 1909. E Ü l C I O N 1. PAG. un jardín público, en la puerta de un teatro ó en la habitación de un hotel de quinto orden. Alguien los recogerá! piensan sin A B C E Ñ PARÍS duda. Y allí se quedan los infelices, sin darOS NIÑOS ABANDONADOS La Prensa se cuenta de su desgracia y convencidos de parisina se que se han extraviado; porque los pobres na desinteresado en seguida del escándalo niños no pueden creer ue su madre los ha de Asniéres. Habíamos creído que madame abandonado para siempre. Sargent y su alcoholizado esposo tenían en ¡Y cómo creerlo! ¡Si es inconcebible! Y si terrados diez ó doce cadáveres en las cue- se tratara de casos aislados... Pero aqui es vas de su casa, y ahora, al enterarnos de raro el día que los agentes no tienen que tme el apreciable matrimonio de Asniéres llevar á la Asistencia pública á un niño no asesinaba á los niños qwe recogía, sino abandonado... que se limitaba á martirizarlos, hemos suEsto es cruel, espantoso, inhumano... Las frido una decepción tremenda. Los rotati- mismas leyes no tienen penas bastante sevos, que habían empezado á publicar artícu- veras para castigar á las madres sin entralos sensacionales, han enmudecido de re- ñas, porque no se pudo sospechar nunca pente, y el abogado de madame Sargent se que el mal ejemplo cundiera y se generaliha apresurado á decir que su cliente era víc- zara de este modo. Jesús padeció todos los tima de maquinaciones infames. dolores, todas las crueldades; conoció el La pobrecita Ana María, que sufría las odio, la ingratitud y el abandono; pero al inyecciones de agua de Colonia que la Sar- pie de la Cruz tuvo, bañándole los pies con gent la echaba en los ojos, se quejaba de vi- sus lágrimas, á su Divina Madre. Dios quicio, si hemos de creer á este distinguido so que el Redentor sufriera por nosotros toabogado. Cuando la Sargent se encerraba dos los tormentos, que un solo padecimiencoa la niña en una habitación y la golpea- to no le fuese desconocido; pero no se le ba sin duelo, obligándola á que cantara ocurrió hacerle sufrir- -por monstruoso, sin mientras la martirizaba, tampoco cometía duda, -el dolor supremo de ver el abandono ningún delito, según el mismo señor abo- y el desamor de su Madre... gado. José JUAN CADblMAo Ahora se va á arreglar todo declarando París- Marzo. ios médicos que los esposos Sargent son nos desequilibrados, y la pobrecita Ana María se quedará con sus ojitos echados á perder y el cuerpo lleno de costurones y QHAPÍ Y LA SOCIEDAD cardenales. DE AUTORES Pero yo no castigaría tanto á la Sargent como á las madres de esas criaturas que Señoras y señores: Lo que os voy á conconfiaban la custodia de sus hijos á la te- tar es tan importante para el arte dramático rrible americana... Las mamas, muy agra- español, que debería ocupar diez tomos de decidas, al excelente trato que daba á los abundante lectura. niños Mad. Sargent, la escribían cartas desTemo, pues, que la forzada concisión pergarradoras, llamándola noble dama fi- judique á la claridad y que el asunto no se lantrópica señora y haciendo protestas de entienda; pero tal grandeza tienen los hereconocimiento y gratitud. chos y tal relieve adquiere en ellos la figttEstas madres entrañables son capaces de ra del insigne autor de Los gnomos de la Allas mayores locuras con tal de suprimir una hambra, que espero que ambas cosas salten boca en sus casas. Hay quien consiente en á la vista, á pesar de la estremada sencillez separarse de su hijo. al nacer porque así evi- del relato v á través de la vulgaridad del ta el escándalo de una falta, y en estos ca- estilo. sos está justificada hasta cierto punto la Corto de raíz el exordio, y empiezo: crueldad de la madre. Pero los niños que la Hace diez años justos á principios de Sargent tenía en su poder no aran hijos del 1899, la propiedad dramática en España era amor eran, por el contrario, criaturitas administrada por tres casas editoriales que vendidas por las madres, las cuales, des- cobraban, en concepto de comisión, el 25 prendiéndose de ellas, se ahorran los gastos pot 100 de la recaudación del extranjero, que su manutención y cuidado proporcio- el 15 de la de provincias y el 2 ó el 5 de la nan. de Madrid; rendían á los autores cuentas En París vemos constantemente niños trimestrales, anticipaban cantidades con un abandonados por sus padres. Hace dos días, interés del 9, el 12 y aun el 18 por 100; comla portera de una casa de la rué Saínt- Dé- praban en las mejores condiciones posibles nis encontró en un pasillo un niño recién para ellas, naturalmente, cuantas obras se nacido, envuelto en un pantalón osado. Ha- les ofrecían, y obtenían entre todas, en concia un frío cruel, y la criaturita, aterida, cepto de recaudación total de derechos de apenas tenia fuerzas para llorar. La portera representación, la suma de ochocientas mi! se fue con el hallazgo á la Comiraría, donde á novecientas mil pesetas anuales. no fue posible, á pesar de todas las pesquiEl servicio de materiales de orquesta, absas realizadas, averiguar quién ha sido la solutamente necesario parala representaamantísima madre que ha dejado así á su ción y ejecución de las obras lineas, se hahijo en medio de la nieve. Menos nial que cia por dos casas: la de D. Florencio Fiscoantes de abandonarle se preocupó de su wich, á quien la mayoría de los composiporvenir, y clavado con un alfiler á las ro- tores había vendido en cantidades irrisopas que cubrían al recién nacido, le puso un rias el derecho de copia, alquiler y venta de billete de la lotería de Dunquerque. los susodichos materiales, y la de O. Pablo Lo curioso es que muchas veces no son Martín, con quien Chapí habia formado una niños recién nacidas los que sus padres especie de Sociedad comanditaria. Cada abandonan. Ayer, á media noche, la Policía uno de estos archivos costaba á las Empreencontró durmiendo en el mbral de una ses teatrales 15 pesetas diarias, amén de inpuerta cochera de la rué Rambuteau á dos finidad de gabelas y obstáculos. criaturas de nueve y doce años. Hacia ocho Con lo cual y con la multiplicidad de cadías que su padre los había dejado en me- tálogos, las compañías funcionaban con didio de la calle, separándose de ellos, y todo ficultad, el fraude de los derechos de autor este tiempo los desventurados vagaban por era facilísimo; cuantos producían y trabajael barrio, alimentándose con los céntimos ban dependían del archivero y del editor, y que algunos transeúntes los daban. los negocios teatrales se desenvolvían en Todos los días los periódicos publican no- malas condiciones. ticias por el estilo. Aquí se desprenden los (1) padres de los hijos con una facilidad asom- honor Discurso leído fot su autor en la velada que en brosa y los dejan en medio de la calle, en Ateneo. de Chapí se celebró recientemente en el OH NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Ahora... los autores dramáticos son libres, han prescindido en absoluto de todo- genere de intermediarios, mandan en lo suyo, administran directamente sus obras, rebajando los gastos de administración, que será gratuita dentro de poco; disponen de la incalculable riqueza que representan los archivos musicales nidos en sus mano y e mer ado teatral se ha estendido de tal modo, que la recaudación total por dereshos de representación ha llegado en 1908 á rebasar la cifra de dos millones de pesetas. España, dando este paso de avance con la vehemencia y el ímpetu propios de la raza, se ha colocado de pronto á la cabeza de las demás naciones. La misma Francia, á la cual citamos siempre como modelo, sigue aún amarrada á las cadenas del editor y del agente, y aunque se empeña ea desconocernos, no tendrá más remedio que venir á estudiar nuestra organización y á aprender de nosotros. El milagro se na hecho gracias á Dios en primer lugar, y en segundo, á aquel música ilustre, gloria de su patria, que llenó coa sa labor admirable más de un cuarto de siglo El, con su amor al arte y á la libertad, que puso siempre sobre todas las cosas; con sa espíritu indomable y su voluntad de acero, con su altruismo y su generosidad sin límites, fue la piedra que sirvió de base para el soberbio edificio de la Sociedad de Autores Españoles, á prueba de vendavales y borrascas; fue, en aquella segunda aventara de los galeotes, la espada que cortó las ligaduras de los cforzados del Rey que iban á galeras y fue el caballero andante que aguantó á pie firme y con la sonrisa en los labio la pedrea de los manumitidos. Aunque no hubiera llegado jamás á la cima del arte supremo, merecía bien de la patria. A Há en 1892, y creo que por iniciativa de los Sres. Vidal y Llimona y Baceta, representantes en España de la Sociedad francesa, del pequeño detecte, se fundó ea Ma- drid otra similar, por acciones, con el fia de recaudar los derechos de ejecución de piezas musicales sueltas en cafés, salones y círculos, derechos que se perdían por falta de organización adecuada. La nueva agrupación nombró representantes donde pudo y empezó la ingrata tarea de hacer cumplir la ley en todas paites con las fatigas que es de suponer. Cuatra años más tarde, y á propuesta de Chapí, que asistía á la junta general como accionista, se reformaron los estatutos, añadiendo casi por sorpresa un artículo, por el que se autorizaba á la Sociedad para administrar también los productos de obras teatrales completas cuando lo creyera conveniente. Claro es que estando la mayoría délas acciones en poder de editores y archiveros, la ejecución del artículo adicional no se hubiera creído conveniente nunca; pero a! K estaba la semilla que había de fructificar más tarde ó más temprano. Fructificó temprano, por fortuna. Pero entre tanto, como el archivo independiente de Chapí, compuesto casi exclusivamente de sus obras, era el único obstáculo que impedía á D. Florencio Físcowick desarrollar sus planes, y como la firma del maestro era la que faltaba en su colección para disponer como señor y dueño absoluto del servicio completo de materiales de orquesta, el editor procuró primero rendir al rebelde con ofertas tentadoras y acabó por combatirle á sangre y fuego, sitiándole en toda regla. Valientemente, con un tenacidad y una energía sin ejemplo, resistió Chapí todos loa ataques, previendo que de aquella resistencia suya dependía la redención de sus compañeros, y cuando muchos de éstos se coaligaron contra él, cuando los libretistas de fuste le abandonaron temerosos de los per-