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MADRID. BAUTIZO DEL INFANTE D. JOSÉ EN LA SALA DE MARMOLES DEL PALACIO DE LOS INFANTES DOÑA MAR 3 A TERESA Y D. FERNANDO AL SALIR LA COMITIVA PARA EL PALACIO REAL. DE IZQUIERDA A DERECHA: LA PRINCESA PILAR DE BAV 1 ERA, SU HERMANO EL PRINCIPE ADALBERTO, LA INFANTA DOÑA PAZ, EL 1 NFANTITO JOSÉ EN BRAZOS DE SU AMA, EL 1 NFANT 1 TO LUIS ALFONSO EN BRAZOS DE SU AYA Y EL INFANTE D. FERNANDO Fot. Alba. sidad y de verdad. El que estas líneas escribe quisiera dar su parecer sobre los asuntos del día; pero siento ante ello un profundo temor; hago, por lo tanto, mil protestas de respeto, de consideración. de cortesía, ante las opiniones corrientes. Confieso también que yo no pretendo convencer á nadie de lo que yo pienso. Concedo asimismo de buen grado que mi parecer sobre estos asuntos tiene mucho de estrambotico. de paradójico y de raro. Pido, finalmente, perdón por esta singularidad mía de pensamiento, y prometo corregirme en cuanto me sea posible. Hechas estas protestas de cortesía y de respeto para con las opiniones ajenas, entro modestamente, si se me permite hacerlo, á consignar algunas consideraciones, que podrán muy bien ser saltadas por los lectores habituales del periódico, puesto que no tienen ningún valor. A MANIFESTACIÓN Empezaré por el asunto de la manifestación. Se trata de un suceso que todavía es de actualidad. Comentado lo veo aún en los periódicos de la mañana y de la noche. ¿Qué valor podemos asignarle á esta manifestación? ¿Cuántos ciudadanos concurrieron á ella? Cosas son éstas que no se pueden poner en claro. Ni sabemos para Hemos llegado á una u imposible hablar con un pocoendesincesituación que es casi NA CONFESIÓN TÓPICOS DEL DÍA qué se hizo la manifestación, ni- podemos saber tampoco cuántos manifestantes concurrieron á ella. El hecho capital, el corolario magno, es el parecer unánime de que después de la manifestación el Gobierno debe dimitir. Algunos periódicos lo proclaman de un modo ardiente é impetuoso. Ahora bien; la lógica con que se hace esta deducción, ¿es del todo exacta rigurosa? Vamos á. verlo. I a cifra de los manifestantes oscila según unas y otras versiones de 12.000 á 200.000. Adoptemos una cifra hipotética; supongamos que á la manifestación acudieron 50.000 ciudadanos. Madrid cuenta con 800.000 habitantes. ¿Qué voluntad ha de pesar más: la de 50.000 ciudadanos ó la de 750.000? No es esto solo: un Gobierno no es tan sólo para Madrid; lo es para toda España. I a nación se compone de 18 millones de españoles. El hecho de que 50.000 ciudadanos pidan la caída de un Gobierno, ¿será bastante para que el deseode estos manifestantes les sea impuesto álos restantes ciudadanos que suman el número de 17.950.000? Vivimos en un régimen democrático, de mayorías, ¿y pretenden los periódicos liberales y demócratas que se dé este enorme, colosal caso de tiranía, de despotismo de una casi imperceptible minoría sobre la mayoría inmensa de la nación? En provincias se han celebrado también manifestaciones; pero para la cuenta que establecemos, yo computo los manifestantes de provincias por los manifestantes que te- legráficamente han expresado su opinión favorable al jefe del Gobierno; de este modo, anulados así los no muy numerosos protestantes de provincias, mi razonamiento queda en pie. En Madrid, los que aquí vivimos, tenemos una idea no del todo exacta sobre el valor de las opiniones y de las voluntades de provincias. Ahora, en el presente caso, porque un número determinado de habitantes de la corte ha expresado una opinión, suponemos- ¡y con qué suficiencia! -que más de 17 millones de españoles. han de pensar lo mismo y que nuestra voluntad hs de ser la suya. Esta presunción es ya tradicional; añadiré que no faltan en Madrid rectos y justos espiritas que se esfuerzan en destruirla. En literatura, por ejemplo, es corriente que un escritor provinciano que no haya sido ensalzado por los periódicos de Madrid no sea considerado como ua valor real y positivo en las esferas del arte. Ua pintor puede pintar también hermosos cuadros- -y genialísimos pintores viven en provincias; -pero si los críticos de Madrid nc le han dado su marchamo, será lo mismo que si no pintara nada. ¿Por qué este absurdo exclusivismo? ¿Por qué este monopolio de la valoración artística? Sobre este asunto habría mucho que ha blar; lo haré en otra ocasión. Un aspecto de este exclusivismo, de esta imposición de Madrid sobre las provincias- -aspecto interesantísimo, -es la manifestación del pasado domingo, ó, mejor dicho, las consecuencias que de ella pretenden deducirse. Los que