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A B C LUNfcS 29 D E MARZO DE 1909. EDICIÓN i, PAG. la modulación y al matizado. Esta dureza inflexible es su principal defecto; las que Verdaderamente desentonan ó desafinan son minoría; menos que minoría, son relativamente raras. Pero ese defecto es muy suíiciente para desagradar á quien, como nosotros, se ha criado, educado y desarrollado en lasjjerfecciones del canto italiano, y, sobre toao, enviciado en sus abusos múltiples. 1 De aquí nuestra predilección por los divos; Se aquí nuestra relativa indiferencia por la iMúsica- Arte. El virtuosismo sigue siendo nuestro dios; la obra es todo lo más su profeta. En Alema- nia es lo contrario; y aquí es donde verdaderamente fica apunto. La producción de buenos cantantes en aquel país es insuficiente para satisfacer las necesidades y demandas de su enorme consumo; y el consumo de música es allí tan grande como el del pan y el agua. La música es para el espíritu de aquella raza artículo de primera necesidad; constituye para ella un apetito ó pasión ingénita, tan nat ral, tan apremiante, tan insaciable como el hambre, la sed, el amor. Constituye para ellos, más que una religión, una segunda naturaleza. El alemán es músico antes que creyente, antes que patriota, antes que feombre. Pero esa pasión es por la MÚSICA, con mavúsculcr, la Música eomo Arte. Y nosotros sj no entendemos la Música como Arte; no buscamos en ella lo divino, la esencia, el alma; buscamos lo humano, la materia: cuerpo, carne, forma externa; lo que nos ofrece de sensual, de pasatiempo fácil, banal, vicioso. Escribimos su nombre con miEsa es la gran diferencia entre la manera gue tienen de apreciar la música las razas meíidionales y las septentrionales. Los germanos consagran sus altares á las obras y á los autores. Los artistas, los intérpretes, no son más que los sacerdotes y acólitos encargados del culto. Si éstos no pueden practicar las ceremonias con la deseable perfección y boato, los feligreses se conforman con que lo hagan con la debida solemnidad y respejto, y suplen con su propia devoción lo que íes parece defectuoso en la visualidad, en la exterioridad del acto. Lo esencial es para ellos el texto sagrado, la ceremonia, la ocafeión de orar, la presencia del dios. ¿Quiere esto decir que renuncian en abBoluto, ó desprecian, todo lo que al sacerdote- artista corresponde? Bien sabéis que no, y no ignoráis que en aquellos países nacen los mejores, más escrupulosos y más numerosos instrumentistas del globo; y yo añado que lamentan, como lamentó Wagner, las deficiencias manifiestas de su enseñanza ó aptitudes vocales. Pero la firmeza y profundidad de su fervor artísíicq- religioso les Inspira la abnegación necesaria para perdonar lo perdonable, elevar por encima de todo sus almas á lo supremo, y reservar su intolerancia para urra sola cosa: la indiferencia ó la irreverencia, y la postergación de la divinidad á la persona del sacerdote. Nosotros nos vamos al templo del Arte para orar, para contemplar ni para meditar; vamos para ver y para oir, lo mismo en la ópera que en el concierto. La Novena Siníonía nos deleita más ó menos que una de Xscbaikowsky según los bríos de la orquesta que las ejecute y la plástica más ó menos simpática y fogosa del director. Concedemos preferencia á unas óperas sobre otras según el grado de virtuosidad de los intérpretes. Saquemos el Cristo de Margarita ¡a tornera. ¿Cuánto apostamos á que la obra de Chapí no tendría enemigos si la hubieran cantado la Storchio y Aa elmi? Y en los intérpretes ao sabemos apreciar la seriedad, el estudio y el talento verdadero sino cuando estas cualidades van acompañadas de las perfecciones vocales, de la exterioridad sensual de la materia- voz. No nos hacemos cargo de Jas proporciones; no penetramos en el fondo ñúscala. 10. ni en el pensamiento; apreciamos el edificio por un detalle de filigrana ó de miniatura, que nos ciega para la belleza del conjunto. Por esto expulsamos á barítonos como Buers, á tenores como Giraud y Forchhatnmer; y á artistas como Remond los soportamos con protectora benevolencia, pero siempre con el silbato entre los labios. Si la Guszalewicz no poseyera una voz perfecta de afinación y brillantez, no veríamos en ella la gran artista. Si la batuta de Rabí no fuera simpática y sugestiva, sino fría y metronómica como lo era la del gran Taubert, perderían buena parte de su calor las ovaciones coa que tan merecidamente le estamos glorificando. ¿Cuántas veces no hemos olvidado la facha de un artista, contraria á las exigencias de una cabal estética, en obsequio á su destreza ó potencia vocal? ¿Por qué no podemos olvidar la voz y sus relativas imperfecciones de pura caligrafía, en obsequio al arte y al talento con que adquiere la obra todo su debido relieve? Es cuestión de coordinar y de equilibrar los sentidos, y de combatir con energía el monopolio del oído, no tolerando otra hegemonía que la de la inteligencia, que es el sentido ctel espíritu. Si somos músicos y queremos disfrutar de la Música, hemos de ir moderando nuestra pasión sensual por el virtuosismo; el cual, sea añadido, nos ofusca, y nos oculta las enormes imperfecciones y los horrendos crímenes artísticos en que los virtuosos, como intérpretes, suelen incurrir. Los resabios tradicionales del virtuosismo, de la individualidad humana sobrepuesta á la suprema personalidad del Arte, nos tiene abotagada y adormecida la facultad perceptiva de la Belleza. ¿Remedio? El vendrá. Está ya en el norizonte, proa á tierra. Es barco de gran tonelaje, y falta sólo que nuestn puerto, nuestra alma artística, se halle ó se ponga en condiciones propicias para admitirlo y facilitar el descargue de sus tesoros. La virtuosidad del canto r a decayendo; los divos van disminuyendo, y los que quedan van siendo absorbidos por las insaciables tragaderas del Nuevo Continente, que está en la infancia del Arte. Pronto nos quedaremos sin ninguno. El Arte puro y grande es el barco que a nuestro puerto se viene, y viene de arribada forzosa. Es la Waltraiate que ha de señalarnos el camino de la salvación, la renuncia al Anillo maldecido. JOACH 1 M. Ocupándose después de la política, aseguró qae con el acto realizado se demostrar ba que cuando hay pasión exagerada da como resultado la exaltación en el adversario. Terminó elogiando la labor del Gobierno, el cual cree que goza de las simpatías de la opinión. El discurso fue aplaudidísimo diferentes veces. El Sr. Sánchez Guerra tuvoirases de elogio para el conde de los Andes por la campaña que ha hecho en favor de Jerez. El banquete terminó con vivas al Rey, á la nación española y á Andalucía. A las seis de la mañana salimos para Guadalcacín. DOMINGO, l 8 8 N. SÁNCHEZ GUERRA EN JEREZ CONFERENCIAS TELEGRÁFICAS VS NUESTRO REDACTOR- COR ESPONSAL D. MANUEL TERCER O DGMJNG 3, 2 8 T, a visita al pantano. Al llegar el ministro y los expedicionarios al sitio donde se realizan las obras del pantano de Guadalcacín, presenciamos el pintoresco espectáculo que ofrecían los altos de los cerros, invadidos por un gentío rebosante de júbilo. Los vecinos de Arcos, San José, Valle y otros pueblos beneficiados por la construcción del pantaao saludaban á los expedicionarios con demostraciones de alegría. Presenciamos los efectos de tres barrenos que estaban preparados para el desmonte, y después de haber recorrido á pie las obras, el Sr. Sánchez Guerra se embarcó en una lancha, que timoneaba el marqués de Alamos y remaba el de Campo Real, atravesando en ella toda la extensión del pantano. En una planicie, elevada á unos 60 metros sobre la llanura del pantano, estaba dispuesto un espléndido almuerzo, al que hicimos los honores el ministro é invitados. Hubo diversos brindis, todos muy elocuentes El Sr. Sánchez Guerra obsequió con flores á las jóvenes campesinas que presenciaron el almuerzo. Distribuyó pan y socorros entre los pobres, que también acudieron alrededor de la improvisada mesa, y se despidió de todos muy satisfecho, felicitando al capataz de las obras. Al regreso visitamos el cortijo de Pedrola, que estaba engalanado para recibir al ministro, en cuyo honor echaron á vuelo la campana de la capilla, se dispararan cohetes y tocó una banda de música. El dueño del cortijo y su distinguida es posa fueron pródigos en atenciones con el Sr. Sánchez Guerra y sus acompañantes, ofreciendo un té y haciendo los honores de la finca, que detalladamente enseñaron, así como las diversas máquinas agrícolas que en ella funcionan. Después de una entusiasta despedida, emprendimos el regreso, durante el cual ocurrió un ligero accidente al automóvil que conducía á los periodistas, pero que, afor. a- nadamente, ha carecido de importancia. i o que será el pantano. El pantano de Guadalcacín tiene poi objeto asegurar el riego de una extensa vega que abarca una zona considerable hoy des- í provista de agua. La cabida del embalse será de 76 millones de metros cúbicos de agua, y la altura de la presa, 36 metros. Ya está construida cerca de ¡a mitad da, la obra, Dxez mil hectáreas de terreno, itoy secano, podrán tomar agua del embalse. El presupuesto de las obras se calcula esb un millón de pesetas, comprendiendo el valor de las expropiaciones. -El ingeniero D. Pedro Quíjano es el director de los trabajos. TERCERO C n honor del ministro. A las doce de anoche terminó el banquete celebrado en honor del ministro de Fomento. La fiesta se celebró en el Museo de Bellas Artes, asistiendo 170 comensales. Inició los brindis el alcalde de Jerez, quien pidió al Gobierno el auxilio que necesita una región en un tiempo próspera y hoy en decadencia por e 1 menosprecio de los vinos en el extranjero. El gobernador de Cádiz se limitó á exponer su gestión en el Gobierno civil. El conde de los Andes di ó gracias á los asistentes al banquete, y solicitó del minis tro apoyo para su distrito. Últimamente brindó el ministro. Su discurso fue elocuente y ofreció que, como cordobés, trataría fraternalmente á Jerez, concediéndole cuanto pudiera. nm imiMiMnniírmrm- -r- minm üifinriirn mniranraimtíTiii iraünnriumnnsTMiiií i imam a u n