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PE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Y TELÉFONO m k DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO m W Y TELEFONO MEJORAS IMPORTANTES EN CHIVA INAUGURACIÓN DE UNA FUENTE DE VEINTIÚN CAÑOS EN LA PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS L NOVENO MES DE LA REINA DE HOLANDA noveno mes de su embarazo, insólito al cabo de once años de matrimonio ha llenado de alegría á los cachazudos holandeses, que ya temían ver agotada, la dinastía reinante. Desde que se casó la reina Guillermina ve. nía dando, indefectiblemente, dos alegrías y dos disgustos todos los años á sus leales subditos: primero, al anunciar oficialmente su estado interesante; después, cuando los ministros declaraban que no había hada de lo dicho... Y vuelta á mpezar... Pero a h o r a no... Ahora parece que ya de veras, y el regocijo ea Holanda no tiene límites, porque si la Reina da un heredero al país, sea hembra ó varón, la sucesión al Trono quedará asegurada y los holandeses verán desvanecerse el fantasma de un prín- E La reina Guillermina va á entrar en el y este hecho cipe alemán recogiendo la herencia déla Spberana y coronándose Rey de los País es Bajos. Porque, á presar de la vecindad, de la lengua y de las semejanzas que con lo. s ajemanes tienen, los holandeses no quieren ser alemanes, y miran con desconfianza al imperio de al lado, convencidos de que allí está el peligro. Iyos capitalistas de I, a Haya son ujios excelentes burgueses que se dan buena vida, se pasean por el mejor de los mundos y a doran á la dinastía que los gobierna. No me negaréis que esto es consolador, porque, por regla, general, ningún país ama á la dinastía que rige sus destinos. Y no hay en todo el planeta Reina más locamente idolatrada que la reina Guillermina de Holanda. Desde que pisamos una ciudad holandesa, la Rein a nos persigue por todas partes, y la vemos en los escaparates de las tiendas, en los M i LA FUENTE INAUGURADA Fots. Peris. íés, en los teatros y hasta en el cuarto del hotel, colgada sobre la cama para velar nuestro sueño. La Reina se nos ofrece de perfil, de busto, de cuerpo entero, de frente, vestida de Corte, en traje de calle ó en traje de aldeana, con su cofia qa encaje y su casco dorado. Por lo que la gusta variar de atavíos y por su afición á los re- tratos, la reina Guillermina resulta u n a ferviente i m i t a d o r a del Kaiser, su vecino. Pero el pueblo holandés comenzaba á distanciarse de la Soberana, tin poco despe- restaurante, en los ca-