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bí INDUSTRIA FABRICACIÓN DE ACEITES DE SEMILLAS I os aceites de semillas son de consumo universal y necesario, tanto puros, por reunir algunos de ellos condiciones especialísimas para la industria y la farmacopea, como mezclados con los de oliva, por resul tar de esta mezcla bien hecha, no ya un aceite comestible y absolutamente inofensivo, sino muy superior á los aceites puros de oliva, mal elaborados, además de abaratar su coste facilitando el consumo de este artículo de primera necesidad, y, finalmente, por ser una necesidad dicha mezcla para los aceites de exportación al objeto de adaptarlos al gusto mundial, que así los prefiere. En muchos países, y sobre todo las clases menos pudientes, no conocen otros aceites. I a mejor prueba de que son nece arios está en que España, la nación de mayor riqueza olivarera, los importaba antes de que su fabricación constituyese una industria nacional. Precisamente déla consideración de que en 1892 importásemos 15 000 tonelas de aceite de copo, además de otras cantidades no despreciables de ricino, linaza y otros aceites de semillas, con un valor en junto de unos 16 millones de pesetas, nació la implantación en España de esta industria, cuyas primeras fábricas se establecieron en 1893, consiguiéndose con ello que quedasen en el país unos cuantos millones, la diferencia entre pagar los aceites al extranjero y pagar sSlo la primera materia (y aun ésta era en gran parte de Filipinas) además de proporcionar trabajo á los obreros y á las industrias auxiliares. Pero llega un día en que la escasez de una cosecha hizo creer á varios especuladoíes precisamente de Cataluña) que el aceite de oliva alcanzaría precios exorbitantes, y ante la perspectiva de un gran negocio compraron partidas de importancia, que pagaron á altos precios hasta 160 pesetas carga) con dinero propio, algunos, y pagando intereses de 10 por 100 otros; sucedió que los aceites no subieron entonces más, y aun balaron, por presentar muy buen cariz la cosecha siguiente y porque hallándose repleta de existencias la plaza, los prudentes ó tímidos fueron aligerándola á precios corrientes. Dolidos los agiotistas del fracaso, revolviéronse airados contra la fabricación de los aceites de semillas, achacando á éstos la culpa de que los de oliva no alcanzasen precios fabulosos. Inicióse entonces una ruda campaña, en ia que la mayor parte de los olivareros españoles, sin tener verdadero conocimiento del asunto, siguieron á los que propalaban ser los aceites de semilla la ruina de la olivicultura. Primer efecto de esta campaña fue el mensaje que la Cámara Agrícola Oficial de Tortosa elevó á S. M. el Rey en Abril de 1905, pidiendo aumento de derechos arancelarios á lasssemillas oleaginosas. Más tarde, en Junio de 1907, se explanó en el Congreso de los diputados una interpélamelo contra las fábricas de aceites de semillas. En Julio del mismo año se celebró en Reus una asamblea de agricultores y olivareros, en la que se aprobaron unas bases que significaban la desaparición de la industria que nos ocupa, y poco después hicieron lo propio algunos olivareros de Sevilla. Y, por último, en Noviembre de dicho año se reunió en Madrid la Asamblea Nacional Olivarera, votante conclusiones análogas. Tal ha sido el desarrollo de la injustificada campaña iniciada contra esta industria por los agiotistas catalanes en 1905, campaña que ha tenido inconcebible final con la Real orden dictada por el ministerio de Hacienda en Diciembre próximo pasado ordenando se desnaturalicen coa alquitrán, petróleo ó aguarrás antes de ponerlos en circulación casi todos los aceites de semillas oleaginosas que se fabrican. Las principales razones aducidas para justificar la campaña en contra de esta industria han sido siempre que la exagerada producción de los aceites de semillas destinados á la mezcla con los de oliva impedía á éstos alcanzar en el mercado un precio remunerador, produciendo ó siendo causa, en consecuencia, de la crisis por que atraves iba la olivicultura; que los aceites desenrilas oleaginosas eran nocivos á la salud empleados como comestibles, y que á la mezcla de estos aceites se debía que la exportación de los de oliva no alcanzase la debida y necesaria importancia. Veamos la razón y fundamento üe cada uno de estos argumentos. El término medio de la cosecha del aceite de oliva en España, según las estadísticas, es 2.750 000 hectolitros. El término medio de la importación anual de granas oleaginosas durante los años últimos, según la estadística oficial de importaciones, es 5o.ooo toneladas de diversas clases, que al rendimiento excesivo de 50 por 100 unas semillas con otras dan unas 25.000 toneladas de aceite, ó sean 250.000 hectolitros. Estos 250.000 hectolitros, máximum de la fabricación de aceites de semillas en España, se descomponen en esta forma: más de la mitad corresponde al aceite de coco, que, como es sabido, es del todo inútil para comestible, sirviendo sólo para jabonería y algunas otras industrias, entre ellas la de estampados. El ricino, colza y otros son igualmente inútiles frnra mezclar y son exclusivamente aplicados á la faimacia é industria. Restan los de linaza, cacahuete y sésamo, que son los que, en parte, tienen aptitud para mezclar con el de oliva, y que en junto sólo ascienden á unos 62.000 hectolitros; pero sabido es también que del de linaza, más del 80 por 100 es destinado exclusivamente á la industria (pinturas, fábricas de hules, barnices, jabonería y curtidos) y los otros dos, cacahuete y sésamo, dan un importante contingente para la jabonería, mantecas, perfumerías y otras indus trias; de modo que sólo una mitad, ó sean las clases extras y primeras, y aun de esta mitad una parte puede destinarse al coupage ó mezcla con el de oliva. Esto es, que unos 30.000 hectolitros á lo sumo es la cantidad, susceptible á mezclar con los aceites de oliva, lo que en años de buena cosecha representa un 1 por ioo, y en los peores hasta un 3 por 100. En cuanto á que los aceites de semillas son nocivos para la salud, es argumento que sólo de mala fe puede emplearse, pues está umversalmente sancionad o que los aceites de sésamo, cacahuete, linaza y otros, cuando son clases superiores y elaboradas por los- procedimientos aprendidos de las fábricas francesas, italianas y alemanas, son perfectamente inofensivos y comestibles. Por lo que hace á los perjuicios que para el crecimiento de la exportación de los aceites de oliva pueden representar los de semillas, bastará decir que, siendo ó debiendo ser España la primera nación olivarera, pues su cultivo alcanza á 1.400.000 hectáreas, mientras que Italia sólo llega á r. 060.000, y las demás naciones productoras, en junto, á 500.000 hectáreas, la exportación de aceites de Italia es superior á la nuestra, y lo mismo que la de los de Niza y otros puntos de Francia, mucho mayor que SH producción. Esto es debido al coupage de los aceites de oliva, que producen é importan con los de semillas que fabrican. En los aceites que se esportan constituye una necesidad la mezcla con los de semilla 3 para adaptarlos al gusto- mundial; prueba de ello es que repetidas veces se ha pedido al Gobierno por entidades agrícolas aceiteras y congresos de productores, puertos francos para los aceites de semillas, al objeto de efectuar el coupage ó mezcla para la exportación. El aceite puro de oliva ao lo reclama máa que una nación, Rusia, y no precisamente, para el uso doméstico, sino para arder ante los iconos. por exigencias del rito. Por último, respecto á la pretendida crisis olivarera, conviene hacer constar: que en España se vende la cosecha á precio lemunerador, quedando sólo síoks voluntarios; que en España los precios de venta van siendo cada día más altos (de 80 pesetas hectolitro hace seis ú ocho años, á 160) porque se va elaborando mejor y aumentando la exportación, contribuyendo también á los satisfactorios resultados obtenidos por los cosecheros el producto de los orujos sulfurados, que se vende alrededor de 75 pesetas, y, finalmente, en España se exportan anualmente millones de kilos de aceitunas en salmuera ó conserva Después de esto, juzgúese del fundamento y razón que han tenido nuestros gobernantes para dictar la Real orden de Diciembre próximo pasado, con la que se decretó la ruina de la industria nacional de fabricación de aceites de semillas, cuyas fábricas se cerrarían todas al día siguiente de ponerse en ejecución aquella absurda Real orden. El Gobierno lo ha visto así claro, después de dictarla con lastimosa impremeditación, y ha dejado en suspenso su cumplí, miento ó ejecución. Pero esto nos es suficiente, pues no puede tenerse pendiente de ello á una importante industria nacional, creada al amparo de la ley, que tiene invertido en ella un capital de 20.000.000 de pesetas (entre las 28 fábrieas de España) ¡y que da ocupación á 2.000 obreros Fijémonos en lo que hacen las dos naciones olivareras por excelencia: Francia é Italia. La fabricación y venta de los aceites de semillas oleaginosas está autorizada en Francia al igual que la de los aceites de oliva; pero está prohibida la venta como aceites de oliva de los aceites de semilla ó mezclados con el de oliva, en cualquier proporción que sea. Hay una ley, votada hace tres años, que prohibe la venta, á menos que se haga constar en la etiqueta de la mercancía ofrecida. En Italia, los aceites de semillas pueden circular libremente declarando su clase. Pueden venderse mezclados con los de oliva; pero en tal caso hay que declarar y denominar la mezcla con el nombre de la clase de aceite más inferior q e entre en ella. Prohíbase con severas penas el empleo de aceites nocivos, y castigúese rigurosamente á quien venda como aceites de oliva aceites mezclados, aun cuando sean comestibles. Téngase en cuenta que muchos aceites de semillas van á la farmacia, y por lo mismo no pueden inutilizarse, y que las mezclas, en épocas de carestía, hacen asequible á los pobres el empleo del aceite. Y no demos una vez más triste ejemplo de nuestra decadencia y atraso en la civjlizacián mundial. -G. P.