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A B C VIERNES 19 DE MARZO DE 1900. BDiffiQN t PA 3. 6. íriales. Defiéndese luego de la inculpación que ai residente le dirigía de haber abusado de i inmunidad parlamentaria, toda vez que J se atuvo exclusivamente á presentar los lechos y á sacar lógicamente sus conse, uencias, fundamentándolos. El presidente del Consejo acaba de deüarar que no se refería á las minorías molárquicas cuando aludía á difamadores que íabrían de venir á gobernar si él dejaba el? oder. Luego entonces S. S. se dirigía úni ¡amente á mí. Su señoría se ha corrido al tratarme de calumniador, porque durante oda mi historia política no fui tildado por nada ni por nadie, ni hice más en este caso lúe concretar la realidad y hacerme intérprete de un estado de opinión y de un juicio bastante extendido dentro y fuera del Parlamento. Así, ese concepto no merece por mí ser contestado, ni en su fondo ni en su forma. T En los últimos días políticos de Sagasta porrían vientos de difamación por las calles, cenia también mayoría en las Cámaras el fefe de los liberales, y, sin embargo, el seíor Maura recogía de la calle los cargos fem que lapidó á los Sres. Sagasta y Moret. uzga el orador peregrina la teoría del jjiesidente del Consejo acerca de la forma sn que la opinión pública ha de cristalizar í revelarse. Si él cree que la opinión pública es una chispa, había que sospechar que un Gobierno que tenga mayoría y la confianza de la Corona se opondrá en todo momento á que Ja opinión se demuestre en las calles mefliante una manifestación. Vuelve á recordar la época del mando del Sr. Sagasta para hacer constar que asimismo éste tema mayoría, y esto no obstante, pl Sr. Maura y sus amigos utilizaron en el Parlamento iguales armas que las que hoy Califica de arteras el jefe del Gobierno. Hablando de la manifestación cuyo permiso se propone solicitar del gobernador pivil, dice que ya supone que será denegado j. al permiso ante el criterio expuesto por el Sr. Maura en esta sesión; pero advierte que, en todo caso, el país sabrá á qué atenerse, puesto que lo mismo significará que el pueblo realice su propósito de manifestar la opinión que tiene de la obra del Gobierno jhue la segura denegación de la autorización requerida. De nuevo habla el Sr. MAURA, lamenlando las violencias de lenguaje del señor Sol y Ortega, puesto que nunca han sido fiicaces las demasías y extralimitaciones fratorias, por lo mismo que las informa la pasión, allí donde como reina absoluta debe Imnerar la sensatez. m Sr. SOL Y ORTEGA: No sé si mis ¡principios educativos estarán amoldados al ¡concepto ético de S. S. ¡ni si mis manifestaciones se ajustarán al ide l de la inmunidad que S. S. defiende. 1,0 que sé y declaro es que ni en lo que ayer dije ni en lo que he expuesto hoy poJlrá nadie ver nada calumnioso. Así lo manjengo, aquí y fuera de aquí, con inmunidad r sin ella. (Escándalo formidable, á que se asocian las tribunas. La presidencia llama al orden. 331 orador insiste: ¡Con inmunidad ó sin ella! El Sr. MAURA: ¡Conque el Sr. Sol y Ortega acaba de declarar que no es demasía parlamentaria afirmar que el pueblo de Madrid dice que se sienta en este banco un Gobierno inmoral! ¡Pues me gusta, hombre, me gusta! (Aplausos en la mayoría. Jura el cargo de senador el iSr. García San Miguel. Interviene el Sr. DAVIL A, en nombre de la minoría democrática. En sentir del ex ministro demócrata, han quedado de manifiesto, como consecuencia ímservar el Poder. (Protestas en los minis- del debate, las manchas cutáneas que revelan los males que corroen al Gobierno. (Rumores en la mayoría. Muestra el orador su extrañeza por tales rumores, cuando él no hace más que repetir palabras del Sr. Maura contra el Sr. Sagasta en el Congreso. Declara que la minoría democrática hace suyas las manifestaciones del Sr. Sánchez de Toca y las consideraciones deducidas del debate por el Sr. Sol y Ortega en la sesión del miércoles. Examina la situación del Gobierno, deplorando el espectáculo que ofrece por las acusaciones á él dirigidas y que inspira la indefensión de los intereses públicos cuando al paso le salen intereses privados. Seguidamente trae á colación el Sr. Dávila declaraciones hechas por el Sr. Maura en el Congreso acerca del crédito que los hombres públicos merecen en la opinión, para colegir que ahora reprueba lo que en tonces consideraba lícito. Sintetiza los cargos acumulados contra el Gabinete actual, refiriéndose muyfsingularmente al proyecto de comunicaciones marítimas, al concurso de la escuadra, ala subvencióu concedida ala Compañía Hispano Africana y á cuanto se ha desprendido de la discusión. Ante tales cargos, que al presidenta del Consejo no conmueven, seguramente el señor Cánovas hubiera abandonado el Poder. Y pone puuto á su discurso porque entiende que no necesita ampliación ni nueva demostración lo que está en la conciencia de todos. El Sr. MAURA contesta al Sr. Dávila, remitiéndose á la doctrina que acerca de la opinión y sus extravíos ó prejuicios en relación con el Gobierno y en orden á la autoridad del Parlamento expuso ya en el Congreso y ha ratificado estos días en el Senado. Esa misma doctrina es la que aplico todos los días. A interrupciones trecuentes üei tír. Davila contesta: Que él no Se ha sustraído á la censura ni á la fiscalización del Parlamento en todos los casos, á punto que ningún Gobierno ha hecho constantemente tanto honor á los respetos debidos al régimen y al Poder legislativo. Su señoría dice que para estar en el Gobierno precisa la autoridad necesaria; yo añado: moral. Si su señoría lo cree así y estima que hay un estado de opinión contrario al Gobierno, debe no cesar hasta que ese estado de opinión triunfe. El Sr. DAVILA interrumpe: No lo olvidaré. Continúa el Sr. MAURA amplificando aquel concepto, y el Sr. DAVILA vuelve á interrumpirle: Yo vengo combatiendo todos los días á S. S. desde que es Poder con un sentido gubernamental. (Risas. El señor conde de ESTEBAN COLLANTES: En lo que dice el Sr. Dávila tiene razón. El Sr. MAURA: S. S. Sr. Dávüa, no se contenta con afumar que existe ese estado de oginión, sino que añade no debe extrañarse que exista, cuando se tropieza con desgracias como las que le han ocurrido á este Gobierno. Y como una de las desgracias cita el caso de la subvención á una Compañía hispano- africana, que califica de escandalosa. Este calificativo es frase hueca, pura bambolla, mientras S. S. no diga por qué es escandalosa. Encomia el presidente los unes ae tal sociedad, la necesidad de tina acción comercial útil para nuestro país en África. De todo ello se coleccionará y publicara la documentación completa, y entonces será Heg- ado. el momento de juzgar. 5 El Sr. DAVILA: Btifonces hablaremos más detenidamente. El Sr. MAURA: Bien; pero en tal caso, ¿para qué juzgar previamente del asunto, cuando S. S. no conoce los antecedentes indispensables? El Sr. DAVILA: Conozco, lo bastante para calificar el asunto. El Sr. MAURA termina aludiendo ax car go que se le hacía al Gobierno por lo de la escuadra, y estima que tal cargo es también combinación huera de palabras, mientras con pleno conocimiento del asunto no pueda, y no podrá, fundamentar sus asertos. Rectifica el Sr. DAVILA, insistiendo ea las principales inculpaciones que en su capítulo de cargos marcara contra el obiefno, y reitera sus ideas acerca del Parlamento y de la opinión pública. El Sr. MAURA rebate los fundamentos de la impugnación del Sr. Dávila. No ve paridad entre el Gobierno del señor Sagasta, citado como precedente, y el momento actual de la situación; porque acfuel Gobierno cayó después de una votación en el Senado en que le dieron mayoría dos votos de senadores republicanos, lo cual constitucionalmente le forzaba á dimitir. Hablando de la acción parlamentaria de las minorías, dice: Yo creo que hay una opinión considerable que os condena por lo que hacéis en esta campaña y que no limita su malquerencia al Gobierno, porque en el orden de las responsabilidades extiende su tacha á todos vosotros. A 1 decir que del debate había resultado una confusión, expresaba un convencimiento recogido de la realidad; pero no pretendía que S. S. reprodujese todos esos cargos J que ha tenido á bien formular, auaque sí Ig J invitaba á demostrar algunas de sus aseye- j raciones. S. S. sin embargo, no ha podido citar concretamente más que uno, y aun ese no tiene base: y es el de la Real orden de 12 de Enero. Ahora bien, ¿en qué se funda sti señoría para suponer que con esa disposición se favorecen los intereses privados coa daño de los públicos? Ello se desvanece con sólo leer la Real orden y tener presente lo que á tal propósito se ha dicho en el debate por el ministro de Fomento. Y no digo más porque con lo manifesta do queda S. S. convicto y en lo necesario confeso (Risas. de que en este punto no se puede ir contra los hechos. Usa de la palabra el señor conde de TE JADA DE VALDOSERA para alusiones. Recoge cierta apreciación que un periódico de la mañana hace acerca de la indefensión en que han dejado al Gobierno ios senadores del antiguo partido conservador. Estos elementos tienen por jefe al digno presidente de la Cámara, y como no fue re querida su intervención por altos deberes, no tenían para qué terciar extemporánea mente en el debate, aunque lamentan haya por el momento alejamientos que, dejando entornadas las puertas, podían snbsanarse con el tiempo, como otras veces. Habla para desvanecer equívocos y por que no achacara el Gobierno á mala parte su silencio. Este obedecía á su convicción de que si en el banco azul hubieran existido inmoralidades, el Gobierno se hubiera apresurado á abandonarlo. Por lo demás, su tradición política re ponde de su conducta parlamentaria El señor presidente del CONSEJO declara que no era necesario que el señor conde de Tejada de Valdosera llegase á tal extremo de su nativa delicadeza, porque el Gobierno no puso en duda la corrección de taícS elementos. Esto no obstante, agradece el Sr. Maura lo dicho por el citado orador, porque también es de agradecer la justicia. Si el Gobierno hubiese dudado un punto de la confianza de la mayoría, no hubiese? aciLacio en contrastarla con una votación