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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CA. BLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO S W Y TELEFONO CONFRATERNIDAD UNIVERSAL Fot. Argus. ALUMNOS DE UNA ESCUELA PUBLICA DE NUEVA YORK, ENTRE LOS CUALES LOS HAY DE CASI TODAS LAS NACIONALIDADES blandas, suaves, soupks: ha de armarlas rellenándolas por dentro con pedazos de cartón ó de suela, y si protestáis indignados os contesta muy serio que eso es lo chicn. ¡IvO chic! Naturalmente, así visten estos I A ELEGANCIA MASCULINA No hay en el mundo elegantes que parece que acaban de salir de mujer que vista con tanta elegancia como la un bazar de ropas hechas. Cuando en el bulevar encontramos un parisiense elegante. Esta es una verdad que HO tiene vuelta de hoja. I, as mismas viene- hombre bien vestido, desde luego podemos sas, que poseen el tan decantado wiener- ckic, asegurar que es extranjero: inglés, italiano, copian constantemente las elegancias pari- español ó americano. Jamás parisiense. Al sinas, convencidas de que los modistos del parisiense se le conoce siempre en que cuanGraben no pueden competir con los magos do más presume va hecho una verdadera birria. de la rué de la Paix. Ahora les ha dado á los cómicos por inL. a mujer. por lo general, viste en París sron correcta elegancia y, lo que es mejor to- ventar elegancias y las noches de estreáavía, con un acabado buen gusto del corte, no quierln epatar á la concurrencia con sus originalidades. Este invierno han desfilado áel color y del conjunto. Pero, en cambio, no podéis figuraros nada por los escenarios fracs de todos los colores, más ridículo, más pretencioso ni más cursi smokings de formas atrevidas, chalecos invejue un parisiense elegante. I os sastres exhi- rosímiles y corbatas de extraordinaria fanben en sus escaparates modelos de trajes tasía. Todos estos apreciables cómicos sue- euidadosamente confeccionados, pero de tan ñan con imponer una moda que lleve su mal gusto que apartamos las miradas con nombre, para ver si de este modo conquishorror. I,o s trajes de chaqwt, parece que los tan la celebridad artística, en vista de que han dibujado; los fracs, no podemos creer haciendo comedias no lo consiguen. Uno de ellos sobre todo, el joven Brule, que sean de paño, pues por lo tiesos y estirados se nos figura que están recortados en del Athenée, se ha arriesgado á lanzar una madera, y los chalecos, los pantalones, las capa veneciana para cubrir el frac que es la americanas y los gabanes, se diría que son xosa más ridicula que imaginarse puede: obras de arte al verlos colocados sobre re- una capa sin esclavina, cayendo á grandes pliegues, como las salidas de teatro. Claro íieves en cuadros con molduras doradas. Un sastre parisiense no concibe las solapas que nadie le ha imitado; pero las espectaDE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL doras del Athenée están enamoradas del joven Brule, porque es bastante guapito y además no las hace caso cuando le escriben cartas amorosas, y han encontrado la capa de Arsene Lupin muy original y muy chic. En el teatro Rejane tienen los parisienses otro figurín que hace la competencia al cómico del Athenée. ¡Hay que verle las corbatas que inventa! Y de los chaleeos no hablemos... L, os tiene ce todas clases y de todos colores... En seda, en raso, en pique, eu chinchilla; chalecos créme d orge, chalecos malva, chalecos gris fer con botones en forma de aceitunas sevillanas. Yo no sé el sueldo que le dará la Réjane, pero seguramente no gana para chalecos. En otros tiempos, el Sr. I, e Bargy ponía como Moróte, la moda de las corbatas. Pero era cuando necesitaba llamar la atención del público, porque ahora, que su talento de comediante es por todos reconocido, no se preocupa de las corbatas, ni de los chalecos, sino de estudiar bien los papeles que le reparten. Y es que el elegante parisiense confunde lastimosamente los términos y no sabe ea qué consiste la elegancia. Cree que ser elegante es llevar cosas que nadie lleve, vestirse de una manera original y rara y pasear por los bulevares ó presentarse en la platea de un teatro como un anuncio de Belón ú otro industrial por el estilo. IyOS elegantes parisienses, á pesar de su afán por imita ir A B C EN PARÍS