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LOS PROBLEMAS SANITARIOS HSTa. Una dolencia, si- tanea, que nos reten ga n el lecho, produce cierta depresión irritativa sobre nuestro ánimo, singularmente si llegan á nosotros noticias lúgubres. Mueren algunas personas conocidas, cuya gravedad no sospechábamos; se hallan otras eD peligro de muerte, y el inevitable terror colectivo hace decir que han fallecido amigos del alma que gracias á Dios gozan de buena salud. Además de esto, se oye en todos tonos que etr Madrid reina una epidemia de tifus, y sobre la infeliz ciudad caen maldiciones, como esos estigmas con que se abruma á las personas de conducta sos pechosa. ¡Mala persona murmuran á coro las gentes, y el clasificado en tal categoría no tiene redención posible. Así es la vida, y parece peligroso oponerse á la corriente. Pero en tanto qne se declama contra la capital deEspaña. de otras capitales de provincia y del extranjero vienen noticias alarmantes. En Londres y en Ginebra actualmente han aumentado las enfermedades. De Barcelona telegrafían que existe una epidemia que califican de gripe, siendo el número de atacados mayor que en 1891. Los hospitales están llenos. La Junta del hospital Clínico ha visitado al presidente de la Diputación para hacerle presente que falta consignación para cubrir las atenciones más esenciales. Muchas Sociedades de Socorros Mutuos han tenido que limitar los socorros que daban á los socios enfermos por el gran número de éstos Telegrafían asimismo de Cádiz que hay una fuerte epidemia de catarros gripales, registrándose más de 3.000 casos. En las oficinas, en las redacciones, en los talleres y en la Fábrica de Tabacos es crecido el número de empleados que dejan de asistir por hallarse enfermos Por último, sábese que en Melilla existe otra epidemia de gripe, de aya enfermedad convalece el general comandante de la plaza. En Bilbao ocurre lo propio. Uñase á esto las epidemias de sarampión y escarlatina, que afectan especialmente á la infancia en París, alarnantísimas, provocando grandes discusiones en la Sociedad médica de Hospitales, y se comprenderá fácilmente que, á despecho de todas las preocupaciones sanitarias más exquisitas, hay épocas en que se exacerba á su grado máximo la morbilidad general. 1 ÁVIDA MICROBIANA. Imaginemos una a- -grande, inmensa pecera, en Ja cual se agitan millares de peces. En la masa líquida y á diferentes alturas viven, se reproducen y mueren estos seres. Cuando el líquido adquiere por cualquier circunstancia condiciones de virulencia, las corrientes que en. él se formen influirán en la vida total de modo indudable. Algo semejante ocurre en nuestra atmósfera. Sufrimos las variaciones de presión barométrica; cambian bruscamente las condiciones de humedad y temperatura del ambiente, y la flora microbiana, á 0 de nuestras previsiones científicas, se difunde mortífera, aniquilando á los débiles, ataCIOÑAUHA J, uiera i sea cando á los fuertes y esparciendo la muerte y la desolación. Somos tan orgullosos como desprevenidos, desdeñamos los preceptos que secularmente han servido de norma á la humanidad, y no pudiendo achacar (por nuestro escepticismo) á cólera de los dioses las epidemias, buscamos la causa de nuestros males en la impericia y en la ignorancia de médicos y gobernantes. Desde que el mundo es mundo, la primavera fue época abonada para las infecciones. Los preceptos higiénico- religiosos de todos los pueblos lo demuestran. ¿Qué es el ayuno, la continencia, el cambio de alimentación y el reposo sino elementos de defensa contra las posibles infecciones? Si los vegetales cultivados en esta época necesitan podas y singulares abo ios, ¿qué no precisará el organismo humano, tan necesitado de perpetua é incesante higiene física y moral? f EFENSAS ORGÁNICAS E s grotesco b u r l a r s e de los ayunos cuando la experimentación demuestra, por boca de Richet, el gran fisiólogo, que resisten mejor los animales las infecciones cuando están á dieta que cuando se hallan sobrealimentados. Renegar del vegetarismo, cuyps beneficios para la vida orgánica son tan importantes, y condenar la substitución de la carne por el pescado fresco ó salado durante el período cuaresmal, será una gallarda protesta contra los preceptos religiosos, pero no demuestra sentido común. Los doctores Solvtsoff, Gongevsky y Kratchenko han demostrado experimentalmente que el pescado fresco se asimila mejor que la carne, y que el pescado ligeramente salado se asimila como la carne, disminuyéndose las fermentaciones intestinales cuando se substituye en la alimentación el pescado á la carne. No sólo son, pues, los pescados tan alimenticios, desde el punto de vista nitrogenado, como las carnes, sino que aumentan el trabajo renal, cuyo buen funcionamiento es la base de la salud y el medio de eliminación más rápido y seguro de las infecciones. Sin entrar en otro orden de consideraciones científicas, baste á nuestro propósito demostrar que los preceptos higiénicos han sido los inspiradores de las prácticas religiosas en todos los pueblos, y no es ciertamente tarea noble y progresiva difundir su desdén é inobservancia entre las masas ignorantes, que, careciendo de freno moral, única fuerza que nos induce á observar leyes salvadoras de represión, no se prestan, ni aun á la fuerza, á obedecer los consejos de ciencia, ni mucho menos las leyes sanitarias. OS QUE MUEREN Es indudable que la mortandad aumentó. Pero esos centenares de víctimas no nos impresionan tanto como la muerte de una personalidad distinguida. A diario, durante muchos meses, desfilan hacia l cementerios multitud de cajitas blancas, azules, de color rosa. Dentro llevan á la fosa infinitos pequeñuelos, uuos flaquitos y miserables, otros hermosos y robustos. Es un continuo gotear de la vida nacional que se pierde estérilmente. Las epidemias de tifus, de gripe, dengue, ó lo que sean, que ahora alarman tanto, se atenuarán y desaparecerán; pero esta epidemia crónica persistirá con aterradora constancia en toda España si no se ataja pronto. ¿Será mucho pedir, ya que la pública opí nión se muestra propicia á secundar las iniciativas de reforma sanitaria, que, por lo menos en las grandes capitales, se establezcan hospitales y casas de salud para los niños atacados de enfermedades infecciosas? El otro día, en una clínica docente, se observó en un niño síntomas tíficos, y cumpliendo órdenes superiores, el pequetüto fue trasladado á los pabellones de aislamiento de San Juan de Dios. Allí, entre tíficos declarados, ¿no estaba condenada á pe recer esa criatura? En Enero, los doctores Hutinel y Kívefc publicaban, alarmados, casos de muertes repentinas en niños afectos de enfermedades de la piel, que al ingresar en los hospitales se infectaron rápidamente. El organismo infantil está predispuesto infecciones ó intoxicaciones repetidas, que exacerban la sensibilidad morbosa y producen muertes inesperadas. Se impone, por lo tanto, durante sus dolencias un aislamiento completo y muy singulares cuidados, a solamente para salvarlos, sino para impedir que contagien á los demás. Ellos son los difundidores más activos de las enfermedades contagiosas. El pronóstico de las dolencias infantil descansa en tres factores importantes: es las condiciones materiales de higiene, en ej aislamiento precoz é individual y en la antisepsia. Cuando estas condiciones se realizan, la mortalidad disminuye, haciéndose menos graves las epidemias. Con urgencia extraordinaria aeoea crearse hospitales con pabellones de aislamieat para tratar en ellos la escarlatina, la difteria, el sarampión y las enfermedades infecciosas todas. Es un error creer que no pueden simultanearse las dolencias, y cuand (como ahora ocurre en todas partes) se presentan dolencias epidémicas, conviene, más que darles un solo nombre que espanta, descifrar bien el problema, y para ello clasificar racionalmente los atacados, sin pánicos ni declamaciones. Empleemos la actividad colectiva en arbitrar recursos para la pronta edificación de esos campamentos sanitarios donde se evite con verdadera caridad y patriotismo que salgan á diario las caravanas de la muerte conduciendo á centenares cajitas blancas, azules y rosa, en cada una de las cuales se. encierra un ensangrentad corazón materno. VIVERO DE HOMBRES p n estos días hallamos por las calles á los nuevos, quintos. Han terminado los sorteos, y los muchachos de las clases populares exhiben en sus gorras el número fatal, y suelen reunirse alegremente, cantando para ahuyentar su pena ó su mal humor. Examinándoles de cerca se echa de ver que sa. desarrollo físico deja mucho que desear. Sin embargo, es proverbial que nuestros soldados son ágiles, resistentes y disciplinados. Los torpes, de procedencia rural, tardos en responder á la voz de mando, llegas á adquirir el automatismo necesario pasa efectuar los ejercicios. Seres que parecía nulos, se despiertan y son educables, útiles á sí mismos y á la sociedad. Siendo losejesr