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A B C DOMINGO 14 DE MARZO DE 1909. EDICIÓN PAü. 4. graves problemas: el marroquí, el de cesación de nuestras- luchas intestinas y el de nuestra propia independencia; porque no se conserva ésta sin acusar una personalidad robusta, y no hay personalidad en donde no existe idealidad. ¿No podría ser el ideal que nos falta el de constituir una España mayor que la actual? J. AGUILERA pregunta su escudero: Pero, r ¿y Lucinda? años, se nos antoja mejor que lo presente. Y él contesta que Lucinda es Se forma así en nosotros un ideal consolador y purísimo que nos sostiene y nos guí mujer propia, diferente entre las realidades del presente. Pero na déla que ciego idolatro día- -en una mala y horrible hora- -vamos á por invencible y ajena En la misma comedia, el galán trata de examinar de cerca estos hechos lejanos, rereducir á sus deseos á la dama requerida motos; cogemos nuestro microscopio para (Doña Sol) y viendo la inutilidad de sus es- aplicarlo á aquellas halagüsñas edades, y fuerzos intenta lograrla espada en mano, y nos encontramos con una amarga y lamendespués de abusar de ella la abandona, he- table realidad. Entonces experimentamos la tristeza íntima que ahora yo he- sentido al rida y desamparada, en medio del campo. En El astrólogo Ungido, de Calderón, Don recordar estos extravíos y desenfrenos de Juan jura por la cruz de su espada á su amada nuestros dramaturgos clásicos. AZOR 1 N el herle fiel, en tanto que á escondidas está sosteniendo amores con otra. En Las tres jtistictas en una, del mismo Calderón, un galán abusa de su dama con palabra de casamiento, y luego se niega á cumplir su promesa como caballero. En La niña de Gómez I OS DERECHOS DE AUTOR Pocas profeArias, también de Calderón, un seductor, siones son después de raptar á su dama, la abandona más lucrativas como la de autor dramático. en un despoblado mientras duerme; no coa- De autor dramático aplaudido, se entiende... tento con esto, al encontrarse con ella caLos autores dramáticos aplaudidos más sualmente otra vez, comete nueva villanía afortunados son los franceses. Sus obras y la vende por esclava á un jefe moro. tienen más ingenio ú obtienen más repreYa he dicho que es una regla casi indefec- sentaciones. tible el que los amantes se den en estas coA los franceses siguen los italianos; á los medias la más alta y definitiva prueba de italianos, los alemanes, y á los alemanes, los amor antes de que la Iglesia sancione su ingleses. Esto por lo que respecta á Europa, unión. Muchas veces la unión canónica no porque los ingleses tienen en la América llega á celebrarse, y el amador abandona á del Norte un mercado asaz reproductivo. su amada- -como se ha visto- -después de Las estadísticas de las cuales sacamos herirla y maltratarla. estos datos no se dignan mencionar á Es El amante que en su cuarto paña. anoche estaba con ella No nos ofendamos por eso. Probablemense lee en la jornada segunda de El maestro te figuraríamos muy á la zaga. de danzar, de Calderón. ¿Habrá por aquí siete autores que ganea cada uno más de 20.000 duros al año? Pa. es Ella está enamorada, en Francia los hay que cobran más de y al tal galán de noche le da entrada puede leerse también en Cuál es el mayor 100.000 francos. Ocho cobran de 50.000 a 100 009. Veintiaprecio del descuido de una dama, de Bances siete se embolsan de 25.000 á 50.000; 28, de de Candamo, jornada tercera. 10.000 á 20.000; 40, de 5.000 á 10 000; 399, de ¡Ay del honor de una casa, 500 á 5.000. cuando, estando recogidos los criados, Hay también cerca de 5 000 currinches en mitad de la noche suenan silbos, que no pueden entrar en esa clasificación y las mujeres, turbadas, por la escasez de sus reatas literarias. se quitan, por no hacer ruido, De todos modos, cerca de cuatro miHoaes los chapines! de francos de derechos es dinero; pero 5.553 exclama un personaje en Lo que son juicios autores dramáticos ¡también es gente! del cielo, de Montalbán. Y en Don Gil de las calzas verdes, de Tirso, una dama dice ingenuamente: Papeles leí de día; prué la fiesta cívico- militar de la del Dos áe música de noche oí; Mayo, y á ella prestó su concurso el joyas recibí, y ya sabes pueblo madrileño, casi en masa, y el sol, qué se sigue al recibir. que prestó sus esplendideces para mayor Aunque sea muy triste y lamentable el lucimiento de la fiesta. El éxite de ella se confesarlo, hay que reconocer que las da- debe principalmente á haber sido poco memas de nuestro teatro clásieo recibían á nos que una improvisación. Si se hubiera cada momento joyas. Pudiera citar otros preparado y anunciado tanto como las de muchos ejemplos, todavía más característi- los centenarios, habría resultado probablecos. En Amar por razón de Estado, de Tirso, mente algo de lo que aquéllas resultaran. LA MORAL DE LOS CLASICOS I A ILUSIÓN Ya sabe el lector la predi! lección que yo tengo por los obispos españoles. Muchos de ellos me honran con su amistad; á todos profeso yo un profundo respeto; no faltan entre ellos á quienes dedico mi admiración y mi S rapana. Las pastorales de los obispos españoles las leo con mucho gusto; euando los asuntos parlamentarios lo permiten, procuro dedicar á estos documentos algunas líneas. Ahora el señor obispo de Vitoria acaba de publicar una muy notable sobre el teatro. Ocasión es ésta, en que disfrutamos de calma política, de decir dos palabras á propósito del excelente trabajo del prelado alavés. Sobre el teatro cabría escribir mucho. Sobre las obras dramáticas actuales que pueden ser ó no materia de condenación, también podríamos hacer largas consideraciones. Otra cosa es lo que mueve ahora nuestra pluma. El señor obispo de Vitoria, alarmado ante la inmoralidad de una parte- -no la más importante- -del teatro, ó mejor, de la producción escénica moderna, la condena enérgicamente, con razón justísima, como nosotros la condenamos, y, enternecido, con dejo de añoranza, vuelve sus ojos al pasado. Este teatro de ahora- -piensa el prelado- -es una escuela de corrupciones y de perversidades. ¡Ojalá imitáramos lo que hacían los dramaturgos de antaño! Espejo de las costumbres- -dice el obispo de Vitoria- -se llamó al teatro, y la era en verdad el teatro español cuando Juan de la Encina, Lope y Tirso, Valdivieso, Montalbán y Calderón, Hartzenbusch, García Gutiérrez y Avellaneda y otros muchos teólologos y poetas y dramaturgos á la vez lo enaltecían y moralizaban con sus incomparables producciones literarias. Esto escribe el cultísimo prelado alavés. Con foda la cortesía y con todo el respeto que el obispo de Vitoria me merece, ¿podrá este humilde periodista hacer algunas modestísimas observaciones? 1 A REALIDAD Ante todo, ¿es cierto que nuestro teatro del siglo de oro, nuestro teatro clásico, sea un dechado de puras, honestas y loables costumbres? El señor obispo de Vitoria lo propone como modelo á sus diocesanos. A mi parecer- -parecer que no tiene mucha autoridad, -esto tío es más que una generosa ilusión, ¿a reaKdad, la triste realidad, sospecho que es otra. Si se dedican unos días á la lectura de obras de nuestro teatro clásico, se verá con na profundo desconsuelo que este teatro no se distingue por la pureza de su moral. L que á primera vista llama la atención es un hecho capital, fundamental, de este teatro: el hecho de que casi todas las amadas se entregan á sus amadores antes de que la Iglesia les dé sus bendiciones. Se podrían citar millares de ejemplos; es ésta una regla general que nos desconsuela y nos entristece. Después, en este teatro ocurren otros muchos desenfrenos y extravíos que no acertamos á explicarnos. Aduciré pruebas. En La romera de Santiago, de Luis Vélez de Guevara (jornada primera) á uno de los personajes que, á pesar de estar casado, anda, enamorando á una linda muchacha, le A TRAVÉS DE LA FRONTERA MADRID AL DJA no pudiendo un enamorado entrar al cuarto de su amada por impedirlo una reja, ¿no se dan los dos amantes esa definitiva prueba de amor de que antes hablaba á través del enrejado? Respecto á la libertad del lenguaje, á las cosas libres que en las comedias clásicas se dicen, ¿no se sabe que en la colección formada a principios del siglo xix por Gorostiza y García Suelts, estos colectores substituyeron con puntos suspensivos muchos pasajes que no se atrevieron á reproducir, pasajes que corresponden en buena parte á las obras de Tirso, citado por el señor obispo de Vitoria? Los militares lucieron sus nuevos y vistosos uniformes; las madrileñas, sus trapitos de cristianar. En suma, una brillante nota de color. Y ahora, satisfechos de ella, peasemos más que en el pasado en el porvenir. ¿De salud? Lo que ustedes quieran... Hay una esperanza: el tiempo quebró ayer sít crudeza. Es una esperanza como la de los labradores cuando, pidiendo agua para la tierra, ven nubes en el horizonte; porque las deficiencias. del tiempo las suple la Providencia, si tiene á bien. Animado el Congreso, doude se trata á primera hora de la destitución del Sr. Saochez de Toca, hablando algunos diputados á quienes hubiera valido más estar duermes 1 A DESILUSIÓN El señor obispo de Vi- que sacar los argumentos que llegaron á toria sabrá perdonar á aducir. Siguió el programa tratándose del este humilde periodista las consignadas ob- acta de Lerroux, para derroche de lugares servaciones, hechas con el solo objeto de comunes como el no hay derecho el enesclarecer un problema literario. La ilusión tiendo yo etc. siempre coreados por risas, en estos asuntos es muy fácil; la forma la para venir á parar en que todo el inundo lejanía del tiempo; vemos á través de los si- quiere que venga Lerroux al Parlamento, y glos las cosas revestidas de una grata au- en mu has protestas de ese deseo asoma la reola. Lo que aconteció hace centenares de risa del conejo sin poderlo remediar. in- -iiwiiri mfnmmnHW II ¡innw