Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO) DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO I Y TELEFONO E N E L C A M P O D E LA LEALTAD Fot. R. Cifuentu DESPUÉS DEL SEPELIO DE LOS RESTOS DEL TENIENTE RU 1 Z. EL GOBIERNO FIRMANDO EL ACTA DE LA CEREMONIA A l intentar resumir mis impresiones de viaje al Imperio marroquí en pocas cuartillas, he de consignar la que las sintetiza todas; y es que el Mogreb tiene para nosotros los españoles un valor geográfico y estratégico de tal naturaleza, que su dominio alcanza la consideración de problema capital para España. El Estrecho de Gibraltar es, y continuará siendo en el porvenir, con la civilización del Continente africano, uno de los lugares del globo más importantes desde el punto de vista comercial y militar, y, por consiguien te, de los más codiciados; razón más que su ficiente para afirmar que nuestra seguridad, y aun nuestra integridad, estará siempre en entredicho si no tenemos la posesión y el dominio de sus costas. Mientras el Sultán ejercía una soberanía absoluta sobre su pueblo y podía garantir la independencia de Marruecos, lo que equivalía á tener la seguridad de que las costas del Norte de África vecinas á las nuestras de Andalucía no serían de otra potencia, podían nuestros políticos aplazar la cuestión marroquí para tiempos mejores, en los ABCEN MARRUECOS que nos encontrásemos con mas fuerzas y vigor para emprender la magna obra de civilizar el Mogreb; pero desde el momento en que por acuerdos internacionales y por actos de las potencias europeas, actos y acuerdos que en nuestra pequenez no podremos evitar, ni aplazar, la soberanía del Sultán pasa á ser un solemne embuste y la independencia de Marruecos queda en entredicho, no tenemos más remedio que actuar y tomar nuestras posiciones, prescindiendo de toda otra consideración. Podrá discutirse si Marruecos encierra tales ó cuales riquezas, si el negocio de su explotación es mas ó menos lucrativo, si sería más conveniente el poder esperar unos lustros más, que evidentemente necesitamos para reponernos de recientes desdichas: todo esto y mucho más es cierto yjuicioso; pero las circunstancias son tales, los hechos se han desarrollado en tal forma, que no es posible atender á estos requerimientos, que en otra ocasión y circunstancias estarían en su lugar, y hoy, ante la evidencia de que otros van á coger lo que debe reputarse por nuestro (por ser garantía de nuestra seguridad) si lo rechazamos, no tenemos más camino á seguir que ejercer de un modo práctico y positivo nuestra influencia en la zona de Marruecos, en la que los Tratados nos reconocen un derecho preferente, para preparar por vías de hecho (y no con documentos históricos, que después del Acta de Algeciras no tienen ningún valor) nuestro dominio real y efectivo. Pero para activar, para realizar lo que se ha dado en llamar penetración pacífica, es indispensable una acción del Estado, y para que esto sea posible en los tiempos actuales, en que los Gobiernos parlamentarios haa de inspirarse en estados de opinión pública, es indispensable, á su vez, que ésta exista: porque claro está que la opinión pública no puede actuar cuando no se ha formado. Quiere decir esto que es indispensable que lo que llamamos cuestión marroquí deje desde hoy de ser cuestión académica, de Ateneo ó de Sociedades geográficas, para convertirse en cuestión mercantil, de intereses, de periódico, de Parlamento: en una palabra, de opinión nacional, por encima de toda otra cuestión personal, de política ó de partido. O si se quiere en otros términos más claros y precisos: que la cuestióa marroquí, la de nuestra expansión territorial á la otra parte del Estrecho, venga á ser lo que Cánovas del Castillo quiso que fuese: el alma de nuestra nación, que hoy vive sin ella. Quien tal lograra habría resuelto muchos