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A B C MIÉRCOLES ío DE MARZO DE 1909. EDIC. QK i. PAG. 4i ra á gusto un sueldecito de 73.000 francos al año, amén de las chorreras correspondientes. LosjSres. Messager y Broussau dicen que sólo saldrán de la Opera por la fuerza de las bayonetas, y en tanto van buscando dinero por todas partes, decididos á luchar contra todo. Uno de ios directores, elSr. Broussau, es más valiente... Hombre de influencia, ha sabido poner en juego sus relaciones para entrar en la Opera, que era su sueño dorado. En un año de dirección ha tomado gusto al cargo, y antes de dejarle amenaza con hacer revelaciones sensacionales... ¡Un director de la Opera haciendo revelaciones! ¡Figuraos el pánico que reina en cieñas esferas! ¡Ya hay personaje que se cree aludido y teme ver descubierta su debilidad por una pelit raí del cuerpo coreográfico! ¡Ya ha habido ministro que se ha puesto á temblar! El Sr. Broussau contrató una campaña de Prensa para hacer triunfar su candidatura á ia dirección de la Opera, y se obligó á pagar 40.000 francos después de recibir el nombramiento. La campaña periodística dio sus frutos, y el Sr. Broussau, fue no tenía dinero para pagar, ideó una martingala: inventó una tiple á razón de 9.000 francos mensuales, que no llegó á cantar, pero que cobró los 40 000 francos. Y quedósalda da la cuenta. Un hombre que posea estos recursos es capaz de hacer las revelaciones sensacionales que promete, á fin de arrastrar en su caída apolíticos, periodistas, músicos y danzantes... Ya tienen ustedes explicado porqué el ministro vacila antes de adoptar una resolución contra los directores de la Opera y por qué acepta interpelaciones en la Cámara y se ¡jtoma molestias que resultan un tanto sospechosas. Yo no dudo ue, al fia y al cabo, los señores Messager y Broussau tendrán que dimitir sus cargos, con lo cual la Opera no irá perdiendo nada, porque los talentos del sefior Broussatt, como administrador, no asomaran, y los del Sr. Messager, como músico, tampoco pasarán á la Historia. Pero estoy seguro de que nos quedaremos sin las revelaciones sensacionales que nos han prometido, porque á última hora se confeccionará el pastel de rigor en estos casos. Ya se dice que Cletnenceau ha hecho las paces con Gailhard, el anterior director de la Opera y el probable direetor futuro. Al Sr. Messager le ofrecerán el sillón de director de orquesta á perpetuidad, y al Sr. Broussau le dará el obierno una Pagaduría en provincia ó cualquier otro puesto por el estilo, rerdaderas canonjías que la República tiene para recompensar á los hombres de buena memoria y de mejor voluntad. A esto quedará reducida la crisis de la Opera... Si Mr. Gailhard vuelve á la Dirección, sabrá contener sus cóleras y no prohibíráTIa entrada en el salón de las bailarinas á Mr. Clemeaceau, porque ya ha visto que los amigos de las bailarinas suelen llegar á ser presidentes del Consejo. Y el presidente del Consejo actual no habrá olvidado que Gailhard dio una noche con la puerta del foyer en las narices á Clemenceau... JOSÉ JUAN CADENAS París Marzo. NOTAS MUNICIPALES Asociados. Ayer mañana se reunió J tmladedeAsociados, bajo la la Junta munifipal presidencia del- alcalde interino, Sr. Díaz Agero, aprobando sin discusión todos los asuntos pendientes. 11 n expediente. Se ha ordenado la instrucción de un expediente para depurar responsabilidades respecto al caso de defunción de un tífico en la calle del General Portier, suceso denunciado por la Prensa. trajo con ta- 1 propósito una enfermedad, la más grave posible; tan grave, que le sirvió de pretexto para... morirse. ¿Qué hacer? Ante las probables dificultaU ojead el interesante libro de Angelo Neu- des que se opondrían al funcionamiento en mann, el famoso empresario wagneria- escena de un cuadrúpedo ascendido á Gadáno. Acaba de publicarse una traducción ver, hubieron de optar los interesados por francesa con el título de Souvenirs sur Richard la busca y captura de un Grane substituto, Wagner, aunque mejor debiera titularse Sou- que se aviniera á pisar las tablas con la mayor doeilidad posible, tanto en el Crepúsculo venirs sur Angelo Neumann. En él encontraréis curiosas anécdotas y como en la Walkyria. En vano se acudió á todas las cuadras episodios, de uno de los cuales voy á daros una transcripción ó transportación, de gran particulares y militares de Berlín en busca actualidad en Madrid por el estreno del Oca- de una cabalgadura que reuniese las apetecibles condiciones de carácter y antecedenso de los dioses. Preparaba Neumann el estreno del Ani- tes morales en consonancia con la belleza lla en el teatro Victoria, de Berlín, allá por ñsica. Como último recurso, el conde de el año 1681, dos antes de la muerte del maes; Schleinitz, ministro de la Casa Imperial, tro, y se había trasladado por unos días á aconsejó á Neumann que se dirigiera, sin Munich con el fin de conseguir una licencia recomendación de nadie, al gran caballerizo para el matrimonio Vogl, compuesto de una del Emperador, conde de Pückler; el cual, célebre soprano y un afamado tenor que con efecto, le recibió con la mayor amabili- habían de cantar la tetralogía en la capital dad... y se negó en redondo á complacerle. Al despedirse, Neumann le pidió consejo del Imperio. Asistió Neumann á un ensayo del Cre- para salir del apuro. -Acada usted al Emperador- -contestó el púsculo, en el que presenció un espectáculo musitado y sorprendente: el salto á la horne- amable conde. -Pero he de prevenir á usted ra, que en calidad de Brunilda realizaba Te- que si el Emperador le dice que sí, yo le diré resa Vogl, abordo de un caballo prodigio que no. -Neumann, naturalmente, dio ai gran caque había pertenecido á las cuadras del rey Maximiliano. Los vragnerófilos madrileños ballerizo las gradas más expresivas, y coconocen la escena; unos pocos, por haberla nocimiento inmediato de la repulsa al conde presenciado en el propio Bayreuth, y los de Schleinitz. -Nada me sorprende por parte de ese vemás, por haberla leído en el testo original ó en alguna de sus traducciones francesas, jestorio testarudo- -replicó Schleinitz, que ó en la española, recientemente hecha por no peinaba á la sazón menos de ochenta y cuatro años propios, los mismos que el anLuis París. El tal animalíto manifestaba un instinto ciano Emperador. -Y puede usted estar sede que increíble para el desempeño del papel de gurousted con la carta de recomendación Grane, el caballo de la Walkyria. En el mo- que peor. me pedía le hubiera recibido mumento de lanzar Brunilda su grito de Meia- cho ¡Cual no sena la sorpresa de Neumana jaho, Grane, saluda á tu señorl (1) el animal cuando dos días después vio llegar á su aloempezaba á piafar y á resoplar inquieto. Y al oir el último grito de Sigfredo, Sigfredo, jamiento, muy de mañana, un lacayo de Patu esposa bienaventurada te saluda (2) el caba- lacio portador de una tarjeta en que el prollo daba media vuelta y atravesaba á galo pio conde de Pückler, de su puño y letra, le pe la escena- coa direceión á la hoguera enj- decía: -Espero á ustea y á madame Vogl hoy cendida. En mitad de su carrera, Brunilda (Teresa Vogl) agarrándose fuertemente á mismo, entre once y doce, en el picadero las crines, saltaba sobre el corcel y se preci- Imperial, Breitestrasse (calle Ancha) donde pitaba con él en las llamas. La ilusión escé- podrán elegir un caballo. ¿Lá razón misteriosa de este inexplicable nica y el efecto dramático eran completos y cambio de frente? Schleinitz, al saberlo, soltó magistrales. Teresa Vogl era una perfecta amazona; el trapo á reir y contó á Neumann lo ocupero al expresarle Neumann su admiración rrido. Los dos mncionarios imperiales, Schleipor tan bella imaniobra, le declaró que sólo podía realizarla con ese caballo único y de nitz y Pückler, con otros invitados, habían tan singular inteligencia, á quien algunos asistido la víspera á una comida en casa del querían atribuir una verdadera organiza- kronpjrinz, el popular Frite, padre del Kaiser ción musical, porque en cada ensayo, en actual. El primero habló de la cosa al príncada representación, ejecutaba siempre el cipe, refiriéndole la entrevista de Netimana mismo galope, en el mismo compás, cuya con el gran caballerizo. -Conozco bien sus mañas- -dijo Frita. proximidad presentía, sin necesidad de señal alguna y con plena conciencia del ins- bastaría que yo le dijera una sola palabra tante en que había de reeíhir en sus lomos para que se aferrase en su negativa. Espere usted. En la mesa veré yo la manera de ía preciosa carga. Tanto Neumann como Vogl tuvieron em- arrancarle el caballo; pero mucho cuidado peño en que la grandiosa escena se realiza- con hablarle nada del asunto antes ni desse en la misma forma ante el público ber- pies. Una vez sentados, y aprovechando una linés, y de acuerdo el empresario con su Brunilda, dirigió al rey Luís: n una solici- coyuntura de la conversación general, voltud en súplica de que le permitiese llevar el vióse el principe á Schleinitz y le dijo e alta voz, de modo que todos Jos comensales maravilloso caballo á Berlín. El monarca bavaro tuvo á bien acceder al le oyeran: -A propósito, querido conde. Ha oído ruego, á condición de que el animal fuese alojado en las- caballerizas imperiales. El usted algo de las dificultades que encuentra buen emperador Guillermo I dio sus órde- el pobre Neumann para dar con un buen nes al efecto. Pero el caballo, no conforme, Grane para sus Nibelungos? ¡Tenería que ver sin duda, con esta contrata, para la que no que por un detalle tan importante se perdel se había tenido la consideración de contar diera uno de los mejores efectosquizádramal mis caballos con su propio asentimiento en materia que Entre ¿Quiere ustedhay uno que de mi le serofrecérselo parte? tan directamente afectaba á su reputación viría. Schleinitz comprendió y aceptó el encarartística, decidió oponer al clandestino pacto la más tenaz de las resistencias, y con- go, que, naturalmente, no umplió. El príncipe cambió al punto la conversación, y durante la noche platicó largo rato con Püc (I) kler, pero sin aludir para nada á lo del caalterado allo. ¡J T) fin ¡d. id A- lamañana íguiente recibió Neumaun EL CABALLO DE BRUNILDA nt n m i 1 rrnTaiammnniliiinnirnri n