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A B C L U N E S 8 D E M A R Z O D E 1909. E D I C I Ó N üllco, si no se practican en privado? Ahí tienes demostrada la necesidad de que las mujeres puedan y deban ser madres inteligentes. Mira varias cartas de las muchas tme recibo á diario. Están correctamente Rescritas, muchas en papel bonito y perfumado; casi todas son anónimas. Una futura mamá me pide un libro que la pueda guiar ó aconsejar mil detalles útiles en su estado, esperando con impaciencia la contestación en La Madre y el Niño. Aun cuando la recomiende el libro de la doctora Solís ó cualquiera de los muchos que hemos publicado, ¿le bastará? ¿No tendrá que soportar las ingerencias de mil comadres ignorantes y pretenciosas que todo lo pretenden saber y de sus hijos pide que se la diga también en esta hoja, donde bondadosamente afirma que se aprenden muchas cosas que las madres ignoran cuál debe ser la alimentación y régimen de sus tres hijos, de ocho, seis y ckatro años, que no son muy fuertes. Añade: Tenga la seguridad de que cuantos consejos me dé los pondré en práctica. ¿Cómo es posible que redacte ese plan que me pide I desconociendo las condiciones individuales de esos niños? v- -Esa confianza debe satisfacerte. -Sí, pero no deja de apenarme pensar ¡que esas distinguidas señoras están desorientadas, como ocurre con la mayoría de ¡las madres, y, además, porque es materialmente imposible convertirse en corresponsal de periódico de modas, de los que aconsejan perfumes y modelos de trajes á sus comunicantes. Sería desyirtuar el sentido de estos escritos, encaminados tan sólo á despertar el interés colectivo en favor de los niños. -Sólo pueden sentir ese interés los aue üenen hijos. -Es un error; deben experimentarlo con mayor intensidad los que no los tienen. CÍN HIJOS Recientemente, en un debate académico, se llevó átal grado la exaltación de la maternidad y sus fueíos que un orador abominó de los matrimonios estériles. Gran pena es ésta; pero precisamente la mujer en un hogar de ese géjnero es donde debe cultivar sus instintos ¡maternales. ¿No has observado que, á falta de hijos, el marido es mimado y cuidado como un pequeñuelo? Desgraciada la mujer que en casos tales no siente palpitar en su ser el amor á los niños y no se interesa por ellos en la medida de sus fuerzas. ¡Pobres de los niños que en la escuela, en el asilo, en el hospital, en dondequiera se hallen, no encuentren corazones maternales que les favorezcan! -Este es el motivo, y no otro, de que se compadezca á las criaturas acogidas por personalidaces que están desligadas de los vínculos familiares. ¿Acaso no es una familia espiritual la que organiza la Caridad? ¿Es requisito indispensable haber engendrado á un niño para quererlo? Yo te podría citar muchos hechos que demuestran la imprescindible necesidad en que se hallan muchos niños de ser defendidos de las brutalidades y de la mortífera ignorancia de sus padres. Yo conocí un pobre hombre muy habilidoso y trabajador que tenía la especialidad de componer objetos de loza y porcelana. Aun siendo muy pequeños los fragmentos, por muy complicados que fueran las formas y dibujos, él con paciencia benedictina los acoplaba y reconstruía. Su labor era de tal mérito, sus dotes tan excepcionales, que hubiera po. dido estar al frente de una fábrica de cerámica. Distinguía todas las clases de porcelana como un anticuario, y además era artista. Sin embargo, se contentaba con realizar na obscura y penosa labor. ¿Merecía el desprecio de las gentes? -Antes al contrario, no hallo nada tan di fícil. nada saben? Otra Madre que desea la salua i. P A G L é j, f p r l i r v jpIMIIB f w w SANATORIO DE LA VILLA DE PARÍS, EN HENDAYA, PARA NIÑOS DÉBILES Y RAQUÍTICOS- -Pues si concedes tu estimación á ese humilde obrero, reconstructor voluntario de figulinas inertes, siendo capaz de crearlas, ¿por qué no hemos de estimar á los regeneradores de muñequillos humanos, tan despreciados por la mayoría de las gentes? En la misma Academia donde se ventiló el problema citado, el distinguido doctor Decreabogó por que se crease un sanatorio para niños deformes y pobres, á fin de que en él se les curase y enseñara. Había visto en un paseo aristocrático una larga fila de criaturas infortunadas, con los miembros retorcidos, los torsos desviados en anquilosis inverosímiles, arrastrando y exhibiendo su desdicha de incurables, acaso para provocar la compasión de los transeúntes. Y él decía: Esos miserables seres que excitan las fibras más hondas de la piedad pueden ser regenerados por la ciencia, deben ser útiles á sí mismos, enseñándoles labores suaves que les permitan acordarse de que son hombres, no monstruos Sus palabras eran candentes como un cauterio. Quería que desapareciese el pauperismo en una de sus más dolorosas formas. Pero para ello, así se dijo en la misma sesión, era de positiva urgencia proteger á las madres, inocentes engendradoras de seres débiles, hambrientas á su vez y sin amparo. Esos niños, asistidos en época oportuna en sanatorios marítimos, ó simplemente aspirando aires puros, sometidos á tratamientos adecuados, se convierten en hombres útiles á sí mismos y á la sociedad. g L PROBLEMA DE- -El Estado tiene LA CA. KIDAD 1 u e hacerse cargo- -de ellos. ¡Ya apareció el gran nombre que invocáis á diario! El Estado somos nosotros todos, los ricos y los pobres. Nada útil puede hacer solo, de igual modo que las Asociaciones benéficas sin su cooperación llegan á atrofiarse y á languidecer. Un escritor de gran talento, que alejado de la patria realiza, sin embargo, una misión de cultura admirable que demuestra su amor á España, D. Ramiro de Maeztu, está publicando unos bien documentados artículos respecto á los pobres y el Estado. En ningún pueblo de Europa hay tanto dinero como en Inglaterra, y, sin embargo, allí el pauperismo reviste proporciones aterradoras. Pueblo verdaderamente progresivo, trata de formular una ley de pobres, y la Comisión regia, después de una larga investigación, opta por la abolición de los asilos de Beneficencia, demostrándose que aun cuando han aumentado los ahorros en las clases menesterosas, y las medidas de higiene rebajaron la mortalidad, y disminuyeron los nacimientos ilegítimos, causas todas provocadoras de la miseria y ruina individuales, el pauperismo no disminuyó. -Ya he leído los artículos; las deducciones son, desgraciadamente, desconsoladoras. Tan malo es ser avaro como excesivamente generoso. -Pero la generosidad aparente y mal cimentada, la que obra por impulsiones, sin que intervenga ni el corazón ni el entendimiento, es la peor, lleva en sí cierto germen de prostitución y desorden lamentables. Quien da limosna por asco ó por temor, renegará siempre de la caridad. Los que exploten el donativo valiéndose de tales medios, harán propaganda de mendicidad y alejarán del trabajo á muchos, muriendo obscuramente centenares de infelices pobres que no saben mendigar. -En las grandes capitales como Madrid, el espectáculo es verdaderamente vergonzoso. -Buena falta nos hace que se cubran nuestras mejillas de carmín. No hace muchos años se crearon en la porte las escuelas- asilos. En ellas se recogieron muchos infelices, de los que he hablado en La Madre y el Niño en distintas ocasiones. El fracaso procedió de lajndiferencia culpable del pú. blico, de la pasividad del Estado y de los inevitables peligros de la concentración de seres miserables en un sitio dado. El combustible hacinado suele inflamarse con más facilidad que disperso Actualmente, el Pa- tísimo Sr. I, ópez Núñez, tiene la tutela de gran número de golfos, á quienes trata de colocar en el seno de familias honradas; socorriéndoles y educándoles. En Madrid, como en Londres, como en todas partes, el problema es de hogar. Cerremos los asilos en buen hora, pero afiancemos la familia. ¡Si vieras qué ejemplos nos dan muchos matrimonios pobres acogiendo espontáneamente huérfanos aun cuando tienen hijos propios! -El problema de la caridad, ha dicho Maeztu, no es de los que se resuelven con sólo el corazón. -Precisamente la finalidad de toda pro. paganda en favor de la cultura positiva de la mujer es ésa, pues, como afirma, con razón también, el citado escritor, para nada hace falta tanta cabeza como para ser realmente bueno. Y á toda madre buena é inteligente, créeme, le sobra corazón. tronalo de Jóvenes Presos, que preside el meri-