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A B C VIERNES 5 DE MARZO DE 1909. EDICIÓN 1. PAG. 4 sona, armándose con todo el arsenal de armas femeninas, y ha acabado por subyugar al hombre. Hace treinta años, el alemán viajaba solo, dejando á su mujer cuidando de la casa y de los niños. Hoy la lleva consigo á Francia, á Inglaterra, á Suiza, á Egipto, á las playas elegantes: Biarritz, Danville, Ostende, etc. y de día en día va siendo ella más mundana, observa y trata de imitar en todo á las americanas y á las parisinas, con ese don extraordinario de asimilación de su sexo. Los cosméticos, la ondulación, el arte de los dessous, no tienen ya secretos para ellas. Lujosísimas tiendas de modistos se han establecido en Berlín, Francfort, Munich, Dusseldorf, etc. y Paquin, Worfh. Félix, mandan allí sus modelos. Hoy en día no son raras las Doroteas y Grets- chen que gastan para su toilette 20 ó 30.000 marcos por año. -Pero bien, ¿y la exposición? -preguntarán las lindas lectoras. (Las lectoras son siempre lindas y amables, ya se sabe, y para ellas escribo esta crónica. -Hemos llegado. Si ustedes quieren, entremos juntos, os serviré de guía. Esta señora que entra con nosotros, con los hermosos cabellos blancos cpmo nieve y tez fosada, tan elegante y airosa, es la Emperatriz. Él precioso traje de terciopelo lila y el sombrero Rembrandt con grandes plumas de avestruz blancas sale de lost alleres de la casa Spitzer, de Berlín, que es la que siempre la viste. La señora que va á su lado, con traje tan sencillo de paño gris- perle y graciosa toque de piel de zorro azul, es la princesa heredera, tan soberanamente chic; viste en París, ¡ya se ve! Entre las personas que han expuesto figura ella también; ha mandado dos sombreIOS, uno azul claro, otro rosado, ambos enormes, con plumas gigantescas; pero no ha podido exponer alhajas por haber vendido todas las que le eran indispensables para socorrer con su producto á las viudas y huérfanos de las víctimas de la espantosa catástrofe minera en Silesia. Al contrario, las señoras de la hautefinance han podido exponer las suyas; entre otras, 3 a señora de Bleischroeder, que ha mandado un collar de esmeraldas fabulosas y una diadema de brillantes, maravillas del arte francés, tasados en más de un millón de marcos. Más lejos podremos admirar los dessous vaporosos de la linda y celebrada actriz Ti ly- Waldeck. ¡nubes de encajes... ¡Pasemos! En el salón de trajes se distingue uno expuesto por la señora de Bleischroeder, de terciopelo azul claro, con adornos de Chinchilla y brillantes verdaderos incrustados. Entremos ahora en el cuarto de dormir de una mundana berlinesa, de un realismo emocionante. La cama medio deshecha; sobre la mesita de noche, una novela abierta, cartas, los restos del desayuno, qué sé yo. Sobre una silla, el traje que debió quitarse al acostarse, las medias, ¡y qué medias! por el suelo; una zapatilla en un rincón; la otra, Dios sabe dónde; sobre el tocador, riquísimos utensilios de toilette de oro y plata, y por todas partes se entreven... encajes y- más encajes. Parece qae acaba de levantarse y que ha pasado al cuarto de baño contiguo. Entremos nosotros también; no os ofusquéis, está desierto. Es simplemente admirable de lujo y de RECUERDOS DEL BANQUETE R 1 banquete celebrado en Valladolid por los liberales ha sido brillante complemento de su discurso. Según los que asistieron á él, fue un espectáculo admirable. Es difícil describir un acto grandioso que no se ha presenciado; pero por lo que dicen los periódicos podemos formarnos una idea aproximada. Los periódicos han contado el número de pollos que se consumieron en el banquete, el número de quesos de bola, el de botellas de cognac, el de kilos de salchichón, de alcachofas, de latas de sardinas. La cantidad de piezas de vajilla era verdaderamente extraordinaria; por millares se contaban los platos. Todo estaba perfectamente organizado; el entusiasmo era delirante. Muchos ciudadanos entusiastas habían llegado á Valladolid ákspués de un viaje penosísimo de más de treinta leguas á caballo Sobre la techumbre de los coches del tren en que llegó el jefe liberal se apiñaba el público Más de ochenta coches seguían en el tren al qae ocupaba el Sr. Moret. La ciudad presentaba un aspecto inusitado. En el local donde debía celebrarse el banquete se habían hecho convenientes reformas para que el acto pudiese realizarse con mayor comodidad. Se intentó y logró caldear el ambiente por medio de estufas y de hornillos! la atmósfera llegó á ser tibia y agradable. Un periódico nos decía en sus telegramas informativos que esta atmósfera tibia y caldeada representa un esfuerzo colosal para cualquier ciudad La magnitud del banquete requería un servicio y una organización- especiales. Había para el servicio una multitud de camareros. Se sirvió la sopa á la señal de un agudo silbido. Tratándose de un banquete de esta naturaleza, acaso- -observan algunos- -hubiera estado más ea consonancia dar la citada señal por medio de un clarín. El clarín es patriótico y es bélico; el clarín despierta en nosotros ideas de lucha y de arrogancia. Nadie duda que estas ideas son las que precisamente alimentaban y alimentan los asistentes al banquete. En cambio el silbato tiene algunos inconvenientes; re- I o de la terrible bomba del Campo del cuerda cosas desagradables; sugiere mani- Moro siguió dando que hablar. El exafestaciones y estados de espíritu repro- men técnico fue concluyente; si el explosibables. vo llega á estallar, hubiera trepidado la tieEn el banquete de Valladolid se pronun- rra en una extensión de lo menos medio ciaron numerosos y elocuentes brindis. Es centímetro cuadrado. La pólvora que conmuy difícil condensar en un brindis, es de- tenía la máquina infernal hubiera sido bascir, en una corta oración, una serie de pen- tante para hacer volar... á una codorniz sensamientos en forma artística. Leídos los cilla de la Casa de Campo alegre de haber brindis pronunciados en el banquete de Va- nacido. El fraseo que la contenía créese que llodolid, no puede menos de reconocerse era el biberón del autordel proyectado ateaque todos los oradores estuvieron felices. tado... El Sr. Canalejas tuvo una frase afortunada Continuó la novela por entregas de la que resume el pensamiento de todos los allí boda del inglés y Pepita Duran. El número congregados. Ayer- -dijo, -cuando el señor de lectores disminuve. Aumenta, en camMoret nos tendía su mano, no podíamos es- bio, el de bostezos. trecharla por estar aplaudiendo. No se pueSe inauguró una nueva cantina establecide expresar de un modo más delicado, y al da por la Asociación de Caridad escolar eii mismo tiempo más halagador para el señor la calle de Galileo. El acto es bien simpátiMoret, esta lucha íntima, profunda, que el co, y aunque el sitio es donde Cristo dio las Sr. Canalejas y sus amigos sostenían en su tres voces, una de ellas para pedir al Ayunfuero interno después de escuchar el hermo- tamiento un poco de urbanización para so discurso: lucha entre dos sentimientos aquél barrio, que es también hijo de Dios, diversos, el de seguir aplaudiendo y el de asistió bastante gente. alargar la mano al Sr. Moret Tuvo otra frase La política no ofreció ninguna novedad, felicísima el Sr. Canalejas. Nosotros- -aña- ¿Puede serlo el hecho de qae Montero Ríos dió- -no queremos secularizar lo divino; le resulte respondón á Moret? Pues ésta fue queremos divinizar lo secular y humano. la tínica nota política del día: el jefe de los Los periódieos dicen que estairase provocó liberales fue al Senado á ver al fiel soldado coízforl. una ovación grandiosa. Lo creemos; ella es de filas, y éste le dijo que no hay disciplina Después, más y más salas llenas de todo, como una síntesis grandilocuente de todo como la suya; pero que ¡se alegra de verle con lo cual cerebro femenino ha podido so- un ideal político. bueno! Las sesiones de las Cámaras, atrozñar jamás. El señor conde de Romanones declaró mente sosas! ¡Esta exposición es un himno á la mujer y que el acto que se estaba celebrando no se Mal día para el feminismo. Se murió una á su vanidad inmensurable! debía al Sr. Moret, sino al Sr. Maura. El pobre mujer á quien días antes había pro ¡Grets- chen! ¿dónde estás? Sr. Maura, eon su desatentada política reac- pinado su amante esposo una fenomenal cionaria, había provocado aquel despertar paliza; fue curada otra de heridas que la inEDUARDO HAHN admirable de la opinión. Tenemos fe en el firió su tierno esposo; una anciana fue heríBerlín, Febrero de 1909. jefe- -añadió el conde. -El acierta hasta cuando sigue corriente distinta de su partido. Grandes aplausos, dicen los corresponsales que siguieron á estas palabras. El Sr. Alba, organizador del banquete, exclamó en su brindis, dirigiéndose al señor Moret: ¡Dadnos el puesto de peligro! El puesto de cuidado, de peligro, podríamos decir, de verdadero empeño en un Gobierno, es el ministerio de la Gobernación. El ministro de la Gobernación es el que combate continuamente en las Cortes, el que mantiene el orden en el país y el que hace las elecciones. El Sr. Alba, con una abnegación y con un patriotismo que merecen calurosos elogios, ha pedido el puesto de peligro. Ahora, como en los tiempos que registra la Historia- -añadió, -los tercios castellanos no desertarán. Las palabras del Sr. Alba no pueden ser más levantadas y patrióticas. Tenemos, pues, la seguridad de que los tercios castellanos no desertarán jamás de aquellos puestos ó destinos que se les asignen en la batalla (verdadera batalla, ya lo verá el lector) Pocas palabras pronunció el Sr. Moret. En el breve brindis del jefe liberal merecen elogios una cita y una condenación. El periódico The Times, de Londres, parece ser que ha dicho alguna vez que la Prensa marca los derroteros de los pueblos. Se ha dicho también muchas veces que la Prensa era la palanca de la civilización. La frase del Times, sin embargo, encerraba bastante novedad. El Sr. Moret la citó en su elocuente y corta oración, con beneplácito de la concurrencia. El Gobierno que no cuida de la tierra- -dijo después el orador- -debe ser maldito El Sr. Moret al expresarse en términos tan enérgicos, tiene la simpatía y el aplauso de todo el país. ¿Para qué tantas líricas y ardorosas disquisiciones sobre libertades, soberanías y secularizaciones? El Sr. Moret ha maldecido con toda su alma á los que no se acuerdan de la tierra. ¿Habrá alguien que no le acompañe en su oportunísima maldición? AZ 0 R 1 N MADRIGAL DI A