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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, XA. BLE TELÉGRAFO Y TELÉFONO W W ABC DE TODO EL MUNDO, POR CORREO. CABLE TELÉGRAFO k Y TELEFONO E L I N S I G N E PIN 1 Fot- Alba EN LA SALA DE ARMAS DEL CENTRO DEL EJERCITO Y DE LA ARMADA. EL CABALLERO PlNl (X) DESPUÉS DE UN ASALTO DE NUESTRO CORRESPONSAL ABC ÉÑ L 1 SBOA naval fue este afio en Lisboa de una insipidez lamentable. Por fuerza ha de confesar el espíritu más optimista y tolerante que el dolor embadurnado del albay al de inspira reípugnancia y, cae en la extrema degradación. No hay quien comprenda la alegría disfrazada de mendiga, llamando á las gentes v á compasión y pidiendo limosna. Apartemos, pues, la vista y la pluma de testas miserias y ñoiíeces y dirijámonos á la Legación de España. El señor conde de San i, uis había organizado para el tercer día de Carnaval, por la IJarde, un baile inf a atil en los salones de su residencia, y no hubo un solo invitado que no se ap. esurase á concurrir á esta simpática matinée. El tiemp o primaveral que se nos ¿abía entrado por las puertas parecía abrir camino y ambiente á los niños, á las flores y a los sutiles y caprichosos velos, á los claros y vaporosos adorncis de la inocente mascarada. Y éste era el mayor encanto de la EN LA LEGACIÓN Se cumplieron mis vatiDE ESPAÑA cinios. El Car- fiesta, y ésta la fuerza del contraste que nos maravillaba después de recorrer las calles por entre turbas grotescas que hacían gala de sus andrajos y de una locura insolente. El palacio del representante de España estaba animadísimo. No podía ser más brillante el aspecto que presentaban sus salones, en los cuales los niños de las más ilustres familias de la aristocracia tomaban parte en un interesantísimo cotillón de honor. Al entrar, mis ojos tropezaron gratamente con cuadros magníficos, en que artistas renombrados dejaron con su firma la huella de su talento, la pátina espiritual de su imaginación. Las más bellas damas, lo más selecto de nuestra enaltecida alcurnia, lucía y triunfaba con su presencia en el palacio de la Le gación. El culto y afable diplomático y su elegante esposa veíanse rodeados de adorables criaturas, que, vestidas con trajes pintorescos y fantásticos, producían el deliciosp efecto de una bandada de pajarillos. Lindos eran en su mayoría los enmasca rados peqiieñuelos; pero á más de su natural simpático, todos atraían y retenían la atención general por la gracia de sus convencionales actitudes, por el desenfadado gesto de caricatura en el papel que les había tocado en suerte. Había allí tipos clásicos á lo Luis XV, del alto y bajo Imperio, personajes históricos, pajes, guerreros, pierrots, duquesitas del tiempo de los Felipes, con sus enormes y pomposas faldas; figulinas de Watteau, pequeñas madames Pompadour, tipos teatrales... Era una verdadera apoteosis de querubines, que no parecían ser de la tierra, porque sus boquitas, como flores entreabiertas por la sonrisa y sus ojos, en que había cristalizado y fulgía el azul de los cielos, nos recordaban más de un cuento de hadas, que acaso pasó ante nuestra vista en una cinta cinematográfica, al marcar los movimientos y ceremoniosas flexiones con que imitaban la danza de las personas formales. Para presenciar este hermoso espectáculo habían acudido á los salones de la Legación, entre otros nombres prestigiosos, la duquesa de Palmella, las marquesas de Pombal, Castello Melhor, Penafiel, Fayal y Jancos; las condesas de las Alcazovas, Alfeirarede, Arge, Villalba, Sabrosa, Figueiró, Santar, Macuriges, Jarouca, Arnoso, San Lorenzo, Sabugosa, Pazo Vieira y Ribeira Grande. También asistieron los ministros de Ne-