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1 PARÍS, MLLE. AUGUSTINE ORLHAC, REINA DE LAS REINAS DE LA MI- CARÉME Fot. Brauenstein. NUEVA- YORK. M 1 SS RAJAH, NOTABILÍSIMA DOMADORA DE SERPIENTES, QUE ESTA LOGRANDO GRANDES ÉXITOS Fot. Delius néis á Deibler coa la cuchilla de la guillotina Üebajo del brazo y corriendo de provincia en provincia rebanando cabezas. Nos profetizó Mad. Thebes que tres pérdidas dolorbsas castigarían las letras y el teatro franceses, y ya habéis visto si la profecía se ha realizado. Indudablemente hay que creer lo qué dicen estas magas adivinas. Yhay que creer en los propios presentimientos, en la auto- sugestión que ejercemos sobre nosotros mismos y sobre todo cuanto aos rodea. Catufle Mendes sabía cómo iba á tnorir. Hace poco tiempo, en los funerales del poeta Albert Samain, que acababa de morir tísico, alguien dijo á Catull Mendes: -I, a muerte de Alberto Samain es digna de tina poeta romántico. Es análoga á la de Alfredo de Musset. -Es cierto- -contestó Catulle Mendes: -pero no es así como yo quisiera morir. ¿Nfc Pues ¿cómo? Y Catulle, que era un gourmet exquisito, que gozaba lo indecible ante los buenos manjares y los vinos olorosos, respondió: -Si me dieran á elegir, moriría en la mesa. Yo he escrito en alguna parte unos Tirsos que dicen: Bonjour, Mort! Quette haridelk! Tun espas belle, nom denom... Bah! J arrose ton asphodele d un dernier verre de Chinon. Encoré un rondel pour Manon, encoré, sans fúnebre tirade, un baiser dans l or d un chignon! Quan tu voudras, ma camarade! horror y me parece que me hundo para siempre envuelto en una catástrofe... Un incendio en un teatro... Un accidente de ferrocarril... ¡Qué se yo! Y más tarde, recordando alguno de sus versos, agregó Catulle Mendes: ¡Ojalá pudiera morir como he cantado! Pero no tendré esa suerte, y ya verán ustedes cómo después de haber amado tanto las lindas flores, la luz resplandeciente, las mujeres hermosas y los vinos generosos, moriré de ana muerte espantosa... solo... en medio de la noche obscura... Estos eran los presentimientos de Catalle Mendes. ¡Dícese que en sus ¡manos había leído este final Mad. de Thebes! uántas personas á las que Mad. de Thev bes ha hecho tristes profecías se hallarán en estos momentos meditando anonadadas. Pues ved aquí. la explicación de la cursi melancolía en que está sumido el cronista. Porque al cronista le presagió madame de Thebes hace muy poco, una espléndida colección de desventuras, y no fue la menor la de asegurarle que en sus manos veía sangre, propósitos criminales, una catástrofe espantosa, en fin. Menos mal que después venía la calma y la adivina aseguraba largos años de felicidad, bravamente adquirida. ¡Criminal el cronista! ¡Oh, de qué buena gana se hubiera reído de la adivinadora aquella tardel Pero ahora resulta que madame de Thebes acierta y el cronista ha comenzado á sugestionarse sin querer, convencido de que en su interior está tomando cuerpo el criminal. ¿Qué crimen cometerá? Ya comprenderéis que es necesario un crimen maduramente -Pero no- -continuó diciendo el poeta, -no es asi como yo moriré. Cuando pienso en mi muerte, ante mis ojos pasa una visión de preparado, un poco sensacional y, sobre todo? simpático... Sí... Hace falta que el crimen sea simpático para que las muchachas bonitas escriban cartas de amor al acusado, le envíen flores y cigarrillos á la prisión y le esperen luego enamoradas á la salida de la cárcel el día que el Jurado le absuelva. ¡Oh! Sí. Este es el crimen soñado, un crimen pasional donde se hagan públicas las intimidades de un amor desventurado, de un amor de esos que todos los hombres á los treinta años llevamos crucificado en el pecho... Una larga, dolorosa historia de ingratitudes, de engaños, de falsías, de traiciones, en la que aparezca bien odiosa la figura de la mujer, que ha de ser un pequeño monstruo de perversidad á fin de que el público que asista al proceso aplauda al criminal, el abogado defensor haga una romántica defensa justificando el delito y las lindas damas que asistan al espectáculo se alegren de la desgracia de la víctima y claven los impertinentes en él acusado, enviándole sonrisas prometedoras de venturas veni deras. Este, este es el crimen que el cronista necesitaba preparará fin de justificar la profecía y... para no dejar mal á Mad. de Thebes... Aoy a permitirme darte un consejo, lecv tor... Si eres supersticioso no entregues nunca ta mano á la sabiduría de madame de Thebes... Porque si te vaticina dichas y venturas, puedes estar seguro de que nunca serán realidades; pero si, en cambio, te presagia una desgracia, tarde ó temprano la profecía... se cumplirá José JUAN CADENAS Pavís Febrero.