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A B C M A R T E S a 3 D E F E B R E R O D E 1909. E D I C I Ó N i. P A u 4. Luego se quita el reloj del bolsilio y se! o da á su hermano. Y sale fuera, amáanáo muy lento, un poco encorvado, absorbían en sus ideas, que nadie sabe cómo serán, si trágicas ó si risueñas. Todo el mundo le mira pasar en silencio. Han sacado ya el aeroplano, que parece un objeto inservible; no da idea de nada, ni sugiere ninguaa aplicación ó utilidad. Para compararlo con algo, habría que recordar el puente de un buque. Es un compuesto de varillas ligeras y de toldos de lona, frágil, con un motor pequeño y dos hélices de áoble pala; tan ligero, que tres hombres lo arrastran fácilmente sobre la yerba. Lo montan sobre una especie de carril largo, como de 30 metros. El aviador se sienta y explica á sus discípulos Ja manipulación del aparato. De pronto, se oye un gran ruido: es el motor que entra en funciones. Es un ruido trepidante, que rompe el silencio, la solemne calma del paisaje. Y el aparato rompe á correr. Este es el momento de emoción. Abro bien los ojos y veo que. el aeroplano se desliza rápidamente por el carriJ; apenas ha recorrido qui nce metros, cuando sufre una ligera inflexión; entonces abandona el carril, se desprende de ¡atierra definitivamente y queda entregado á sí mismo. Sale corriendo en EL REAL CENTRO FILARMÓNICO DE CÓRDOBA PREMIO EXTRAORDINARiO DEL CONCURSO DE AYER Fot. R. Cifuentes. ses, unas cuantas mundanas y un buen golpe de fotógrafos. De pronto ha llegado un automóvil. ¡Es él, es Wright! Todo el mundo corre á mirarlo por detrás de la valla. Aquí está, en efecto, el célebre aviador. Es un hombre de edad media, algo desgarbado, rasurada la faz, de movimientos pesados, como el que vive aburrido. Charla con sus amigos, spnríe, ¡no se da ninguna prisa! El público lo mira en silencio, como á un ser quimérico. ¡Y el ser quimérico no acaba de prepararse... Le acompaña un hermano, el cual, por descuidarse en cierta ocasión, se cayó violentamente con su aeroplano y se rompió una pierna; ahora se le ve cojear mientras sonríe, y esta cojera presta al sjiceso un poco de sal trágica. Al fin se decide el aviador. Entra en la barraca y sale después vestido con traje de faena, que consiste en una gorra calada hasta la nuca y una chaqueta impermeable. Es calvo rematado. Durante algunos minutos el hombre anda solo, como ensimismado, haciendo ademanes incoherentes ó imprecisos. Saca los guantes del bolsillo y les deja sobre una caja; pero al marcharse rectifica, y cogiendo los guantes se los calza lentamente; después queda perplejo... LA TUNA UNIVERSITARIA DE MADRID PRIMER PREMIO DE ESTUDIANTINAS línea íecta auna altura de seisúochometros. Corre con rapidez vertiginosa, se aleja metiendo ruido... Es un momento de gran emoción. Me parece haber asistido al vuelo de una ave inmensa. El aeroplano se ha levantado de tierra ante mis ojos con la misma facilidad que usaría un ave; el gesto, el movimiento, son los mismos, y hasta el vuelo rápido, igual y recto de la salida recuerda el de un pajarraco. Después vuela. ¡Con qué serenidad se mueve en el aire! Si no fuese por el. estrépito del motor, sugeriría ideas de la mayor serenidad. Gira en torno al campo con una velocidad de automóvil. Se ve á Wright allá arriba, con las manes en la maniobra, tranquilo é inmóvil. ¡Parece el piloto de un barco fantástico atento á la rueda del timos y á la aguja de la brújula! Y cuando se ha cansado de circular poí el aire, tuerce suavemente, vuelve al punta de partida y toma tierra, con la mayor sencillez. El aeroplano roza la yerba, patina unos cuantos metros, se detiene como qaieií ha plegado las alas... He ahí el Benjamín de la ciencia. Todavía es un niño, y aun no podemos considerarlo sino como una incógnita. ¿Será el revolucionario por excelencia, el que ha de trans LA ALCARREÑA PRJMER PREMIO DE COMPARSAS Fots. Alba.