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EN CASA DE LOS CONDES DE ESTEBAN COLLANTES CONCURRENTES AL BANQUETE CON QUE CELEBRO SU SANTO EL DUEÑO DE LA CASA. DE DERECHA A IZQUIERDA: SEÑORA Y SEÑORITA DE ESTEBAN COLLANTES, SRES. BETEGON, MARQUES DE VALDE 1 GLES 1 AS, PÉREZ DE GUZMAN, MOYA, MELLADO, BURELL, LUCA DE TENA, CONDE DE ESTEBAN COLLANTES, BARÓN DEL CASTILLO DE CHIREL Y FRANCOS RODRÍGUEZ (SENTADOl Fot. Goñi. la abstracción sonora, del principio general, Esa variedad herética de hoy suele ser el brillante y rotundo, si en cada caso concre- anuncio de la uniformidad dogmática de to me persiguen todos los rencores é intole- mañana. No hay progreso que no salga de rancias del régimen antiguo? En el caso los espíritus descontentos, á quienes un gran concreto necesito yo de la ley; en acto la inglés ha llamado la sal de la tierra Esos quiero, y no en potencia ni en hipótesis. solitarios y discrepantes modifican el conoHecha carne y realidad, no despreciacle no- eimiento del mundo y el imperio del homminalismo. bre sobre la realidad. Modifican la noción I a libertad fue proclamada de cara á las del Derecho, la noción de la Ciencia, la nominorías, de cara á las discrepancias, de ción del universo, la noción de las patrias. eara al débil ó al individuo aislado en fren- Por ellos es fecunda la libertad; ellos la acte de los poderosos y de las muchedumbres. túan, ellos la avaloran. ¿Qué significa un teUn perro sarnoso puede tener razón contra soro encerrado ó un capital que no circula? la humanidad entera. Y cuando la humaniTriste idolatría la de las palabras cuando dad entera se halle en pugna con el perro nadie cuida de darles un contenido. Pobre sarnoso, entonces es cuando al perro sarno- suerte la de las instituciones condenadas á so debe alcanzarle la garantía augusta de vivir la vida ficticia de la ley, sin que las la ley, el amparo de la autoridad, el silencio agite y encienda un espírilu soaial adeemarespetuoso de la opinión, que escucha y no do. Con el alma vuelta de cara al siglo xvi, ahoga la voz del solitario, del discrepante, no podremos nunca realizar los ideales del del díscolo. siglo xx. ¡Y qué contrasentido el de esos Para andar perpetuamente acordes con avanzados furibundos en quienes retoñan los errores ambientes ó con los prejuicios de toda la intolerancia terrible délas viejas rola multitud no necesito libertad. Bástame domontadeS de Brautoine, todas las amenala influencia deplorable, pero segura, de la zas de fuego y hierro de los días de Rocroy! adulación á las pasiones bajas, á los instinI, a lectura de aquellos periódicos y de tos de violencias. Basta sumarme á la mitad aquellas sesiones infunde en el pecho, anmás uno. Allí donde empieza mi discrepan- sioso de respirar auras de libertad verdadecia, mi individualidad, mi verdad alzán- ra, una misteriosa añoranza del pórtico, del dose en contra ó frente á frente de las ver- jardín de Academos, de los vergeles del hudades históricas, allí empieza la verdadera manismo italiano; un deseo de gratas someficacia, la verdadera función tutelar de la bras bajo las acacias y los plátanos; de rulibertad. No se concibe libertad que no pro- mor de aguas corrientes, de coloquios sereduzca efectos distintos en cada ser libre; la humanas y diviley de la libertad es la ley de las varieda- nos sobre todas las cosaslos sayones, de la nas, libres frenesí de des; la libertad en actuación no es otra cosa congestión del los impulsivos, del odium theoque una variedad levantándose sobre una logicum de de asentistas y arrendatarios del los uniformidad preexistente. amor á España. Señores: hasta los catalanes tienen, ó tenemos, el derecho de opinar; hasta el señor Iverroux puede equivocarse en este mundo; hasta el Sr. Maciá tiene el derecho de repetir lo que dijeron más crudamente hace diez años todos los comentaristas del desastre, desde Macías Picavea y Joaquín Costa hasta Unamuno, Maeztu, Alba ó regeneración ó intervención y doña Emilia Pardo Bazán. Cuentan de Roberto Robert que al principio de vivir en Madrid presentó un artículo al director de no recuerdo que periódico. -Estaría bien- -le dijo- -si estuviera escrito en castellano. Pero, amigo, su trabajo viene plagado de catalanismos atroces... El periodista barcelonés se retiró cariacontecido, tragando la correspondiente ¡saliva. Meditó lo que le convenía haceí en aquellos años felices de purismo casticista. A los pocos días volvió á la misma redacción y entregó otro artículo al mismo director. -I, a idea va muy bien- -dijo el director expresado, -pero se vé que ustedes los catalanes no pueden dominar el idioma: este párrafo es ae una construcción imposible; esta frase del segundo no ha sido nunca castellana; el párrafo tercero es una desdicha de sintaxis. -El primer párrafo- -replicó Robert- -es de I, arra; el segundo, de D. Serafín Estébanez; el tercero, de D. Ramón Mesonero Romanos... Muy buenos días Y se fue. Así tendremos que hablar y escribir también, en lo sucesivo, para nuestra España liberal del siglo xx. MIGUEL S. OL 1 VER