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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Y TELÉFONO ü DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO i Y TELEFONO EL REY D E INGLATERRA EN BERLÍN PASO POR LA fUNTER DER LINDEN DEL CARRUAJE IMPERIAL QUE CONDUCÍA A SS. MM. EDUARDO Vil DE INGLATERRA Y GUILLERMO II DE ALEMANIA Fot. Delius. con Alemania, que no supo aprovechar la ocasión, á pesar de que la mano que la soberbia Álbión entonces le ofrecía iba finamente enguantada de cabritilla suave, blan U 1 LLERMO Y EDUARDO Mego Eduar- ca y limpia. Desde entonces, el Rey de Inglaterra, codo VII de Inglaterra. En la estación de I ehrte (en lo su- nocedor del mundo, de Jos hombres y de cesivo histórica) le estrechó el Kaiser en sus las cosas, no ha hecho más que aprovechartrazos y depositó sobre sus mejillas dos so- se y sacar partido de las faltas cometidas noros besos Made in Gennany cuyo eco por la diplomacia alemana. Es un error creer que el célebre telegrarepercutirá allende montes y mares. ¿Qué resultará para el mundo atónito de ma enviado por el emperador Guillermo al presidente Krüger fue causa perdurable de ese abrazo y de esos besos? ¡Que diplomáticos y políticos echen cuen- resentimiento por parte de Inglaterra. Tres años después, el 2 de Diciembre del tas y profecías! ¡Sumen, dividan, multipliaño 1899, celebraban Alemania, Inglaterra y quen y resten, combinen y deduzcan! Yo no entiendo de eso. No sé ver en el los Estados Unidos el convenio de Samaa, porvenir ni adivinar pensamientos de cabe- coincidiendo casi este acto con la visita que zas coronadas, y tengo para mí que tampo- los Emperadores de Alemania, acompañaco lo entiende nadie, y si no, léanse los pe- dos por Bülow, hicieron á Londres, donde riódicos alemanes, ingleses y, f ranceses. Cada fueron recibidos con entusiasmo. ka guerra del Transvaal había comenzauno expone una combinación distinta. En fin, para qué romperse la cabeza, ya vere- do mal. ¿Quién no recuerda las manifestaciones de mos, ¿no les parece á ustedes? El Simplicüñmus, que viene á ser ei ire- los elementos anglófobos en el mundo entedeón bávaro, publica en su número de hoy ro cuando la victoria de los boers en L. adysta caricatura siguiente: El rey de Inglate- rnith? En Francia sobre todo, se había emrra vestido de húsar, y Guillermo II á la es- prendido una campaña desenfrenada contra cocesa van hablando amigablemente, cogi- Inglaterra. En la Prensa se vituperaba é indos del brazo y llevando cada uno un ángel sultaba á diario abiertamente al Gobierno de paz atado con una cuerda por el dedo inglés y á la misma Reina. En los bulevares se vendían escupideras y otros recipientes, gordo del pie. El ángel inglés, flaco, larguirucno, con que el decoro no me permite nombrar, con dientes descomunales y guantes de pugila- el retrato de Chamberlain en el fondo. El encono y la indignación del pueblo into, le tiende la mano al ángel alemán, repleto y bonachón, que le dice sonriente: glés no tenía límites. Salisbury, en aquel entonces mmistro Con gusto se la estrecharía, amigo; pero ¿quiere quitarse ese guante de boxear? L, a presidente, ya viejo, enfermo y eansado, hacaricatura no deja de ser graciosa, pero no bía aflojado las riendas del Estado, y Chamberlain, que se había apoderado de ellas, es justa. Antes de su lamosa entente cordiale con sostenido por Balfour, Devonshire y LandsFrancia, Inglaterra buscó dos veces alianza dovne, luzgando el momento oportuno para DE NUESTRO CORRESPONSAL ABCEN BERLÍN G una aproximación á Alemania, dio ios primeros pasos, formulando proposiciones concretas. Todo el mundo las conoce. Como base de negociaciones más amplias, proponía un acuerdo relativamente a Marruecos, que consistía en comérselo entero, prescindiendo en absoluto de Francia y consolando á España con una indemnización insignificante. En Alemania se habían acogido esas proposiciones con gran reserva, esperando, sin duda, el desarrollo de los acontecimientos, y no obstante el discurso pronunciado por Chamberlain en I, eicester, en el cual daba como cosa hecha la alianza entre la raza germana y los dos grandes ramos de la raza añglo- sajona (Inglaterra y América) se interrumpieron las negociaciones. Un año después, en Enero de 1901, murió la reina Victoria. Durante la enfermedad de su abuela, había acudido Guillermo II á Wiudsor, y el pueblo inglés, que veneraba á su Reina, agradeciendo esta prueba de afecto, le había recibido con cariñosas manifestaciones. Durante algunas semanas fue el Kaiser popular en Iyondres. Para Chamberlain había llegado el momento de reiterar sus proposiciones, y así lo hizo; pero esta vez con más insistencia y casi en forma de ultimátum, diciendo claramente que Inglaterra necesitaba absolutamente aliarse á uno de los grupos que dominaban en el Continente, y que de no ser con Alemania y sus satélites, sería con Francia y Rusia. En Berlín comprendieron la importancia que esas declaraciones tenían y se entablaron nuevas negociaciones, aunque no creían en la amenaza, por considerar imposible una alianza entre Inglaterra y Rusia, Asi las cosas, cuando ocurrió un inciden-