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B C JUEVES DE FEBRERO DE. 1969. EDICIÓN t PAG- TERRIBLE INCENDIO EN EL ESCORIAL 1 as primeras noticias. r Seguramente que las primeras noticias del siniestro se tuvieron en Madrid por BC. Minutos antes de las tres de la tarde nos comunicaron desde El Escorial, por teléfono, que la Universidad de María Cristina había sido destruida por un incendio, sin que hubiera que lamentar desgracias personales, é inmediatamente hicimos copiar dicho telefonema en el transparente de nuestras oficirias de la calle de Sevilla, y omenzó á circular rápidamente la noticia ntre las gentes. Durante toda la tarde grandes grupos de transeúntes, que eirrepetidas ocasiones llegaron á obstruir la calle, leyeron y comentaron dicho telefonema, siendo varias las personas que luego se dirigieron á nuestra Redacción solicitando los detalles que del fuego tuviésemos. En las primeras horas de la tarde se recibió en el regio Alcázar la noticia. Inmediatamente se comunicó ésta al Rey, quien ordenó que se pidiesen toda clase de detalles. Los primeros informes eran alarmantes, y én vista de ello S. M. se dispuso á marchar a dicho Real Sitio. Para ello se preparó en seguida un automóvil, que en espera de órdenes quedó en el patio principal de Palacio. Desde las ventanas de éste se percibía claramente sin necesidad de gemelos la Enorme columna de humo del incendio y en Algunos momentos las llamas. Pronto se recibieron nuevas noticias, en lis que, si bien se insistía en la importancia ü, el incendio, desaparecía la alarma producida por los primeros informes, pues se supo que no había desgracias y que el Monasterio no corría un peligro inmediato. Entonces el Rey desistió de ir en persona; pero envió en el automóvil que estaba preparado á su ayudante el coronel Jordana. -También llamó S. M. al intendente de los Reales Palacios, á quien dio instrucciones, C l Colegio de María Cristina. Los padres agustinos tienen en El Escorial dos centros docentes: el Real Colegio de Estudios Superiores de María Cristina y el Real Colegio de Alfonso XII. Conviene advertir, para evitar que se alarmen las familias de los alumnos del Colegio de Alfonso XII, que el incendio ha estallado en el de María Cristina; en aquél se cursan todas las asignaturas de primera y segunda enseñanza, mientras éste constituye una verdadera universidad, agregada á la de Madrid, donde se enseñan Letras y Derecho y donde los alumnos se preparan parabas carreras especiales. Hay cien plazas. El rector es actualmente D. Marcelino Aznáiz. El claustro de profesores le forman don Conrado Muñoz Sáenz, D. Rafael Fernández Rodríguez, D, Anselmo Moreno Gómez, D. Jerónimo Montes luengos, D. Emeterio Rodríguez, D. Isidoro Martín, D. Gerardo Gil Leal, D. Venancio Azcünaga, D. Eudoxio Pérez Pascual, D. Hexiquio Pajares y lyiébana, D. Avelino Rodríguez Alonso, don Luis Cortázar, D. Epifanio Abad, D. Benito ¡Alcale, D. Joaquín García Ferrero, D. José jjMvarez Cañas, D. Manuel Fernández Jiménez, D. Luciano Martínez Gutiérrez y don ngel Martín Pérez. Todos estos profesores son doctores ó licenciados de las Facultades á que. pertenecen las asignaturas que explican. El Real Colegio de María Cristina fue fundado en 1893 por iniciativa de la Reina María Cristina. El edificio donde se halla establecido pertenece al Real Patronato. Es un pabellón independiente, que se llamaba antiguamente La Compaña y donde se almacenaban provisiones para el monasterio. El rector, D. Marcelino Arnáiz, hallábase ayer en Madrid. A las cuatro de la tarde tuvo noticias del suceso por un redactor de A B C, y se puso inmediatamente en camino para El Escorial. p l telégrafo. A media tarde recibimos el siguiente despacho, que nos dirigió el prior de la Comunidad de Religiosos Agustinos: EL ESCORIAL, 1 O, 3 T. p n Palacio. A las dos de la tarde un incendio casual destruyó el ángulo Sur- Oeste del edificio de la Universidad de El Escorial, sin ocurrir desgracias personales. A las cinco de la tarde fue extinguido gracias á la rivalidad heroica del pueblo en masa, autoridades, ingenieros, carabineros, bomberos del Real Patrimonio, Cruz Roja y personal de la fábrica de Matías López, á todos los cuales queda la Comunidad agradecida. IMPRESIONES DE NUESTRO COMPAÑERO EL REDACTOR DE A B C SR GIL A specto del incendio. Eran las seis de la tarde cuando el au tomóvil tjue nos había conducido de Madrid subía las cuestas de El Escorial y se detenía sin dificultad, y arrostrando el riesgo de reaibir alguna viga humeante, ante la puerta de la Universidad de María Custina. A su costado derecho el fuego, aunque localizado, seguía enseñoreándose de la parte alta del edificio en su ala del Mediodía. El hermoso patio central estaba encharcado y en él maniobraban con febril actividad los carabineros, los hombres del pueblo y los mismos estudiantes, en su afán natural de que el incendio quedase extinguido totalmente. Se habían notado las primeras llamaradas á las dos de la tarde, que era hora de estudio para los escolares; pero es de creer que se iniciase bien entrada la mañana. rigen del siniestro Cuanto á su causa, sospéchase que los pizarreros debieron dejar abierta una ventana, y de los hornillos de la calefacción saltó alguna chispa, que fácilmente prendió en las maderas, resecas y antiguas, de la techumbre. Lo cierto es que por pronto que proiesores y alumnos del Colegio de Estudios Superiores quisieron resolver, las llamas, invadiendo las guardillas de todo el ángulo Sudoeste, se corrieron por el ala, á cuya espalda está el frontón y teatro de dicho colegio, y avanzaron por el otro lado del ángulo hasta lamer la llamada galería de convalecientes, que da acceso, mediante un pasadizo, al famoso Monasterio. Y como precisamente por esta parte estaba el mayor peligro y despertaba la más justificada alarma, pusiéronse todos los medios para impedir que las llamas avanzasen más. El Monasterio quedó- lsalvo gracias á ttn cortafuegos. 1 os primeros auxilios. A las primeras noticias del siniestro acudieron á la Universidad agtistiniana todas las autoridades. Para los trabajos de extinción presentáronse inmediatamente además de las bombas del Real Patrimonio, las del Ayuntamiento y Colegio de Carabineros y una de la Cruz Roja, que precisamente ayer era utilizada por primera vez. También envió la suya á la Wniversidad libre de María Cristina la fábrica de Matías López. Distribuidos convenientemente los caiabineros y voluntarios del pueblo allí donde el peligro requería auxilios más urgentes, las bombas funcionaron desde el patio, tomando agua de la fuente central. En tales tareas prestaron también su loable concurso los alumnos de la Escuela de Montes. T etalles del desastre. Cuando llegamos al lugar del siniestro los patios y las galerías del Colegio, así como las mismas crujías monacales, presentaban el aspecto de un campamento en desorden. Tanta había sido la confusión de los primeros momentos y la precipitación con que había habido que desalojar muchas habitaciones. Pero á casi la mitad de los cuartos de estudiantes y profesores no pudo llegar á tiempo el auxilio, por la sorpresa del siniestro y la rapidez con que las llamas lo habían invadido todo. Muebles, libros, papeles, todo ello había quedado reducido á cenizas en menos tiempo que se pensara. De cincuenta á sesenta habitaciones habían sido destruidas. La madera de pino que formaba la techumbre y que contaba más de dos siglos, había sido el mejor combustible. Uno de los profesores sólo mostraba inquietud por el riesgo que corría una carpeta de documentos y materiales importantes y curiosos con que pensaba hacer un libro, reconstituyendo la figura de Fr. Luis dé León. El P. Teodoro nos sirvió de accione en aquellos momentos de espanto y sos mostró los estragos que el incendio había causado. Los cuadros y mobiliario que de la parte siniestrada pudieron ser sacados y puestos á salvo quedaron depositados, bien en el pabellón de los frontones, bien en el monas teiio. T ominaudo el fuego. A las cuatro de la tarde el fuego estaba ya localizado, aunque seguía remando fuerte viento y entre llamaradas levantábanse espesas columnas de humo que se distinguían á distancia. Momentos antes los padies agustinos habían telefoneado al intendente ele la Reai Casa, señor marqués de Borja, comunicándole exactamente todo lo ocurrido y desvaneciendo la natural alarma que hubiese despertado la suerte del Real Monasterio. Cortados desde luego los cables de la luz eléctrica, como los del teléfono, apenas se echó encima la noche no hubo más alumbrado en los patios y galerías que el de las antorchas, linternas y farolillos de que se servían los que trabajaban en la extinción. Los escolares vagaban por las crujías cariacontecidos. Muchos de ellos ansiaban venir á Madrid á tranquilizar coa- su presencia á las familias; pero no había tren disponible. Todos ellos les habían telefoneado ó telegrafiado que no les había ocurrido novedad. Algunos, de los más vehementes, se descolgaron por las ventanas al patio. Pero, por fortuna, no hay que lamentar ninguna desgracia personal. á ás informes. Las pérdidas rateriales sufisdas se calculan, grosso modo, en, uuos 30 toootduros. Ayer no ardió toda la Universidad agua- M