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ABC. MIÉRCOLES 10 D E FEBRERO D E 1909. E D I C I Ó N a. PAG. i 4 cansarle más con este asunto, que queda finalizado por mi parte, le reitera la más cumplida expresión de su agradeeimiento su muy afectísimo y s. q. e. s. va, S. GALLO Y MATURANA Madrid 4 Febrero 1309. Industria ingenieros mecánicos y electri cistas que no han efectuado una eomprobatí 5 n científica, ni un análisis, ni han visto nna máquina, ni han practicado en un taáer; ¿Cómo será posible que un ingeniero, en íemejantes circunstancias y por grande que haya sido su aprovechamiento durante su período de estudiante, pueda llevar á cabo las más elementales aplicaciones de su carrera, como son el montaje de una máquina á vapor, de un motor á gas, de una turbina ó de un electromotor; regular su velocidad, investigar sus averías y dirigir su inmediata reparación, si no ha visto dichas máquinas más que en fotograbados ó en esquemas insertos en un libro? Y quien concibe que estos ccnocimienios, que son necesarios á diario ea la práctica de la carrera del ingeniero mecánico ó electricista, se puedan adquirir por correspondencia, da á entender que los desconoce por completo, pues en otro orden de ideas más vulgar sería equivalente á afirmar que se puede aprender á montar en bicicleta recibiendo explicaciones escritas; se coge el guía con las manos, se echa una carrerita, Se da tsn salto para caer encima del sillín y se pedalea. hasta recibir el batacazo; ¡y qué graves pueden ser est s batacazos, tanto para una Empresa industrial como para el que los motive! ¿Qué utilidad y qué confianza puede entrañar un titulo adquirido de manera tan desusada, prescindiendo de oir las diarias explicaciones de profesores (acreditados mediante oposición) haciendo caso omiso de la inmediata solución de la multitud de dudas que continuamente asaltan á iodo buen estudiante y excusando las prácticas de laboratorio y taller, que tanto comprueban y hacen aprender? Pues entonces el método de aprendizaje por correspondencia es nulo, y, en su virtud, el diploma conseguido de aquella manera, baldío y contraproducente. Y ahora yo pregunto: ¿puede ser tolerado por la acción oficia ó, más claramente aún, puede permanecer impasible el señor ministro de Instrucción pública en vista de lo incontrovertible de lo espuesto y por amplia que sea la libertad de enseñanza ante el mncionamiento de un Centro como el de Yalencia, que no puede reportar ninguna dase de beneficios y en cambio puede acarrear incalculables contrcüaccpos? Fúndense en buena hora Escuelas de Ingenieros libres si se constituyen con lógica é impera en ellas la armonía indispensable entre el necesario estudio teórico y el práctico indispensable; pero no se creen como Tin nuevo negocio industrial; instálense en las mismas talleres para la reparación y construcción de maquinaria mecánica y eléctrica (si la enseñanza ha de ser de ingenieros mecánicos y de ingenieros electricistas) en donde los alumnos puedan investigar, hacer instalaciones y desmontajes, y en donde puedan apreciar de visn lo que horas antes hayan deducido ó dibujado en la pizarra; móntense laboratorios de química y ílectricidad para que los alumnos efectúen ensayos, análisis, mediciones eléctricas, y entonces será indudable que la empresa ó patronato que tal iniciativa realice alcanzará merecido renombre. Pero no se pretenda justificar de otro modo la seriedad de un Centro de enseñanza por correo, con cuyo procedimiento no se sabe quién incurrirá en mayor error, si el alumno que en tales condiciones aspira á convertirse en un verdadeío ingeniero mecánico ó electricista, ó el profesor, que al juzgar un notable examen or correspondencia ignorará siempre si la redacción de! escrito partió del alumnoaó de algún apuntador mejor conocedor del asunto. No hay para qué insistir en que de esta Suerte podría resu tar diplomado una per- PASATIEMPOS EL NOMBRE NO HACE A LA COSA- ¿conoces el título de la última novela de X... ¿Cuál es? ¡Hermoso título! Debe ser un libro filosófico. -No; es la historia de su suegra. ANAGRAMA GRÁFICO, POR NOVEJARQUE -Lo que no muere nunca. n A DJUDICAC 1O N CONDIC l O N A L Dts LA ESCUADRA Este, como el reglamento fiel Estado Mayor Central y la ley de Reclutamiento, es asunto que tiene paso delante de cualquier otro en mis artículos; pero no puedo entrar de rondón á decir si me parece mala ó buena la solución que ha tenido; antes debo recordar á los lectores de A B C las condiciones, muchas veces dichas aquí, que, á. mi juicio, debe reunir una decisión en la materia. Claro es que quien con estas condiciones no esté conforme, tampoco lo estará con mí apreciación de la obra ministerial, con tanto trabajo dada á luz. O epito, no sé si por centésima vez, que mi bello ideal sería que en España no se gastasen arriba de cien millones al año en Ejército y Marina, á condición de que el ahorro de ciento cincuenta que se obtendría se invirtiese en educar al pueblo español de ministro á jornalero, -limpiándole en doce ó quince años de esa roña mental que se traduce de mil modos lamentables; por ejemplo, en el clericalismo sin religiosidad y en el anticlericalismo sin fundamento científico. No aspiro al ideal, pero aplaudo en nuestra política militar lo que á él nos acerca y censuro cuanto de él nos aleja. p u e s queremos tener algún poder naval que echar en la balanza del equilibrio diplomático mundial, es cuerdo haber renunciado á tener verdaderas escuadras de combate, hoy que está á la vista de nuestras cosías la de diez y seis acorazados yanquis, á la que podrían oponer una igual Francia, Alemania y el Japón; una poco inferior, Italia, y una más que doble, Inglaterra. Aplaudo la política naval de Ferrándiz, que se limita á sacar partido de nuestras ventajas geográficas, creando tres plazas marítimas, dotadas de importantes guarniciones navales, que pueden hacer sentir su influencia estratégica en toda guerra naval que se desarrolle en un teatro que no esté limitado al Pacífico ó al Mar de las Indias. JUíe parece absurdo querer ir más allá de T ese poder naval, y, por lo tanto, censuraría todo acto que pusiese en forzosa perspectiva el aumento de fuerzas flotantes más allá de los modestos límites expresados: tres guarniciones navales, activas, para los tres puertos de E Ferrol, Cádiz y Cartagena. Ahora bien; el sostenimiento Qe esas guarniciones navales activas- -en total tres acorazados, tres cruceros y algunos torpederos- -no puede bastar al nacimiento y manutención de la industria de los elementos defensivos y ofensivos propios de los grandes barcos de combate. Todo acto que tendiera á favorecer ese nacimiento y esa manutención sería, queriendo ó no, un compromiso ineludible para llegar á la creación de un poder naval que ni necesitamos ni podríamos sostener con verdadera eficacia; seguramente, ni crearíamos la industria ni tendríamos fuerza naval real y efectiva. f on arreglo á estas reglas de juicio exponw dré el mío respecto á la adjudicación condicional de los trabajos para construcciones navales hscüa ü ce pocos días por ei Gobierno. ¿BNARO ALAS Combinando convenientemente las letras de lo que expresa el precedente significado se formará una palabra que expresa: ESPECIE DE LADRILLOS La solución, mañana. Solución á la artimaña: Leyendo al revés cada uno de los fragmentos, se puede leer: AC- L 1 M- ATAR A) (MIL) (RATA) sona de la cual tenga el Centro de enseñanza formado un elevado concepto, siendo el novel ingeniero ubre una, completa inutilidad, facilitando así que por influencias pueda llegar á desempeñar algún cargo importante, por ejemplo, en una, Central de electricidad, en donde la torpeza ó la ignorancia en una sencilla manipulación, motivada por la falta de aptitud, tanto técnica como práctica, puede acarrear la muerte del operador ó de los obreros que han de confiar, lógicamente pensando, en los conocimientos de su jefe técnico. Para terminar, recordaré una frase, tan elocuente como oportuna en este caso, del sabio Sr. Azcárate. La excesiva teoría lleva á la utopía, así como la excesiva práctica conduce á la rutina A determinar y seguir la dirección de la resultante de ambos términos, hermanándolos lo más posible, deben tender los estudios de toda escuela industrial. Y si dicha circunstancia no reúne ninguna escuela oficial de alia índole en España, fúndese con carácter libre, y seguramente que entre sus devotos contará, si no precisamente como alumnos matriculados, sí como visitantes diarios, á no pocos técnicos con título oficial; yo sería uno de ellos. Prometiendo á uste. 4 s señor director no