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TODO EL MUN DO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO V PE TODO EL MUNDO, POR CABLE POR TELÉGRAFO Y mmw TELEFONO Naturalmente, ni una sola persona se movió de su asiento, y después de ambos exordios, ¡cualquiera perdía la ocasión! Las damas elegantes y distinguidas hiriéronse las distraídas y comenzaron á mirar al techo ó á las paredes, como si no se hubieran enterado de nada. Otras se entretuvieron en sacar el espejito del bolsillo, colocarse bien un pliegue del velo, componer una pluma del sombrero ó pasarse la diminuta bola de polvos por la cara. Y comenzó el interrogatorio. Renard se ha mostrado frío y enérgico, negando todas, absolutamente todas, las imputaciones que se le han hecho. Courtois aparecía más decaído, menos dueño de sus nervios. La expectación iba en aumento conforme el presidente se acercaba al instante escabroso... Toda aquella enfadosa descripción de los preliminares del crimen para saber qué hizo Mr. Remy aburría al público. ¿Qué le importaba á qué hora se había acostado Mr. Remy, ni qué invitados á cenar tuvo aquel día Mr. Remy, ni siquiera el estado de las relaciones entre monsieux y madame Remy? Después de haber hablado de todo el personal de la casa, el presidente comienza á pasar revista á la familia Remy. ¡Al fin! La concurrencia dirige las miradas al lugar donde se halla el joven Raingo, y el presidente encárase con Renard y le dice: ¡Usted ha sido su corruptor! El maitre d hotel, hasta entonces sereno y firme, indina la cabeza avergonzado. ¿Este gesto es sincero? ¿Es un gesto estudiado de eomediante? No lo sé; pero mentiría si no dijese que su actitud produce en el público una excelente impresión. Todos los oídos, aun los castos y puros, olvidan las prudentes recomendaciones de los magistrados y se abren para no perder sílaba del interrogatorio, que comienza á hacerse interesante. Pero de pronto el presidente ordena que ciertas cosas no sean preguntadas en público y que queden reservadas para la sesión que se celebrará á puerta cerrada. Enorme decepción en el auditorio, murmullos, toses, ruido de pataditas en el suelo... Renard, obligado á responder á una pregunta que se le hace á propósito de sus relaciones de amistad con Raingo, el sobrino de Mr. Remy, duda un momento, vuelve á inclinar la cabeza avergonzado y habla por fin... Oero figurémonos que vosotros, amigos míos, sois el público que asiste al proceso, y que al llegar este momento, que es el atrevido, el escabroso, el r DE NUESTRO ENVJADO ESPECIAL A B C EN PARÍS L PROCESO DE LA RUÉ Con un lleno taenzado las sesiones del proceso contra Renard y Courtois, los autores del crimen de la rué de la Pepiniére. Bellas y distinguidas damas disputáronse las localidades, y aquí las tenéis dispuestas á no perder ttaa sílaba de cuanto se diga en el proceso, por atrevido y escandaloso que sea. ¡Y vaya si van á salir cosas escandalosas! ífi. verdad de lo sucedido es muy probable que no se descubra, y seguramente terminará el proceso y no sabremos si Renard tiene razón, ó Courtois, ó los dos. Pero esto es lo de menos. Lo principal es que nos enteremos de las intimidades repugnantes del maitre d hotel y de la literatura epistolar qne se traía para escribir al joven Raingo. Habrán observado ustedes que cada vez que en París se da un espectáculo judicial de sensación ocurren las mismas cosas. Las damas se disputan los billetes y, los puestos en primera fila, los periódicos protestan y no falta algún senador sesudo que anuncie una interpelación al Gobierno. Después todo pasa, el interés desaparece, el senador se queda con su interpelación, y al proceso siguiente... vuelta á empezar. Este asunto de la rué de la Pepiniére selía un crimen- vulgarísimo que no interesalía á nadie si no supiéramos que el sobrino de la víctima y los servidores del hotel son 6 eres degenerados que en el curso de la instrucción han hecho declaraciones capaces de ruborizar á un guarda de consumos madrileño, porque los guardas de consumos de París no creo que se ruboricen por tan poco. Pero el público ha sabido que iba á haber emociones escandalosas, py aquí le tenéis de cidido á no perder un solo minuto del espectáculo. Además, los magistrados, al abrir la primera sesión, se han apresurado á informar al auditorio para excitar más su curiosidad, Bin duda. Los señores jueces se sienten satisfechos al verse favorecidos por tan distinguido auditorio, no quieren que los abandone y tratan de asegurarle. Oid al abogado general, que apenas colaenzó la vista se levantó para decir: Yo me atrevo á recomendar á las personas que tengan oídos castos y puros (Grandísimas risas. que los cierren cuidadosamente durante los pasajes escabrosos de sla lectura del acta de acusación. Ya calcularéis lo que hicieron aquellos Oídos puros y castos. ¡Se abrieron como puertas cocheras! El presidente, por su parte, no quiso ser menos, y á imitación del pescador del cuento que no quería poner cebo á los peces, dirigióle al elegantísimo auditorio en los términos siguientes: Ciertos detalles en este proceso, que, desgraciadasaente, no podemos omitir aunque empleemos el mayor pudor en nuestro lenguaje, van á herir con seguridad vuestros oídos. Invito, pues, a aquellas personas que no quieran escuchar ciertas cosas para que se retiren. Es decir, que aquí no se engaña á nadie: el que quiera picar, pica. jíSS T el teatro Real. Dos artistas han debutado recientemente en el regio coliseo, logrando éxitos señaladísimos: la soprano condesa Fausta Labia, que sin previo anuncio, sin preparativo encomiástico, sin anuncios llamativos, se presentó al público interpretando la protagonista de Mefistófele, de Arrigo Boito, y dejó admirados á cuantos la oyeron, y el tenor Anselmi, cuya brillantísima campaña de la temporada anterior es de las que hacen época, y promete renovarse este año. r oquelín cadet. Ayer dimos noticias en nuestra sección telegráfica del fallecimiento del ilustre autor Ernest Coquelin, ocurrido á los pocos días del de su hermano, el gran Coquelin ainé. tembile monten to oís al director de A B C que exclama con voz de trueno: ¡A puerta cerrada! JOSÉ JUAN CADENAS París- Febrero. NUESTROS GRABADOS Como complemento ae ia resena del estreno de la famosa opereta de Lehar, que ayer publicamos, reproducimos hoy dos instantáneas de la representación: una, del dúo dei acto segundo, que de modo tan notable cantan la Srta. Luisa Vela y el Sr. SagiBarba, y otra, del baile final de la obra. I I na casa inglesa se quedará con la conce sión de la escuadra. Al cabo de muy pocos años los buques estarán construidos, y tendremos, por último, una flota. ¿Para qué... He ahí el problema. Proyectar las cosas y realizarlas es una noble empresa; pero las cosas han de servir para algo. ¿Para qué construiremos los barcos? ¿Qué empleo le daremos á los barcos? El sentido común de los lectores responderá inmediatamente: Para combatir Pero combatir, ¿contra quién... Los alemanes edifican a toaa prisa gran des fortalezas navales porque desean acabar con la soberbia marítima de los ingleses; los japoneses construían también á toda prisa fuertes naves porque pensaban desbaratar á Rubia, y, en efecto, la desbarataron; los yanquis, á su vez, construían potentes barcos porque querían vencernos á los españoles, y ahora construyen otros nuevos barcos porque suponen que algún día se verán forzados á pelear con los japoneses. Todas esas naciones edifican sus fortalezas navales contra alguien Nosotros, ¿contra quién lanzaremos nuestros barcos? Nadie lo sabe; no tenemos ningún plan de ofensa. Queremos los barcos para defendernos. ¿De quién? Nadie lo sabe tampoco... De esta manera nunca se ha realizado nada medianamente grande. Los ejércitos y las armadas se organizan siempre contra alguien. Roma contra Carta go, Cartago contra Roma, hasta que uno caiga destruido; Rusia contra Turquía, Alemania coatra Francia, Francia contra Alemania, Inglaterra contra el Continente. Estos son los poderíos guerreros que tienen eficacia. Y estos son los únicos ejércitos disculpables, porque obedecen á alguna necesidad ó á alguna pasión, mientras que los ejércitos defensivos, además de inmorales- -en el sentido íntimo de la idea, -suelen ser inútiles. La inutilidad de los ejércitos defensivos nos la muestra Italia. A raíz de su unificación, sintió Italia arrogantes pujos de gran potencia; quiso presentarse dignamente ante el concierto de las naciones, y quiso además defenderse y para ello levantó un gran ejército y puso en los mares una hermosa escuadra de acorazados; vino el embrollo de Abisinia... y todo el mundo quedó bien convencido de la ineptitud de Italia para la guerra. LOS BARCOS MUERTOS