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A B C. VIERNES S DE FEBRERO DE i909. EDICIÓN 1. PAG. 8. Exhibe una acción de la Vasco- Castellana eii la cual consta la firma del general Polavieja, mientras aparece en blanco el lugar donde debieron firmar otros consejeros de la Vasco- Castellana que no quisieron prestar su nombre á negocio de tal índole. Y el dilema es el siguiente: ó nosotros somos unos calumniadores, ó el general Polavieja y sus compañeros de Consejo de administración son culpables. Termina recordando ua párrafo de Cáno vas del Castill en caso en que fue llevado S la barra un ministro para decir que si en las acciones de la Vasco- Castellana no hubiesen ido los nombres de políticos muy co nocidos, nadie las hubiese comprado. PROPOSICIÓN INCIDENTAL Se da lectura á la anunciada proposición incidental del Sr. Soriano solicitando la incompatibilidad del cargo de diputado con los de consejeros de Empresas relacionadas eon el Estado. 0 El Sr. SORIANO: I, a Cámara y yo estamos fatigados; por lo tanto, agradecería que se me reservase el uso de la palabra para mañana. El señor PRESIDENTE: Pues entonces Se suspende este debate. ORDEN DEL DÍA v- Muchos diputados y curiosos abandonan los escaños y las tribunas. l (Ocupa la presidencia el Sr. Aparicio. El Sr. SUAREZ INCOAN continúa defendiendo una enmienda al art. 272. r; Impúgnala el Sr. BOMBARDERO, en áoinbre de la Comisión, manifestando que sobre el título de las mancomunidades se lian dicho errores tan grandes como el de que las mancomunidades provinciales podrán levantar cuerpos de ejército. v Rectifica brevísimainente el Sr. SUAREZ INCL, AN. DISCURSO DEL SR. MORET (Vuelve á ocupar la presidencia el señor Dato, y la Cámara recobra la animación que tenía anteriormente. Se levanta á hablar el Sr. Moret en medio de la mayor expectación. s En la discusión de este proyecto- -comienza diciendo el jefe del partido liberalhemos llegado á un puuto que afecta á la verdadera entraña de la ley. Presentóse ésta al principio como una Solución al problema municipal, y el esti inarlo así faé uno de mis defectos. Siu embargo, discutimos desde el primer momento con la debida calma, y por hacerlo así se nos ha acusado diferentes veces de obstruccionistas. Ello ha servido, importa consignarlo, para que el Sr. Maura, en los recientes debates del Senado, haga hincapié para defender la ley en lo detenida que aquí íué su discusión y en las enmiendas que la Comisión había aceptado. Creo, como decía el Sr. Salmerón, que esta ley es casi más importante que la Constitución, y á pesar de serlo ha pasado mucho tiempo sin que en el espíritu nacional encarnase esa creencia. Ahora, al fin, se Ba logrado que al discutirla estén aquí casi to dos los diputados solidarios; la opinión pública parece haber despertado y han surgido los trascendentales debates del Senado. Yo considero el proyecto del régimen lo Cal, de su reforma, más que necesario, indispensable; no vacilo en declararlo, por, que era insostenible el staíu quo en materia municipal. Así lo declaré públicamente. l Pero esa reforma se debió hacer por separado y no traer á la discusión de las Cámaras la reforma del Municipio, la de la provincia, y, como si fuera escasa labor, la creación de esa peligrosa novedad que llamáis mancomunidad de provincias y que ao es sino la región, á la que se subordina todo, como si no fuese un absurdo suponer el nacimiento del hijo antes que el del padre. E 1 Sr. Maura piensa reformar, crear de nuevo esas tres entidades, y por eso no quie- re separar su discusión. Recordemos el voto corporativo, sus consecuencias, el colegio único, la mancomunidad y la manera de hacerla, y veremos que en Cataluña la mancomunidad será Barcelona, la ciudad, porque la provincia tiene un millón de habitantes y se impondrá á Iyérida, Gerona y Tarragona, y la capital sólo tiene 500.000, por lo cual se impondrá á su provincia, y, repito, será la mancomunidad. En esto radica la gran diferencia que me separa del Sr. Maara; yo, como ciudadano, quiero el poder máximo para los Municipios, que son la democracia, su más firme expresión; vosotros queréis y buscáis frente á esto el predominio de la oligarquía y de la plutocracia. (Bien. Es así leal advertir á la mayoría del peligro que va á votar; pero si aquélla se impusiese por la fuerza del voto y esta ley saliese, no por la inteligencia y el acuerdo de todos, sino por la imposición numérica, ¡ah! entonces conviene no olvidar que tras de lo que aquí pase está el Senado, donde ya han hablado hombres como I ópez Domínguez y Montero Ríos, y aún después de la Alta Cámara, los encargados de aplicar la ley y la voluntad de los partidos. (Bien, en los liberales. Cuando veo que aparejada á cuestiones tan importantes como la municipal y la provincial se trae el regionalismo, me parece que se discuten ideas del siglo xx por personas del siglo xiv. Consignemos, porque es de estricta justicia, que las mancomunidades no estaban en ninguno de los dos primitivos proyectos del Sr, Maura, y que las intercaló en el dictamen el que fue primer presidente de la Comisión y es ahora ministro de Fomento; hízolo, por cierto, en forma anómala, delegando en el Poder ejecutivo, en el Gobierno, las funciones legislativas. E 114 de Julio de 1907 pregunté al señor Sánchez Guerra sobre este punto, interrogándole si creía que las mancomunidades eran compatibles con la unidad nacional, y el Sr. Sánchez Guerra no me quiso contestar; pero ahora la opinión me contesta por él. (Bien, en los liberales. Añadí, y eso que nadie es profeta en su patria, que era una desgracia presentar así este problema, y esa profecía, fruto de mis estudios, es lo que- traigo al Parlamento, que, en último término, es arbitro supremo para negarlo ó concederlo todo. (Muy bien, I, uego la región no la había reclamado nadie, ni siquiera la había vislumbrado el Sr. Maura cuando no la incluyó en su proyecto. También me importa hacer constar que, así como asistí puntual y asiduamente á las deliberaciones que tuvimos arriba en la sección de presupuestos (lo que se llamó el cine) mientras se discutió lo referente á la parte municipal, me retiré por varios motivos al tratarse del resto del proyecto, y conmigo el Sr. Canalejas y el Sr. Alvarez; por lo tanto, gracias á Dios, hoy estoy por completo desligado, no tengo e menor compromiso en las mancomunidades, y ahora que vienen aquí, aquí las combato. (Bien en los liberales y demócratas. No me asusto de la palabra región, y la descentralización, en cierto modo, la he practicado yo, dando instrucciones á los gobernadores; pero siempre sin menoscabo de la unidad nacional. (Bien. Cuando aquí se habló de las bases de Maurcsa, el Sr. Maura las condenó. ¿í s que ha cambiado de criterio? Audiencias, Capitanías generales, Universidades, ¿qué son sino manifestaciones regionales, y nadie las ataca? El 17 de Diciembre, cuatro días después de las elecciones en Barcelona, el Sr. Cambó nos pedía que le contestásemos sobre la cuestión entonces candente. Aplacé el responderle. IyO he de hacer hoy que las elecciones de Barcelona h a n perdido todo interé? I, a cuestión ha cambiado mucho desde el rS de Julio, en que el Sr. Cambó renegó aquí de todo el peligro que se atribuyese á las man comunidades; pues bien, éstas han reaparecido en la forma que el Sr. Cambó condenó. (Aplausos en los liberales. Siete artículos del proyecto tratan de las mancomunidades, y en ellos pareee tratarse sólo de cuestiones financieras ó administrativas; pero en su espíritu hay aún mucho más que lo que dice el Sr. Maura. Por que si huímos del santuario de la tradición; si relegamos al olvido los esfuerzos de nuestros mayores; si prescindimos da la Historia y en ella de las grandes glorio, sas heroicidades... El Sr. MACIA: Y de las cobardías, randes rumores. FORMIDABLE ESCÁNDALO Iva interrupción del Sr. Maciá, cortando la palabra al Sr. Moret en el momento culminante de uno de los párrafos de su oración, levanta un escándalo formidable. I os liberales increpan furiosamente al señor Maciá, y éste contesta con energía frases que no se oyen desde la tribuna. W presidente agita la campanilla y trata de cortar el incidente llamando al orden á los diputados; pero el escándalo no sólo no decrece, sino que aumenta en proporciones extraordinarias. El Sr. Maura, los ministros y la mayoría presencian el espectáculo en calma. libera, les y demócratas se dirigen con frases vibrantes y ademanes violentos á los solidarios, especialmente al Sr. Maciá. Varios correligionarios de éste, entre los que descuellan los Sres. Salvatella y Marial salen, á su defensa, y con gritos descompuestos increpan, en pie, á los liberales y demócratas. Los Sres. Moret, Azcárate, Alvarez, dirigiéndose á sus amigos con ademán vehemente, piden calma y prudencia. El griterío es ensordecedor. El público, en las tribunas, emocionadísimo, sigue, suspenso el ánimo. el desarrollo del agitadísimo debate. Nadie se entiende; de banco á loauco se cruzan frases y palabras gruesas. En muchos rostros, contraídos por la ira y la indignación, se reflejan gestos de reto. Se alzan las manos; en los aires revolotean algunos bastones, y hay un largo momento en que parece que van á venir unos y otros á las; manos. Se oyen voces de ¡Aquí y fuera de aquí! El Sr. Suárez de Figueroa y el señor Maciá, que están juntos, se dirigen frases durísimas y se abalanzan uno sobre otro. El Sr. Miró se sienta entre los dos, separándolos. El Sr. I ópez Ballesteros abandona los escaños; los Sres. García Prieto, conde de Romanones, Burell y Suárez lucían se distinguen por la vehemencia de sus protestas. El Sr. Maciá se levanta varias veces para hablar, desesperado, rojo de ira, y los gritos apagan su voz. El Sr. Cambó, abrazándole casi, le sujeta. Por cansancio, casi, se va calmando el escándalo, y el Sr. Dato aprovecha Ja ocasión para decir: Ruego á todos, y especialmente á los diputados de la izquierda, que guarden silencio... (Protestas de los Sres. Soríano, Cervera y otros. El Sr. MORET: Si S. S. io me ampara ea mi derecho... El vizconde de 3 JZA: Es imprescindible guardar respeto á la presidencia. Se reproduce el escándalo, y todas las minorías y el Sv. Moret increpan al interruptor, que trata de explicar sus palabras. El Sr. PRESIDENTE, después O. e aran-