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DE TODO E L MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y ELÉFONO DE TODO EL MUND O POR C A B L E POR TELÉGRAFO Y W k M TELEFONO t- ffi. M A D R I D UN INCENDIO FORMIDABLE Fot. R. c ¡fUEnto PARTE SUPERIOR DELACASA. NUMS. 19 Y 21 DE LA CALLE DE FUENCARRAL, INCENDIADA POR EXPLOSIÓN DE UNA CALDERA DE VAPOR INSTALADA EN EL TERCER PISO, (x) PARTE QUE CORRESPONDE A LA HABITACIÓN DONDE ESTABA LA CALDERA DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS I A MUERTE DE El g r a n Coq ha P P muerto: Diez años CHANTECLER n e vaba esperándola prometida obra de Rostand, el Chantecler famoso; estudiando la mise en scene, formando cuidadosamente la compañía. Diez años durante los cuales apenas si Coquelin se ocupó de su teatro, de las obras que recibía, ni de nada. No pensaba más que en Chantecler, en el papel escrito para él, y con el que iba á coronar su gloriosa carrera Conforme el poeta iba escribiendo ias escenas, el actor las estudiaba, repasándolas ana vez y otra, aprendiéndoselas de memoria. Chantecler no es ya la obra de Rostand; en ella ha colaborado Coquelin. Y he aquí que cuando la comedia está terminada y el autor se decide á estrenarla, en el momento en que Coquelin iba á ver realizada su aspiración suprema, un ataque repentino priva de la vida al gran comediante. Una hora antes de morir, Coquelin, sin tiéndose indispuesto, dijo á su ayuda de cámara: -No sé por qué me parece que yo no voy á estrenar Chantecler. Era su única preocupación; no vivía más que pensando en la obra soñada, en su triunfo postrero, y hubiera seguramente firmado un pacto con el Destino: estrenar Chantecler y morir. El cielo no lo ha querido así y ha arrebatado antes la vida á Coquelin; pero al mismo tiempo ha herido de muerte la obra del poeta, porque muerto el gran actor, Chantecler ha muerto también. Porte- Saint- Martin era el ídolo del público. Coquelin no tenía necesidad de estrenar obras en su teatro, pues le bastaba anunciar en el cartel su nombre para que todas las localidades se vendieran. Su figura era familiar; no hay parisiense que no le conozca y le imite sus gestos habituales, sus ademanes corrientes, su voz chillona de clarín destemplado y roto. L, a muerte de un presidente de la República, de un político famoso, no hubiera cauParís la noticia ha llenado de duelo á E rn todo el mundo, porque el director de la sado tanta emoción como el fallecimiento del gran Coq, la más auténtica gloría del teatro francés. Eran sus amigos todos los franceses, los grandes y los chicos, aristó cratas y plebeyos, y todos le admiraban y todos le querían. -El único hombre que me tutea- -dijo un día Waldeck- Rousseau- -es Coquelin. Y para que Coquelin pudiera ostentar en su boutoniere la cinta roja de la Legión de honor, Waldeck- Rousseau tuvo que librar verdaderas batallas. Hoy la Dirección de los ferrocarriles del Este ha tenido que formar varios trenes especiales hasta la estación de Couilly- SairxtGermain, porque todo París quiere rendir el último tributo á su comediante favorito, que además de haber sido un gran actor era un hombre bondadoso. Autores, periodistas, cómicos, actrices, todos se han trasladado á la Casa de Retiro de Pont- aux- Dames, la benéfica institución creada por Coquelin, y en la cual la casualidad ha hecho que su fundador muriera El pueblo de París ha querido también contemplar por última vez el rostro del cómico insigne, que supo dar vida á tantos históricos personajes: Bonaparte, Mareeau,