Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA ESTACIÓN INVERNAL EN SUIZA ST- MOR 1 TZ. UN GRUPO DE EXCURSIONISTAS BAJANDO DE LA MONTAÑA EN TRINEOS Fot. De! iu EL POLÍTICO LLORA... existen profesiones desgraciadas que obli gan á quienes las ejercen á vivir en xxa mundo artificial, lejos de la realidad de los sentimientos. Por ejemplo, la profesión de político. Vean ustedes al Sr. Moret. La compañera de toda su vida va á morirse; los médicos entran y salen, las pócimas se multiplican, la fiebre de la enferma aumenta á cada minuto: es uno de esos instantes supremos en que el corazón ocupa por sí solo el espacio de nuestro ser, y en que toda nuestra atención emocional está dirigida hacia un punto. Pues en esos instantes de infinita an gtastia, el político tiene que cortar de repente el vuelo de sus sentimientos para atender á cualquiera estúpida necesidad del oficio. El mitin, el banquete, la reunión de los senadores, las bases del discurso... ¿Hay cosa más horrible que esta violenta interrupción de las íntimas emociones? Pero todavía es más horrible cuando la enferma muere. Ahí está inerte, fría, alejada para siempre; la compañera de toda la vida se lleva á ultratumba cuanto fue dulce, amigable y sonriente; se ha interrumpido de una manera definitiva aquella historia cordial, con sus abrazos del primer tiempo, con los besos del primer hijo, con las mutuas 4 ágritnas del último dolor; se ha roto el cuento amable del amor... Y he ahí que en aquel momento el político tiene que destinar la mayor parte de su atención al mitin, al banquete, al discurso, á! a acción sostenida de nuestra campaña. Aun llega otro momento. Es cuando el cadáver se ha escondido bajo tierra, cuando en el hogar se advierte la falta de algo, cuando se empieza á notar efectivamente la ausencia irremediable La silla está vacía; en aquel lugar de la mesa falta alguien. Falta alguien en el hogar, y sobre nosotros no cae ya la sombra del ser amigo, de la compañera de toda la vida... Entonces el alma suele quedarse despavorida, el corazón se contrae, la existencia carece de sabor, el porvenir no tiene ningún incentivo: es el período triste, pero triste hasta morir. Y en aquellas horas desconsoladas llegan en montón los amigos, las cartas, los despachos. El mitin, el discurso, los intereses del partido... Un comerciante puede muy bien incomunicar dentro de su ser á la parte de los negocios y á la sección de los sentimientos. Mientras suma cantidades maquinalmente, su corazón puede sostener el cruel monólogo del que se ha quedado solo en la vida. Entre las cifras del libro Mayor y las melancolías de su alma hay un espacio inmenso; las cifras se apartan pudorosamente y no tratan de turbar la tragedia de los sentimientos. Pero un político no puede aislar dentro de su ser á los dos contrincantes. El dolor quiere poseer toda la atención del individuo; llega la política, y es ésta quien arrastra imperiosamente la atención. El corazón quisiera anegarse en palabras inefables; pero la política viene con su montón de cartas, despachos y- visitas, y el corazón tiene que encogerse y callar. Es preciso ensayar una vez más el gesto tribunicio: Señores diputados: Yo entiendo que este proyecto... Mientras el cerebro le está dando vueltas al proyecto, allá en un rincón iel pecho se está rompiendo una fibra del corazón que se ha quedado solo. Una cosa parecida le ocurre al cómico, que vive también en una esfera artificial y arbitraria. Aunque su madre haya terminado de morir dos días antes, el bueno del cómico sale á escena disfrazado de príncipe y pronuncia con hueca voz unos versos fenomenales. Se arrodilla álos pies de una reina y declama su parlamento de amor con la más tierna de las sonrisas. Acaso acude de improviso el recuerdo de la madre muerta; pero el cómico hace un esfuerzo, estrangula enérgicamente al importuno recuerdo y sigue recitando sus bonitos versos de amor. JOSÉ M- SALAVERRIA eñor director de A B C. Muy respetado y distinguido señor mío: En el periódico de su digna dirección, y ea el número correspondiente al día de tioy, he leído un razonado artículo denominado Los ingenieros de Minas en el que se manifiesta la legítima protesta de tan ilustrado Cuerpo ante la determinación adoptada por el ministerio de Fomento, concerniente á la habilitación en nuestra patria de carreras de análoga especialidad cursadas en el extranjero. El- articulista, con gran conocimiento da causa, protesta de tal autorización, que lleva consigo innumerables perjuicios para los que, luego de cursar durante ocho, años por lo menos una carrera tau difícil como es en España la de ingeniero de Minas, tienen que sufrir la rivalidad á su salida de la Escuela, y mientras el estado de su escalafón no les permita ingresar en el Cuerpo, de I03 técnicos extranjeros, que en la mayor parta de los casos con dos ó tres cursos tan sólo de estudios han obtenido, ea apariencia, utt título análogo. Pues bien; si tal protesta es de innegable equidad, ¿cuál no deberá ser la de los de- más que en España hemos estudiado, bien en las Escuelas de Ingenieros Industriales, ó bien en las Superiores de Industrias, para obtener, después de cinco ó seis años de ca rrera (sin tener en cuenta los que lleva con sigo el riguroso examen de ingreso) títulos de ingenieros industriales, de ingenieros de Industrias textiles ó de peritos en sus di- s LOS INGENIEROS