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A B C. VIERNES 29 DE ENERO DE 1909. EDICIÓN i PAG. 5. los Heredia- Spínola MADRID AL DÍA El hijo de los condes dede Jaime Alfonso ha recibido nombres e día, sol, y de noche, hielo. Es el patrón al que se vienen, ajustando los días de esta semana. En el Senado también hubo Sol... y Ortega. Muchos curiosos fueron á la Alta Cámara, no por la Administración local, que tiene á muchísima gente sin cuidado, sino por oir á Sol y Ortega, y se encontraron con un postre de Montero Ríos y López Domínguez. Por poco hay cola, como para oir á Titta Ruffo. En el Congreso también privó Cataluña. El orador de tanda fue el frecuente Sr. Ñongues; la res picada y banderilleada, la Vas co- Castellana. En los Tribunales siguió, pero no terminó, la vista del proceso seguido á los chcmffeurs homicidas de los Cuatro Caminos, y se absolvió á un acusado de poseer un billete de Banco falso. El hombre no negaba la posesión, pero afirmaba que no pretendió hacer pasar el billete. Lo que pasó fue la disculpa, puesto que ha salido absuelto. La jornada fue pródiga en asuntos novelescos. Dos tórtolos, jóvenes ellos, claro es que enamorados ellos, comparecieron ante el juez, denunciados por el padre de ella. Esta se había fugado de la casa paterna. Estaba en la de él. Gritos, protestas, lágrimas, diligencias judiciales... total, una boda. Denuncia de un adulterio por la mujer engañada y acusación grave de ésta contra la Policía del distrito de la Latina, que detuvo á los adiílteros en su día y los dejó en libertad. Para mayor amenidad se habló de la detención en Buenos Aires de dos amigas ínTtimas del tristemente célebre Zabala v de la probable captura de éste. En la Audiencia, una señora y una hija Buya le armaron la gran tremolina á un abogado, teniendo necesidad el buen señor üel auxilio de la autoridad. Como se ve, un día echado á novelas. Siguieron las huelgas- y siguieron las coacciones á nombre de la libertad del trabajo, nombre que ha adoptado la tiranía de 1 abajo, más odiosa que la de arriba, con moytivo de la proximidad del Carnaval. S Por la noche, nada nuevo teatral. El termómetro, jugando á la baja, Pío y Francisco de Asís. alegré porque al fin iba á oírle hablar. Sin embargo, no ha podido ser. Las veces que Sol y Ortega ha hablado en el Senado, yo, ó hejtenido ocupaciones urgentes, ó he estado fuera de Madrid. -Es de lamentar- -dije yo sonriendo ligeramente. -Sonría usted- -replicó el desconocido, sonriendo él también. -No es ninguna desgracia; pero, ¿qué quiere usted? Para un aficionado á la oratoria sí que es, por lo menos, una contrariedad. Dicen- -añadió luego el desconocido- -que Sol y Ortega es un gran orador. -Eso dicen- -re Vliqué yo. -Pero ¿usted no le ha oído? -me preguntó un poco extrañado mi interlocutor. -No- -repuse yo en tono de excusa, ladeando la cabeza y arqueando los ojos. -Sin embargo, usted, ¿sí que habrá tenido ocasión de oirle? No me atreví á contestar i a verdii. -La casualidad ha hecho también- -repuse al cabo de un momento- -que yo no haya podido tampoco oír á Sol y Ortega. -Es raro- -observó el desconocido. -Sí, es raro- -añadí yo en tono de resignación. Llegó el tranvía á su término; paró y nos despedimos el desconocido y yo, AZORIM UNA CONTRARIEDAD a noche estaba yo sentado en las butacas de un teatrillo. A mi derecha había un se- Sor; este señor no era ni joven ni viejo. Tenía una calva incipiente; llevaba un bigote recortado. Era un señor como todos, Estando representándose la función, el bastón de este desconocido se desvió hacia un lado y cayó sobre mí. -Dispense usted- -me dijo el desconocido, cogiendo su bastón. -No hay de qué- -repliqué yo. Continué atendiendo á lo que pasaba en la escena. Al cabo de ocho ó diez minutos, un actor dijo un chiste un tanto inverosímil y absurdo. La concurrencia rió á carcajada. El desconocido unió su risa á las de los demás. Yo reí también. ¡Qué chiste tan absurdo! -exclame yo mientras reía. -Verdaderamente absurdo- -observó también el desconocido. Terminó la función. Yo me puse el gabán y me marché del teatro. Fui á una pastelería. Acababa de sentarme ante una de las mesas cuando penetró el desconocido del teatro. Se sentó en una mesa inmediata; nos miramos, y pensamos sin duda los dos en la casualidad que nos había traído á este mismo sitio. Cuando acabé de tomar un refrigerio, me marché á la calle. Esperé un rato á un tranvía y subí en él. En la plataforma estaba el desconocido del teatro y del café. No pudimos reprimir ya un. movimiento de sorpresa. -Parece- -dijo el desconocido- -que la casualidad nos junta esta noche. -Así parece- -repuse yo. Vino el cobrador; yo no tenía dinero en calderilla; el desconocido se adelantó á pagar mi billete. -Mil gracias- -le dije, después de haberme esforzado en que no pagara. -No hay de qué- -dijo él. Y al cabo de una breve pausa añadió: -Hace m r o tiempo que leo lo que usted hace. Hablamos después de periodismo y de política. El desconocido leía las crónicas brillantes y era un entusiasta de la oratoria. -He oído- -me dijo- -á todos los oradores En las habitaciones de S. M. la Reina doña María Cristina se verificó ayer tarde de veinte años á la fecha. Sin embargo, tenlin concierto íntimo, en el que el barítono go una contrariedad; no he oído nunca á Sr. Titta Ruffo cantó el siguiente programa; Sol y Ortega. I. Tizianello. No supe al pronto qué decirle á este sev II. Mare chiare Tosti. ñor que no había oído nunca á Sol y Ortega. III. O Mari, ó Mari. ¿No ha oído usted nunca á Sol y OrtePoesía di Giosué Carducci. ga? -le pregunté por preguntar algo. Asistieron SS. MM. y AA. la duquesa de- -No- -me replicó el desconoddo. -La faSan Carlos y su hija la condesa del Puerto, talidad ha hecho que yo no liaya podido la duquesa viuda de Bailen y los duques de nunca oir á Sol y Ortega. la Conquista. Me quedé nn momento pensativo; la fata Los marqueses de Aguilar de Carapoo, lidad había hecho que este hombre no pu los condes del Serrallo, las marquesas de diera oir á Sol y Ortega. Moctezuma y Martorelí, los marqueses de- -He oído- -prosiguió mi interlocutor- -á Hoyos y Mesa de Asta, la condesa de San los más notables oradores de estos tiempos. Román, la de los Llanos, los marqueses de No soy político. Me gusta la oratoria. He Borja, Torrecilla, Bendaña, Sanfelices y frecuentado mucho las tribunas del CongreZaizo, y otras personalidades de la corte. so. Pero mi mala suerte ha hecho que el único orador que me falta por oír sea Sol y Ayer, al mediodía, se celebró en Palacio el Ortega- ¡bautizo del hijo de los condes de Heredia- -Es raro- -le dije. Spínola, siendo apadrinado por los Reyes- -Siento mucho no haber podido oir nunT Alfonso y doña Victoria. ca áSol Ortega- -continuó mi interlocutor. Asistieron al acto la reina doña Cristina, Hace años, cuando Sol hizo aquellas brilos infantes doña María Teresa, doña Isa- llantes campañas en el Congreso, me halla bel, doña Luisa, D. Carlos y D. Fernando, ba yo fuera de Madrid. Al cabo de algún tiempo regresé á Madrid, pero Sol y Ortega tcon los altos funcionarios palatinos y numerosas damas. no volvió á salir diputado. Luego, reciente i ¡Administró el agua del Bautismo el obis- mente, cuando volvió á las Cortes como sepo de SÍÓH, dirigiendo la ceremonia el rec- nador, me alegré mucho. Lo que sentía era to de Loreto. que viniera al Senado y no al, Congreso. Me INFORMACIÓN 4 POLÍTICA EN LAS CÁMARAS DE PALACIO 1 interés de la tarde parlamentaria se re partió entre el Senado y el Congreso, porque en ambas Cámaras había debates interesantes: el de Administración local, en la primera, y el del ferrocarril vasco- castellano, en la segunda. Aunque se creía, y ayer, á primera hora, se repetía, que el Sr. Montero Ríos tenía el propósito de no hacer uso de la palabra en la discusión de Administración local, habló el ex presidente del Consejo, si bien sus manifestaciones se limitaron á unas palabras de españolismo que, naturalmente, fueron perfectamente acogidas por la Cámara, Dijo, en síntesis, que considera incompatible el nacionalismo proclamado por el señor Abadal, en nombre de los solidarios. con la Constitución del Estado y con toda idea v sentimiento de patriotismo. En muy parecidos términos se expresó después el general López Domínguez. Es esperado con interés el discurso- resumen que haga el jefe del Gobierno, en el cual recogerá y contestará las manifestaciones del Sr. Sol y Ortega. Tal vez hoy mismo pueda hablar el seño Maura, y con este discurso quedará terminada la totalidad, empezando la discusión. de las enmiendas á los artículos. p n el Congreso se dedicó gran parte de la sesión á continuar el debate sobre el ferrocarril vasco- castellano, Rectificó el Sr. Nougués. repitiendo los cargos hechos en sesiones anteriores. Hoy se espera que termine este debate. E ADMINISTRACIÓN LOCAL jpn el Congreso se reunieron ayer los se ñores Dato, Suárez Inclán, Canalejas y conde de Romanones con objeto de buscar el medio de aligerar todo lo posible la dis- j cusión de los artículos que faltan para llegar á las mancomunidades. Después de larga discusión y de consultar el Sr. Dato con el Sr. Maura, se convino en aprobar el art. 356, previa una aclaración de la Comisión reduciendo dicho artículo á sus naturales alcances; defender en bloque todas las enmiendas presentadas á los artículos anteriores á los referentes á las mancomunidades, y, por último, dejar en