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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL DE TODO EL MUND O POR C A B L E POR TELÉGRAFO Y TELEFONO también toda la noche y neno de distracciones. Decididamente, Casablanca se ha convertido en un pequeño París. En otro lugar del mismo periódico, madame Ida Paul ofrece á la población de Casablanca su Brasserie du Lion d Or, con orquesta de tziganes todas las noches, y otra francesita, la señorita Andrée d Harville (a) la Gigolette, anuncia los espectáculos sensacionales de su Grande Tápente du Moulin Rouge, que, como los anteriores lugares, tampoco se cierra nunca, para que se chinche el Sr. La Cierva. Y luego dicen que la francesa no se expatría jamás ni puede vivir lejos de su tierra y sin ver el cielo de Francia. Hay aquí, como en todas partes, mujeres para todo, hasta para ir á poner un bar en Casablanca. ¿No acabamos de ver hoy mismo por los bulevares á unas cuantas locas que van haciendo de sauwiches, llevando á la espalda los anuncios de los teatros? Pues para esto hace falta mucho más valor que para ir á despachar wisky adulterado á los infelices cabileños. La penetración pacifica es un necno indudable... Tampoco podrán lachar los alemanes contra este otro sistema de colonización á la francesa, que consiste en transplantar dimites y camareras para regocijo de los musulmanes sedientos de progreso y de refinada cultura. arruecos, pues, va á quedar por Francia y para los franceses. Una buena guarnición se encargará de defender las arcas de los financieros y el bar de La Gigolette y poco á poco se irá realizando la lenta pero segura penetración pacífica. No se quejarán los cabileños, que en breve tendrán ferrocarriles, calles asfaltadas y autobús monumentales. El nuevo Sultán los ha dado á conocer la Prensa, mientras mesdames Raymonde y Celika los inician en ciertos pequeños secretos de los bulevares exteriores. No pararán aquí las cosas, y si los marroquíes se muestran dignos de la paternal solicitud francesa, todavía disfrutarán de mayores ventajas... Más adelante ye les enviará un aeroplano y después tres ó cuatro bandas de apaches de las más acreditadas... Pero para esto último es menester que los cabileños estén ya completamente civilizados. S MStíF -TM TM A B C EN PARÍS A PENETRACIÓN Hace mucho tiempo P A C I F I C A que hemos dejado de PACIFICA ü a b l a r d eIa- p e n g pM tración pacífica. ¿Es que los asuntos de Marruecos van ahora por mejor camino que antes? No... Es que Alemania tiene otros cuidados más importantes en la actualidad y ha renunciado á su entretenimiento favorito de los últimos tiempos, que consistía en poner chinitas á la diplomacia francesa. Hemos dejado, pues, de hablar de la penetración pacífica para dar comienzo á la tarea de penetrar pacíficamente en el corazón de los marroquíes, imponiéndoles las conquistas de la civilización. Para convencer á los subditos del Sultán, los soldados franceses han gastado una regular cantidad 3 e municiones primero, y en seguida se han presentado varias Sociedades financieras jue se disponen á cobrar los gastos hechos Sxplotando todo lo que haya explotable. Bn las luchas modernas ya se sabe: detrás 4 e las bayonetas va el banquero. La batalla que comienza ahora en Marruecos es incruenta, pero venenosa, porque es la htcha por el negocio. Franceses y alemanes Se disputan el terreno á golpes de millón. t, a victoria final será, indudablemente, para Francia, porque no hay modo de combatir con esta nación, que en los últimos diez y seis años, y á pesar de la sangría suelta de los empréstitos rusos, ha aumentado su ritiqueza en veinte mil millones. Veinte mil millones economizados en diez y seis años y que buscan colocación! El campo de la especulación es cada día Jnás limitado; los empréstitos extranjeros achican cada vez más la prima de emisión y el interés; los negocios mercantiles é industriales no pueden hacerse más que con ciertas y determinadas naciones de acreditada seriedad; el dinero se pudre aquí en las arcas de l os Bancos. Por eso los especuladores de todo género convirtieron sus miradas á la tierra marroquí y metieron á Francia en esta aventura, de la que aun no ha salido. Vencidas las dificultades que tantas veces estuvieron á punto de comprometer la paz europea, entran hoy en Marruecos, por fin, decididos á triunfar y á hacerse los amos. Bu este terreno ya no hay lueha posible. Los coraceros del Kaiser podrían, quizá veneer de suevo alpiou- piou francés; los millonarios alemanes se pondrán en ridiculo si pretenden entablar la competencia en serio contra los capitalistas de París. ¡A cada cual lo suyo! a penetración pacífica ha comenzado á ser un hecho en Marruecos, á juzgar por lo que acabo de leer en un número del Vigié Máncame. Dos francesas, mesdames ümilienne y Susana Deiinieres, fuéronse hace algún tiempo á Casablanca y abrieron un bar á la americana. El establecimiento proaperó, y en la actualidad funciona toda la noche. Hoy la plana- de anuncios del Vigié Maromine no publica más que títulos de nuevos establecimientos, todos ellos instalados para hacer competencia al primero y porque aquél resultó un negocio redondo. En efecto, mesdames Raymonde y Celika nos comumean ijue el r r iás chic de Ca- L de los vinos más allá de las fronteras, no suelen preocupar sino á los mismos fabricantes y productores. El país, colectivamente considerado, no siente todavía la solidaridad de la producción con el total destino y grandeza de las naciones. Apenas se dibuja en nuestro sentimiento público ua vago sentido de coherencia para la impulsión económica, para aquellas cuestiones de las cuales depende una cosa tan radical como vivir ó morirse de hambre. Y, en cambio, nuestros vecinos, tan admirados y á menudo tan parodiados p: t msotros, ejercen una vigilancia continu. s- spicaz, implacable, no ya para deferí rr sus frutos, manufacturas, bisuterías y sombreros de señora, sino para impedir que se les escape el más ligero elemento de predominio espiritual, el hilo más tenue de su vasta red de influencia científica. Sus agentes consulares y diplomáticos, su Prensa, las Cámaras de Comercio que tienen aquí constituidas, y aun todo francés establecido fuera de Francia, sostienen una incea. uHe acción defensiva y fiscal sobre el conj unta de los intereses nacionales en el extranjero. Vigilan sus empréstitos exteriores, sus empresas, su capital desparramado por el mundo, sus telas, sus modas, sus libros, el plagio de sus comedias, la simple traducción abusiva de sus cuentos y artículos de periódico, Según este linaje de patriotismo, Francia, 1 nación, es algo más qae un territorio, algo más que unas leguas cuadradas de superficie terrestre y unos millones de seros humanos que las han hecho suyas. Es, en primer término, la integridad del genio francés, el glorioso conjunto de creaciones y conquistas del espíritu nacional, desde til idioma y sus grandes monumentos al último juguete, á la última chuchería de escaparate. Para este amor de patria son igualmente dolorosas las desmembraciones territoriales y las mutilaciones del alma francesa, la pérdida de una provincia geográfica y la pérdida de una provincia ideal. Así, pues, el auge de la cultura alemana y de, las Universidades del imperio preocupa actualmente á la opinión. Y cuando les disputan la inmigración de estudiantes y pensionados, el dolor de una nueva Alsacia y Lorena, de una Alsacia y Lorena del espíritu, aflige á los patriotas como si se tratase de una usurpación y de una afrenta históJOSÉ JUAN CADENAS rica. La Diputación de Barcelona- -decía París, Enero, 1909. Mr. Amade- -ha votado recientemente una importante cantidad para el envío anual de DE BARCELONA cierto número de estudiantes catalanes á Alemania. Es lícito preguntarnos por qué razón no nos dedicamos nosotros á obtener las mismas ventajas y por qué no nos proponemos atraer hacia nuestro país á la flor de la intelectualidad de nuestros vecinos. El T e las pensiones en curso y de las recien- genio francés, ¿no es mil veces más simpáti teniente creadas por la Diputación y co ala juventud española, á la juventud itael Ayuntamiento de Barcelona para perfec- liana y hasta á la- de América del Sur, y no cionar estudios en el extranjero, casi nadie posee cualidades para influir sobre ellas se ha enterado en España hasta ahora, pero más profundamente? Todas nuestras Uniya han conseguido alarmar á los intelectua- versidades meridionales deberían, pues, esles y universitarios franceses. En pocos días forzarse en multiplicar las relaciones cienhan comentado este asunto con vivo inte- tíficas de Francia con esos países latinos, en rés Mr. Amade en La Dépéche, y Ernest los cuales el pensamiento francés encuentra Charles en Le Gil Blas. ¿El motivo de esta todavía un terreno favorablemente prepaalarma? Pues la dirección principalmente germánica que se da á dichas pensiones en rado. En las mismas quejas dolorosas prorrumperjuicio del ascendiente, antes indiscutible, de la cultura francesa. Apenas conse- pe Mr. Ernest Charles, el distinguido crítico guimos nosotros levantar la opinión en de- de la Revue Bleue. Ambos enumeran los esfensa de intereses materiales importantísi- fuerzos que han hecho por sí mismas algumos. I, a suerte de los tejidos ó del hierro nas de aquellas Universidades, como las de PROTECCIONISMO INTELECTUAL dt A OKl M H i