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LA CASA MATERNA F 1 AS NEGROS En la vida suelen pre j sentarse con frecuencia. Coincidiendo con languideces ó decaimientos del espíritu, advertimos en nuestro derredor desgracias en las cuales no habíamos reparado; acuden además por misteriosa evocación innumerables pequeneces, todas tristes, á desazonarnos, y hasta el tiempo, nuboso, obscuro y frío, contribuye á convertir un día como los demás en día negro. Necesario es armarse de valor y de paciencia. El que más y el que menos se ve convertido alguna vez en un verdadero Job, á quien la sociedad, voluble y egoísta, repite las mismas ó parecidas frases de los amigos áel hombre sencillo y recto, temeroso de Dios, que se apartaba del mal y fuerza es, entonces, cuando todas las calamidades arrecian, imitar al bienaventurado, especialmente en sus lamentaciones, ya que no en eu resignación admirable. Pero para ello tenemos que pensar en los demás, atribulados con mayores miserias que nosotros, necesitados de energías que acaso podamos proporcionarles sacando fuerzas de nuestras flaquezas y desmayos. Habían desfilado ñor la mañana ante mis ojos numerosas mujeres con sus hijos en los brazos. La mayoría no podían alimentarles con sus pechos; á otras les era imposible trabajar para ganar el pan, á trueque de que el hijo fuese abandonado. ¿Qué puede decirse á es s infelices? Tratar de remediar momentáneamente sus dolores con pobres recetas, encaminarlas hacia los Centros benéficos y pronunciar vulgares palabras de consuelo, siempre las mismas, dichas con cierta severidad bondadosa que nos avergüenza cuando quedamos á solas con nuestra conciencia... Pero en todo caso podemos contentarnos con no tener que arrepentimos de nuestra injusta frialdad, achacando al mal la miseria del prójimo y justificando nuestra dureza por el temor de que el pobre convierta la limosna en lo que nos parezca pecaminoso y perjudicial. i CUADRO DEGENERO Mientras leía y releía cartas conmovedoras dictadas por el hambre, sin los aderezos y frases que suelen inventar los mendigos profesionales, recibí la visita de una santa señora, á quie n respeto y quiero mucho, la cual frecuenta á diario las casas de los pobres y es por su posición social una verdadera dama. Deseaba saber de mis labios si era cierto que se había formado unaLiga para proteger y dar trabajo á las huérfanas, viudas ó mal casadas que quieren redimirse de su precaria situación valerosamente. Así me lo hizo afirmar en estas columnas á fin de año el amigo de marras, que, como es notorio, no me dijo palabra de verdad; pero es tal el poder de la letra de molde, que no pasa día desde entonces sin que pidan muchos la confirmación de tales bellezas. -Crea usted, doctor- -dijo la señora, -que si esa Liga no se ha formado, es preciso ciearla. Acabo de tener una entrevista que me ha demostrado las equivocaciones en que incurrimos las gentes. Imagínese que conozco una madre abandonada, joven, con hijos sanos, la cual desearía trabajar, y los pequeños son para ella una verdadera carga. ¿Cómo ha de cuidarles si tiene que dedicarse á la penosa labor que representa el trabajo femenino? La organización de los Asilos es tsl, que en ellos no se admiten más que huérfanos, y cuando, como me ha ocurrido hoy, se llama á las puertas de gentes de buena posición en solicitud de socorro y ayuda, suelen decirnos lo que ya usted á oír. Se trata de una señora relacionada con vínculos de parentesco con mi protegida. La encontré en su tocador. Estaba terminando la tarea de vestirse, bien penosa por cierto, pues la moda actual convierte el cuerpo humano en un verdadero embutido con las mallas modernas y los corsés complicados. Comprimidas molestamente sus carnes, no es extraño que su corazón se achicase también. La sorprendí dándose un toquecito de carmín á los labios. Los velillos de color exigen arrebolar el rostro, que, de lo contrario, aparecería pálido y desencajado. Mientras la ayudaban á colocarse sobre la ondulada cabellera (admirable prodigio del arte peluqueril) un sombrero inmenso, cuyo coste no bajaba de doscientas pesetas, de muy mal humor y con una nerviosidad reveladora de intima contrariedad, exclamó: Siento mucho lo que me dices, pero yo no la pienso dar un céntimo. ¡No quiero sostener sus vicios! Y yo, que sabía la negra miseria de su parienta, no pude por menos de pensar el equívoco sentido de la fatal palabra. Cuando somos ricos, lo vicioso nos pa rece necesario. Y esas necesidades que suponemos no podrá el caído dejar de tener las llamamos vicios. Salí furiosa de aquella casa, y me acordé de usted. Tengo la seguridad de que mi protegida no se ha de gastar en pinturas y perfumes, por lo menos ahora, el dinero, y yo desearía que trabajase, porque en el trabajo, sea cual fuere, hallará la necesaria redención. ¿Pero qué hacemos de los niños? Su parienta, como no los tiene, no comprende lo que significa ver con hambre á desgraciadas criaturas; pero nosotros sabemos bien á qué desesperaciones y locuras conduce la falta de pan. En el comercie mundano circulamos como las monedas, y, como ellas, ganamos y perdemos de valor. El centimito, al parecer, vale muy poco, pero llega á constituir una peseta reuniéndose con otros. Vale, por lo tanto, más una moneda de buen cuño que otra falsa, que tarde ó temprano es ¡descubierta y despreciada. Los niños expósitos, ¡si me permite continuar el símil, son monedas de cuño borros que de tiempo inmemorial se han mezclad ó confundido con las monedas falsas. A mí juicio, la Beneficencia moderna tiene la misión de reacuñarlas y devolverlas á la circulación social. Inspiradas en estas nobles ideas se redactaron las pragmáticas reales que concedían al inclusero ciertos derechos al respeto y consideración de las gentes. Las modernas teorías respecto á la asistencia pública tienden á disminuir el número de asilos, procurando colocar al niño junto á personas ho aradas, que cobran las estancias devengadas por el huérfano, vigiland á unoy á otros convenientemente, con 1 cual se borra el estigma de hospiciano, incluONEDAS M: FALS S O B) R OaA ¡3 sero, enfant trouvé, etc. de la frente de los pp- brecitos abandonados por sus padres al nacer. Esto es racional y hacedero, pues de igual suerte que se hallan mujeres dispuestas á encargarse de la laictancia de los abaadonados, podrían éstos encontrar ana segjunda familia en el seno de gentes dignas y buenas. Muchas veces, generosa y gratuitamente, modestos obreros recogen huérfanos con una espontaneidad y pobreza que para sí quisiera la damisela de los labios pintados y del sombrero de cuarenta pesos. Por otra parte, á los caídos en desgracia les ocurre lo que á los lamosos duros llamados sevillanos; no eran falsos, pero no pasaban, y claro es que hubo que reacuñarlos y fundirlos. Esta fusión no es difícil, ni mucli menos; se consigue poniendo incandescente el crisol de la voluntad y fomentando la am 1 O QUE ESTA OCULTO Era tan con- íencia por el trabajo. ¡Cuántos individuos, movedora la náufragos de la vida, se les creyó irremisiexpresión con que me dijo lo imperfecta- blemente perdidos, y vuelven á la circulamente referido mi amiga, que no hallé al ción social relucientes, saneados y apaaadi pronto palabras para contestarla. Lo hicie- tos después de dolorosa reacuñación. ron por mí las cartas recibidas que le mostré. Todas ellas referían casos más crueles y tristes, pues no contaban siquiera las poMUEVOS TROQUELES De acero bíea J bres mujeres con parientas elegantes y ri templado tienea cas como la del cuadro de género. que ser los nuevos troqueles, en los cuales- -No debe ser tan mala como parece su ha de grabarse en hueco alguna cosa, so conocida- -repliqué. -La encontró en un mal sólo para batir monedas ó medallas, seguía momento. Espere usted á que el dolor ó la dice el Diccionario, smo para otros casos. enfermedad la aquieten, y ya verá cómo se Veamos cuáles pueden ser éstos. compadece; pero no es menos cierto que no De los Hospicios y Asilos deben salit podemos ni debemos fiarlo todo á la volu- obreros de todo género aptos para ganar la ble piedad de esas figulinas. Ea el articulejo subsistencia y crearse una familia. Multitud que tantas molestias me proporcionó invode industrias podrían fundarse al calor de luntariamente se hablaba de la Casa Mater- los talleres, debidamente regidos y admina. Voy á decirle con mayor despacio en nistrados, que alcanzarían vida próspera, qué consistiría. como ocurre, por ejemplo, con las fábricas Claro es que la gran señora, inmensaoficiales de armas dependientes del Minismente rica, que hace grandes y ocultas cariterio de la Guerra. dades, que carece de familia y apenas es coLas Escuelas agrícolas semejantes á la de nocida personalmente en Madrid, por la alta Montevrain, en Francia, darían resultados sociedad, siquiera su nombre sea respetable eficacísimos; pero dirigiendo nuestra ateay bendecido por los pobres no ha pensado, ción á la niña, destinada las más de las veseguramente, en la tal fundación; pero ces á extinguir sus energías en la reclusión, ¿quién nos dice que ella ú otra, en análogas y por lo mismo más desigraciada que el nía condiciones, ao lo hará? ¿Qué nos cuesta so- que, por razones de todos conocidas, se hace ñar despiertos? Estamos en un día negro independiente al llegarla edad de la Quintal usted y yo; pues bien, cerremos los ojos, y al pensar en el tristísimo porvenir que la al abrirlos de nuevo percibiremos menos ne- sociedad le reserva, en imposible no sentir gruras; bastará para ello que dilatemos bien en el corazón una inmensa piedad en favor las pupilas y ensanchemos el corazón. de las incluseras. Es notorio que la mayoría