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DE TODO E L DO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO y? m y DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y m m y TELEFONO E l r- EL REY EN ALICANTE SU MAJESTAD Y SU COMJTJVA A SU PASO POR EL PASEO DE LOS MÁRTIRES Fot. Goñi, LA POLÍTICA INTERMITENTE MuLs. ra política, aun en los momentos de acierto, ha padecido un grave mal. Nos referimos á la política económica, á la de intereses materiales, á la que infunde el vigor físico á la nacionalidad. Cuando aparece un buen gobernante que orienta la política hacia una finalidad positiva, casi nunca viene á continuar una obra comenzada, ni tampoco inicia una labor llamada atener continuadores. Nos falta siempre el espíritu de continuidad y la energía de la colaboración. En las esleías aei (jobierno, en este orden de cosas, es, por regla general, un solo hombre el que actúa, faltándole la colaboración de los que le rodean en el sentido de hacer obra colectiva, y moviéndose sin el empuje de la opinión, que no se compenetra con la labor de los gobernantes. listo tiene por causa la carencia de opinión en estas materias de tan vital interés para el país, no siendo de extrañar, pues seguimos, como decía Jovellanos, tan empeñados en descuidar los conocimientos útiles como en multÍDlicar los Institutos de inútil enseñanza. En cambio, propendemos á imitar cuanto se hace en el extranjero, y con la prisa caemos en la improvisación, que nos hace incurrir en fracasos que originan el abandono de lo principiado para emprender otra cosa nueva. Todavía no se ha dado aqui el caso de que el cuerpo electoral se haya movido por los empeños de una política positiva, encaminada á restaurar las fuentes de la riqueza y del trabajo. Por esto el gobernante que ha querido seguir por este camino ha carecido de ambiente y no ha encontrado el empuje colectivo que consagra las obras individuales. Nos pasa en la política lo mismo que en la ciencia; no contamos más que con sólita ríos. En las demás naciones, el estudioso es el factor de un enjambre que produce para la misma colmena; en ella se acopia miel á la que aportaron otros enjambres y queda abierta para que otros prosigan su caudal. Cuando tuviéramos un pensamiento fijo y seguro respecto á esta política, en la que no caben bandos ni divisiones, una vez acertada, entonces pudiéramos discutir en el orden de las ideas; pero coincidiríamos en esto y no cabría la variación constante que esteriliza todos los esfuerzos. Los par- tidos se diferencian en otros puntos que apasionan á los hombres; pero estarían de acuerdo respecto á los problemas de la vida nacional, y los cambios de Gobierno no traerían alteración en la marcha emprendida para solucionarlos. Don Pedro Franco Salazar, en su libro Restauración política, económica y militar de España, publicado en Madrid el año 1812, pintaba de mano maestra este mal que nosotros ahora lamentamos. Una de las causas- -dice, -tal vez la de mayor influjo, que ha contribuido al atraso de nuestra agricultura, industria y comercio, ha sido el no haber jamás establecido el Gobierno un sistema nacional, fijo, combinado y constante, como lo han hecho las demás naciones, sino que siempre hemos ido creando, destruyendo y mudando de ideas segán el modo de pensar de los sujetos que han mandado. Y más adelante añade: Todo ha corrido al arbitrio de los personajes que han gobernado. Ha venido un ministro ó un soberano inclinado á la guerra ó á la marina, y no se ha pensado más que en soldados y áávíos, descuidando al mismo tiempo los ramos económicos, que son los que suministran el caudal necesario para mantener