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ABC. V 1 EKNES 15 D E ENERO D E 1909 EDICIÓN PAG. 4. representativos en los días en que vivimos; cuando tratamos de determinar detalles sintomáticos rodeados de los mi mos sucesos que tratamos de juzgar, moviéndonos en un ambiente de pasión, sin la perspectiva que da la lejanía, ¿cuáles no serán las dificultades con que habremos de tropezar? Y ¿á cuantos errores, confusiones y extravíos no estaremos sujetos? El hecho de Valladolid, ¿es un signo de los tiempos Estos tiempos, ¿son realmente de clericalismo? Yo creo que se exagera un poco en todo esto; creo que estamos dando mandobles sobre un fantasma. Durante muchos años (los años progresistas y románticos) ha sido un tópico parlamentario el clericalismo; seguimos ahora hablando de sin darnos cuenta de que las sociedades humanas han cambiado mucho. Seguimos hablando de ello para alucinar y cautivar á las masas. A mi entender, otros tenómenos sociales deben solicitar la atención del observador con más razón que éste, fín el siglo xvi, por ejemplo, la Iglesia dominaba en la sociedad; no se podía discutir ni examinar libremente el dogma; la imprenta era rigurosamente inspeccionada por el poder eclesiástico; la opinión no era libre en esta materia. Nada de esto acontece hoy; reina en estas materias la más absoluta libertad; en libros, en periódicos, en discursos se pueden exponer las más libérimas opiniones; la Iglesia no ejerce ninguna coacción ni tiene poder ninguno sobre el ciudadano. Se podrá argüir que la Iglesia puede ejercer y ejerce una influencia social; pero ¿qué clase profesional, qué clase social, qué instituciones, no la ejercen? ¿No la ejerce el abogado (y se habla de abogadismo) no la ejerce el médico (y no hay que recordar la influencia nefasta, pintada en el teatro y en la novela, de los grandes industriales de la Medicina) no la ejercen los ingenieros (y no es preciso traer á colación las galerías de minas que se hunden, los edificios y puentes que se desploman por haber sido construidos con la mira puesta en la ganancia? Repito que, á mi parecer, el fenómeno so cial clericalismo no merece el primer plano en que oradores y articulistas liberales le colocan para embaucar á los papanatas; los papanatas, por otra parte, van sier. do cada vez menos. Las ¿sociedades humanas se han transformado. Hoy el poder de las sociedades reside en el dinero. La masa humana se ha industrializado. El dinero es el resorte que hace la infelicidad ó la desgracia de las sociedades. Una nación en que abunde el dinero y en que éste sea benéficamente dirigido y encauzado y distribuido será una nación próspera y libre. ¿Qué sucederá cuando el dinero esté acaparado en manos de unos pocos; cuando el trabajo se retribuya miserablemente; cuando por el dinero se cometan mil iniquidades é injusticias; cuando la formación de una gran fortuna lleve como dolorosa secuela lágrimas y angustias; cuando una Compañía ó Empresa poderosa pueda llevar la miseria á una masa de ciudadanos, ó encarecer súbitamente la vida de millares de hombres? Estos son, á mi juicio, los fenómenos sociales que es preciso estudiar. Déjense los liberales españoles de combatir fantasmas; np vivimos en el siglo xvi, sino en el xx. Con su sistema no cambiarán á nadie. Aumentar el bienestar de un país y hacer menos duro y más bien retribuido el trabajo, debe ser la finalidad de toda la política moderna. AZOR 1 N tía sólo destruye los sentimientos pasaie- dos fabulosos, y ya se había de un millonaros, los caprichos que no se someten á las rio dispuesto á preludiar el tercer idilio de duras pruebas del tiempo y de la incons- la Princesa. Sin el ruido, sin el escándalo, tancia. Pero cuando se trata de dos almas Maritza sería una excelente artista, como hechas la una para la otra, en- vano se sepa- hay centenares, que se ganaría su vida morarán; la ausencia se entretendrá en tejer destamente. Gracias á las locuras del joven tenues hilos de misteriosa simpatía que van Roberto, la arrogante Maritza puede lucir y vienen de corazón á corazón, aproximán- su título de ex Princesa y hacerse pagar dolos, estrechándolos, aprisionándolos. Nos muchos miles de francos por cantar unas separamos de una mujer para olvidarla, baladas sentimentales, que es lo que por espara matar un naciente afecto, y al encon- tas tierras priva. trarla más tarde vemos que la estimación En todo este negocio no sale perdiendo se ha convertido en amor. ¿De qué sirvió, nadie más que la inocente Walkyna, la pepues, la ausencia? queña Sigmunda- Brunilde- Sieglinda, deliEstela Alexander y el principe Roberto se ciosa princesita de veinte meses, á la que separaron amigos nada más, y al reunirse sólo Dios sabe qué suerte está reservada. meses después vieron que se amaban. Ro ¿Qué pensarán de esta criatura las arruberto abandonó su hogar y su patria y co- gadas duquesas del faubourg? Porque así rrió á buscar á la hermosa divelte, poniendo como el joven Roberto es el nieto de muá sus pies su nombre y su juventud... De la chos reyes y de una planchadora, la princefortuna no había que hablar... ¡El Príncipe sita Sieglinda, la hija del príncipe de Brono tenía dos pesetasl glie y de una divette... ¡es una Broglie! ¡Aunque ustedes no quieran, señoras du ¿Qué menos puede hacer un Príncipe sin dinero para probar su amor que casarse con quesas! JOSÉ JUAN CADENAS la dama de sus pensamientos? El joven Roberto pensó que no sería la primera vez que París, Fnero. nn Broglie contrataba una messaíliance, puesto que ya nn mariscal de Broglie, su antepasado, se había casado con una planchadora... Y contra viento y marea, desoyendo las súplicas de la familia, un buen día se casó en Nueva York con la divette. Las arrugadas duquesas del fqubourg pu- p L FAMOSO CLERICALISMO Don Melsieron el grito en el cielo... ¡Dónde íba- quiades mos á parad ¡Un Broglie! ¡Un nieto de re- Alvarez hizo ayer una pregunta que inspiyes! Y el anciano padre del Príncipe arras- ró algún interés. En Valladolid se ha incoatró su 3 blasones por las columnas de los pe- do un proceso eclesiástico contra un clérigo; riódicos, publicando protestas y anuncian- el representante de la Iglesia ha pedido al do que iba á pedir la anulación del matri- poder judicial que encarcele al clérigo; el poder judicial ha encarcelado al clérigo. Pemonio. Entre tanto, lo primero que hizo fue sitiar día el Sr. Alvarez que se libertara al encarpor hambre á la feliz pareja, cortándola los celado (puesto que el poder civil no puede proceder en procesos de esta naturaleza) víveres. pedía también el orador que se castigase en ñ, grandes males, grandes remedios. Los el representante del poder judicial esta ex príncipes de Broglie decidieron ganar- tralimitación de sus funciones. Se le contesse la vida y se contrataron en un music hall; tó al Sr. Alvarez que se habían dado órdeella, cantando baladas sentimentales; él, di- nes para que el clérigo encarcelado quedara rigiendo la orquesta. El escándalo fue for- en libertad, y que á consecuencia de dichas midable; pero los contratos llovían de las órdenes se hallaba ya, en efecto, libre; se le cinco partes del mundo, los miles de fran- contestó además que se le aplicaría la ley cos entraban en sus bolsillos á puñados y al representante del poder judicial que se los Príncipes se daban una vida de lo que extralimitó en sus funciones. eran 3 ¡de Príncipes! ¡Ya podían gruñir las Nada más. En el hecho citado, el Sr. Alduquesas deXfaabottrg! varez veía un csigno de los tiempos Los Cargados de dolían regresaron á Europa tiempos son de clericalismo; el hecho refemeses después, y en Bayreuth, durante un rido acusa y realza este estado de clericaciclo de la Tetralogía, la Princesa dio á luz lismo, Ante todo, según mi modesto entenlina niña, que fue bautizada allí mismo con der, es muy difícil determinar qué hechos los nombres de Sigmunda Brunilde- Sieglin- definen y simbolizan una época; es tarea da. Esta inocente Walkyria es en la actuali- bastante delicada dilucidar los hechos, los detalles, los sucesos que tienen una impordad una linda princesita de veinte meses. Pero al llegar á Francia el joven Roberto tancia sintomática, representativa, y los que comenzó á torcerse. Las autoridades prohi- no la tienen. En esto precisamente estriba biéronle exhibirse en ningún teatro, y los 5 a dsficultads la gran dificultad de la Histobrillantes contratos que le ofrecían las Em- ria Un historiador se encuentra ante sí una presas de París fueron anulados. La Prince- serie numerosa de hechos, una red tupida sa, más valerosa, decidió arrostrarlo todo, y de pormenores: ¿cuáles de estos hechos, de se presentó en el aristocrático teatro de la estos pormenores, son los que realmente constituyen la vida, la esencia del período Scala, donde la hicieron una ovación. se estudia? ¿Qué hecho se es ¿Qué ha pasado luego? ¿Han sido celos histórico que representativo y sintomático? como artísticos? ¿Ha sido el hastío? Lo único cier- cogeráelección dependerá nada menos que to es q, ue el Príncipe abandonó á su esposa, De la luego formemos de la- época sin querer decir á nadie los motivos que el juicio quelos hombres del tiempo de que para ello tuviera. Maiitza explica la ruptu- histórica, de directores de la sociedad en de los ra diciendo: Después de una ausencia de se trate, sazón y aquella popular dinn mes, vino una mañana, recogió sus ropas ligida. Téngase aun de la masa cuando tray se marchó, anunciándome que sti aboga- tamos de elegir en cuenta que pasados los do me lo explicaría todo. Se fue sin dar un hechos que nos en los siglos parecen signos reprebeso siquiera á su hija, y me ha dejado caballerosamente en vián dome todos sus acree- sentaciones la lejanía del tiempo, la ausencia de solidaridad con aquellos hombres, dores. la frialdad con que contemplamos tan re Estas deben ser costumbres de los chicos motos sucesos, facilitan nuestra tarea de del faubourg, y en París no hay que asom- elección y nos dan un cierto desapasionabrarse de nada. Maritza no debe quejarse miento (que no llega á ser absoluto, porque de su segundo idilio conyugal porque la ha siempre influyen en el juicio las ideas polídado celebridad, y una artista no necesita ticas, religiosas ó estéticas de nuestro tiem, otra cosa para hacer su camino. Por lo pron- po) Pero cuando se trata de elegir hechos io, las Empresas se ¡a disputan, cobra suel- IMPRESIONES PARLAMENTARIAS NUESTROS GRABADOS J n nuevo aparato de salvamento. La frecuencia con que se producen ae cidentes durante la temporada de invierno en el lago del Bosque de Bolonia en París,