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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y M A D R I D U N A EXPOSICIÓN ARTÍSTICA VISTA PARCIAL DE LA NOTABLE EXPOSICIÓN DE OBRAS DEL PINTOR SR. MENENDEZ PÍDAL, INAUGURADA RECIENTEMENTE Fot. R. Cifuentes. LA PARÁBOLA DE DON QUIJOTE (RELATO DE NAVIDAD) p l estudiante Pepe Díaz abrió los ojos y se quedó maravillado; en medio de la alcoba estaba de pie Don Quijote de la Mancha, armado con todas sus armas y viejo, completamente viejo. ¿Quién eres tú... -exclamó Pepe Díaz; y oyó una voz triste y cansada que decía: ¿No me conoces? Soy el ingenioso hidalgo... ¿EJres Don Quijote... -Ya lo ves, soy el mismo Don Quijote. Pero vengo muy cansado. ¿Me permites que me siente? -Sentaos, señor. Ocupad mi asiento como si fuera el vuestro propio. Jamás huésped más ilustre honró esta humilde estancia... En efecto, Don Quijote se sentó sobre el baúl mundo, con un ademán de abatimiento. Al sentarse crujieron las piezas de su armadura, y al chocar la espada con estas piezas levantó un ruido extraño, como de hierros viejos. Después a ad. ló; -No me hables en fabla antigua, joven; trátame de usted, como ahora se usa. Porque, aquí donde me ves, yo soy una persona que está enterada de cuanto ocurre en el mundo actualmente. ¿Te asombras? Pues voy á explicarme. Yo no me he muerto aún... quiero decir que permanezco desde hace tres siglos flotando por los aires, en forma corporal, pero invisible para los hombres. ¿Has oído hablar alguna vez del alma de Garibay Como esa alma de Garibay he vivido hasta ahora, sin estar en la tierra y sin llegar al cielo, viviendo, pero sin morir completamente. De manera que me he enterado de todo; he visto transcurrir la vida de mi patria hora por hora, he oido las voces de mis conciudadanos, he presenciado sus tonterías y bellaquerías, y últimamente ha querido, Dios que acabase mi vida errátil, poniéndome sobre la tierra con el mismo atalaje que usé en vida. Yo me alegro de esto, porque mi estado ¿j presencia espiritual y de permanencia inacabable me producía cansancio. Ahora espero que mis años se acabarán pronto y qne podré morirme de veras, yendo á descansar al seno de Dios Nuesüo Señor, Pero entre tanto que llega esa hora, yo necesito viviré córner, calentarme, y por eso vengo aquí, á que me busques tú alguna manera de ganar un poco de alimento y de abrigo. Ya los lectores se habrán imaginado lo grande del asombro de Pepe Díaz, el estu. diante. Miraba, volvía á mirar y no salía de su asombro. Y si ahora sentía alegría por tener como huésped á su admirado Doa Quijote, después sentía un gran dolor por la vejez y miseria de su ilustre huésped. I o que le interesaba con más fuerza era saber que el valeroso hidalgo había asistido á todos los sucesos de la Historia de España. ¿Pero es verdad que ha visto usted... -Todo lo he visto. ¿Asistió usted á las derrotas de Felipe IV, á la hueca fanfarronería de aquel pobre reinado? -Sí, joven, sí. Y luego observé todas las tristezas de Carlos II, y más tarde vi la invasión de Francia... Todo lo he visto. ¿También lo de Cuba? También lo de Santiago y Cavite... -También. Después de haberlo visto todo, ahora quisiera ser útil en alguna cosa. P entonces, ¿por qué no vuelve á