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DE TODO E l MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO t ya DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO LA. N O C H E B U E N A EN EL HOSPITAL EL DIRECTOR DEL INSTITUTO RUBIO, CONDE DE SAN DIEGO, ACOMPAÑANDO A LAS DISTINGUIDAS DAMAS QUE REPARTIERON LA CENA A LOS ENFERMOS Fot. Goñi. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS 1 A INVASIÓN EXTRANJERA El senador Mr. Rivet, en su informe ante la Comisión de Presupuestos, se ocupa de los espectáculos subvencionados en particular y del teatro en general. Mr. Rivet ha visto con disgusto que de año en año crece la invasión teatral extranjera, y da el grito de alarma. No hace mucho tiempo- -dice- -podía observarse que en el extranjero eran obras francesas las representadas en todos los teatros. París era el proveedor del mundo. Ahora se traduce, se arregla, se adapta todo lo que el extranjero produce en dramas y comedias, no para representarlas en matinée una ó dos veces, sino para que ocupen muchas noches el cartel Es decir, amigos míos, que el senador Mr. Rivet no se opone á que sea represen tada en París una obra extranjera un par ae veces por las tardes; pero se lamenta deque ya no triunfen como antes las comedias francesas en todos los teatros del mundo. Es muy equitativo este abuelo de la patria francesa. 1 ALVARO UURTUBAY, Pero lo peor del caso es que no tiene razón, porque precisamente en París las puer- QUE ADQUIRIÓ CINCO DECIMOS DEL tas del teatro no suelen abrirse con facilidad NUMERO AGRACIADO CON EL PREMIO DE 6.000.000 DE PESETAS al extranjero, y cuando se entreabren un poco nada más y el autor extranjero conFotografía remitida por Santaló. quista un triunfo, ha de contentarse con la gloria... El provecho no existe. Leeréis constantemente en la Prensa de París títulos de obras extranjeras, y habrá autores que envidien á los que logran el honor de ser traducidos. ¡Estrenar en París! ¡Ser conocido en París! ¡Ahí es nada! ¡La fortuna! ¡La gloria! ¡Cientos de miles de francos! ¡Retratos en los periódicos! ¡Artículos encomiásticos de los críticos de mayor nombradía! Nada... No hagáis caso de esto... Un éxito en París- ¡hablo de las obras extranjeras! -produce muchísimo menos que una piececita estrenada en el cine de la calle de la Encomienda; y respecto á lo de la gloria, yo os recomiendo que leáis los artículos que desde hace diez años ha escrito en Le Journat Catulle Méndez, pongo por crítico, cada vez que tuvo que juzgar una obra extranjera... ¡Seguramente se os quitan las ganas de veros traducidos en París! Es verdad que menudean los estrenos de obras extranjeras; pero ¿en qué teatros? En. el teatro de las Artes ó en las temporadas de invierno de Marigny, á los que no ya un alma, y en los cuales un éxito formidable produce catorce francos. ¡Qué pocas obras extranjeras veréis en Varietés, en el Vaudeville, en la Renaissance, en el teatro Réjane ó en la Porte- Saint- Martín; en una palabra, en los teatros donde los autores cobran como Dios manda y el público acude á la taquilla! Ahora acaban de estrenar Los Viejos en el teatro Marigny unos cuantos artistas laboriosos... El teatro está desierto... La crítica ha dedicado una docena de líneas al drama de Ignacio Iglesias. ¡Y contra esta invasión extranjera protesta el senador Mr. Rivet! ¡Poea confianza tie-