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A B C JUEVES 24 DE DICIEMBRE DE 1908. EDICIÓN 2 PAG, b. ¿quién puede sostener que lo sea igualmente adelantarse á los tiempos presentes? Pues bien; así corto el sexo bello resuciTÍN NUEVO EMBAJADOR El domingo KA. próximo lle- ta para sus trajes modas y estilos pasados, -gará á Madrid, para tomar posesión de su ini defendido se anticipa, y tiene la segurielevado cargo diplomático, el nuevo embaja- dad de que á la vuelta de unos cuantos años dor de Alemania, señor conde Christiari de vestirán los hombres como hace tres siglos. Tattenbach, cuya personalidad, como es sa- Por de pronto, él hace propaganda en ese bido, hubo de adquirir singular relieve en sentido, y predica con el ejemplo. Absuélvamele el Tribunal. No es que la Conferencia de Algeciras. Cuenta sesenta y dos años de edad, pues vista á la antigua, ¡no! Es que viste á lo porvenir. nació en Landshut en 1846. ¿Se dará por convencido el Tribunal? En la Legación de Pekín comenzó su carrera diplomática. De Belgrado vino luego OLÍTICA Y ARTE Ha intrigado mucho á Madrid como secretario de Embajada, y una cosa que publide aquí pasó a Tánger á desempeñar el Con- camos hablando de las obras teatrales de un sulado general de su país en Marruecos. Por ex ministro. Nos preguntan si no habrá su talento y su labor era á poso nombrado confusión y si las producciones citadas no ministro residente y afianzaba sus éxitos al serán de un ateneísta que tiene nombres y ser distinguido al cabo con la plenipotencia. apellidos iguales á los de un ex consejero Representó á su nación en Berna por es- de la Corona. Wo. Se trata, como dijimos, de pacio de dos años, y hallábase en Lisboa un ex ministro, persona muy culta y muy cuando el Kaiser desernbaicó en Tánger, simpática, por más señas. suscitando sospechas, temores y augurios AEMECB en toda Europa. La importancia que su gestión le granjeó CUENTOS ILUSTRADOS en Algeciras y el predicamento que alcanzara en la Corte de Portugal son prenda de EL BORRACHO confianza en sus altas dotes, que sabrán mantener y estrechar las buenas relaciones Y EL que entre Alemania y España existen desde nesitoro Veston había abierto en su puehace tiempo. blo natal un almacén de ropas hechas UADROS SUBÁSTALO Entre los cuaal estilo parisiense, y necesitó un maniquí dros subasta- para embellecer su escaparate. Uno de sus dos ayer y anteayer en la Exposición de la amigos de París le compró, por poco diPrensa han figurado los de Piadílla, Gon- nero, en el Hotel de Ventas, uno cuya nariz zalo Bilbao, Muñoz Degraín, Moreno Car- estaba algo estropeada, pero que tenía herbonero, Alvarez Sotomayor, etc. mosos ojos color cobalto, bigotes de lana De los de los pintores citados, el último negra muy espesos y mejillas rubicundas subastado fue el de Bilbao y casi dobló el que respiraban salud. precio que en las pujas que por escrito se le El amigo quiso enviar el maniquí en gran habían hecho. Otro tanto ha ocurrido con velocidad, pero la Compañía le exigió cinco los de Moreno Carbonero, Alvarez Sotoma- pesetas por el transporte. Para evitar ese yor y Muñoz Degraín. gasto, se le ocurrió una idea genial. ComEl de Llaneces ha sido uno de los eme más precio han alcanzado. De las obras de arte espuestas, La bailaora, de Benlhure, ha sido la que ha alcanzado puja más alta. p L PODER DE LA LÓGICA En las igle s i a s d e F siasdeFran ran cia hay un suizo encargado, como quien dice, del orden interior odel templo, el que abre paso en las procesiones, el que echa los perros que entran furtivamente en el sagrado recinto, etc. Viste, generalmente, el suizo vistoso traje de calzón corto rojo, casaca también roja recargada de bordados, gran sombrero de dos picos, bastón enorme con borlas. Pues bien, á un suizo de éstos el juez de paz de Tonnerre le ha impuesto una inulta de veinte luises por salir á la calle para ir desd. e su casa á la iglesia con tan deslum- pro UB billete de vuelta de un tren de recreo brador traje. Apeló el hombre ante el Tribu- por i,7 s, arropó el maniquí hasta los ojos y nal superior, y la sentencia fue casada. lo Uevó al andén de la estación, donde dijo Amparado en esta sentencia, nuestro á los empleados del ferrocairil que acomnabuen suizo volvió á salir á la calle con su ñaba á un amigo enfermo. uniforme estilo Luis XIII. -Aquí está su billete- -añadió, -voy á Nuevo multazo. Nueva apelación. instalarlo. Y aquí lo interesante. El representante de Dicho y necho. El amigo de Onesitoro la ley sostiene esta vez la resolución del sentó al maniquí en un rincón, colocó el bijuez de paz. Entiende que retroceder en ma- llete en la cuita del sombrero que llevaba el teria de indumentaria es provocar la hilari- muñeco y se marchó. dad pública y dar ocasión á alborotos calleHabía escrito á Onesíforo Vesion dándojeros. le cuenta del procedimiento económico que En Carnaval ese retroceso histórico es lí- pensaba adoptar, y añadía en la carta: cito; pero fuera de esos días, 110. Irá el maniquí en el último depailamen ¿Cómo que no? -dice con lógica aplas- to del último coche de tercera clase del tren tante la defensa del suizo. -Pues qué, ¿las de las ocho. Acude á la llegada, recógelo y señoras no visten actualmente y en públi- di que se trata de ttn amigo enfermo. Enco al estilo de Luis XVI, del Directorio, del contrarás el billete en la cinta del sombrero Imperio? Y si estas épocas son relativamen- del maniquí. te modernas con relación á la de Luis XIII, El maniquí hubiese negado sin novedad ¿no se peinan las damas y hasta se visten á su destino si cinco minutos antes de la salida del tren no hubiera entíado en el coche como las griegas de hace más siglos? Finalmente, concediendo que el retroceso un individuo, que tenía una borrachera feen la indumentaria sea una falta, un delito, nomenal. ¡Fatalidades de la vidal COSAS QUE PASAN... El borracho saludó al rüanfqm cortésmente, pero tambaleándose, y cuando se puso el tren en marcha sacó una pipa, la llenó y preguntó con voz aguardentosa: ¿Le molesta á usted el humo? Y como no le contestara, añadió: -He cumplido pidiéndole permiso; estoy en regla- conque no me diga usted luego P O que el humo del taoaco le uare Me lldíiio Rebollo Y usted, ¿cómo se llama 5 Lanzó una bocanada, aguardando que el otio contestara, y prosiguió: ¡Qué demonios! Bien podía usted contestar. ¿Te callas... Conste que no te pido nada... y que te desprecio. Y Rebollo, muy amoscado, guardó silencio durante media hora. Se limitó durante aquellos treinta minutos á lanzar miradas hostiles á su compañero de viaje. De pronto, se levantó de su asiento y vociferó al oído dejí maniquí, cuya impasibilidad le indignaba: -Te digo que te desprecio... jAnda, insúltame ahora, y verás! Y como el otro callara, prosiguió muy ex citado: ¿Cuándo concluirás de tomarme el pelo y demirpirnecon esos ojos de besugo? ¿Acaso tengo monos en la cara? ¿Qué dices, so puerco? Y levantó la mano sobre ei impasible nía niquí. -Habla más alto, que no oigo. Rebollo le soltó un magistral puñetazo. ¡Demonios! -exclamó el beodo. ¡Qué duros tiene los huesos! Eso no puede seguir así. ¡Defiéndete, gallina! La emprendió á patadas y á puñetazos con su enemigo, hasta que éste cayó al suelo, y el borracho se volvió á sentar, muy sa tisfeeho de su heroico comportamiento. Pero la inmovilidad de su seudo víctima llegó á preocuparle. ¡Maldito sea! -exclamó- No se muevel Se inclinó para oir los latidos de su corazón y se pliso muy pálido. ¡Se ha matado! -murmuró, ¡vaya una gracia! ¡Estoy fresco... Reflexionemos... Lo que es á mí no me encuentran con el cada ver. Lo voy á arrojar por la ventanilla. Y lanzó el maniquí a l a vía. Pasó algún tiempo, el tren se detuvo en una estación y abrieron la portezuela. Era Onesíforo Vestón, que se extrañó al ver un. hombre don- de le anunciaba su amigo que encontraría un maniquí. ¿No venía nadie con usted? -preguntó el boiracho. -Sí- -balbució Rebollo, muy alarmado, un hombre con grandes ojos azules y cu bierto hasta los ojos. ¿Qué ha sido de él? -Pues... se ha bajado en otra estación. El tren siguió su marcha y Rebollo se enjugó la frente, inundada de sudor. Onesíforo se quedó viendo visiones. ISAN- DRAULT.