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pNEWálAS DE RAZA Digan c u a n t o quieran los malhumorados, los escépticos y los pesimistas, aun existen alientos y energías en nuestra raza. Hace muchos años que sufrimos en España las tristes consecuencias de una itteultura, fomentada por ruines y egoístas caciques, que, á semejanza de los malos padres, para justificar sus vicios y tiranías, protestan á diario de la incapacidad y rebeldía de sus hijos. Se ha dicho que nuestro pueblo es ingobernable, incapaz de redención; las legítimas aspiraciones de todo ser inteligente y trabajador no se favorecen: foméntanse de modo indirecto la ignorancia y la miseria; la roña mendicante, en todas sus variadas formas, cubre nuestro cuerpo, y lo que parece lepra incurable no es otra cosa que suciedad y desidia. Buena prueba de ello es que cuando los españoles buscan en otras tierras medios de trabajo, aun abandonados á sus propias fuerzas, conquistan la fortuna ó el bienestar, demostrando plenamente que la capacidad intelectual no es menor en nuestra raza, siquiera se halle, por las causas dichas, marchita y debilitada. Esta circunstancia se evidencia mayormente cuando se estudia la mujer española, dotada de excepcionales condiciones, pero falta en absoluto de medios de desarrollarlas en bien de la patria. Y es que, á despecho de nuestra decantada galantería y nobleza, por atavismos incomprensibles y, lo que es peor, por exotismos odiosos, se la considera casi exclusivamente como objeto de gala y de placer, adulando su hermosura; y cuando ella no puede ó quiere soportar la dorada esclavitud, no tiene otros caminos sino aquellos que, alejándola del hogar, la conducen á explotación perpetua, más ó meaos dolorosa. De esta inmensa desdicha resulta el niño desamparado casi siempre y en toda ocasión, ocupando un lugar secundario en la familia y en la sociedad. Estas verdades quedan demostradas muchas veces en estas modestas hojas de propaganda, cuya finalidad quizá sólo comprendan las almas que sepan sentir y meditar. s OS TENACES Pero, aunque coa lentigo t n j desesperante, van triunfando poco á poco los tenaces que se han propuesto sacudir esta modorra nacional, obligando á las gentes á que abran los ojos y vean bien los peligros que nos rodean por todas partes. Entre aquéllos, formando una nutrida vanguardia incansable y laboriosa, se hallan muchos médicos, casi todos educados por su propio esfuerzo, pues en la época en que comenzaron sus estudios, las Facultades nacionales carecían de elementos de experimentación y enseñanza adecuados. No pocos fueron al extranjero y de allí aportaron novedades y adelantos. Si la cooperación oficial hubiera sido equivalente, ya que no igual, á estos entusiasmos individuales, es casi seguro que el progreso científico habría adquirido amplio desenvolvimiento y se recogerían en la actualidad sazonados frutos. No son justos los que desdeñan la Medicina española, en re cuyos cultivadores hay muchos entusiastas propagandistas de la Higiene. Merced á -sus esfuerzos parece iniciarse una evolución favorable á la vida nacional, pues los Poderes públicos comienzan á proteger la instituciones sanitarias. POR LA VIDA, POR LA PATRIA La Liga nacional antituberculosa se ha organizado con valiosos elementos, presidiéndola personalmente el ministro de la Gobernación con un entusiasmo muy digno de loa. Es vicepresidente de la Liga el doctor Espina, personalidad importante en la Medicina contemporánea. Dotado de un espíritu vigoroso, con una actividad admirable, se ha convertido hace muchos años en un inteligente difundidor de cuantos adelantos se presentan en el campo científico, acudiendo á Congresos, visitando clínicas y laboratorios, adquiriendo los instrumentos nuevos de investigación y propagándolos con el mismo celo que si se tratase de invento propio; escribiendo sin tregua ni descanso, sin descuidar la discusión académica, donde eon rostro juvenil, iluminado por una perpetua sonrisa, velada eon pasajero gesto de amargura en ocasiones, encomia lo nuevo, repite sin un punto, como escolar aplicado, las lecciones modernas, clavando, acaso para justifiear su apellido, cuando maneja la ironía, las tenues espinas de la rosa, que punzan sin herir y por lo sutiles es difícil desprenderse de ellas. El penetrante aroma de la flor disipa fácilmente la mo lestia del pinchazo. Es hombre que al andar va siempre de prisa, aun caminando al paso de los demás. En la actualidad ha recorrido, por encargp del Gobierno, las instituciones antituberculosas establecidas en España, y una feliz casualidad me ha permitido oir la conferencia que acaba de pronunciar en Cádiz, tierra muy querida por mí, en donde se halla uno de mis predilectos amores. Le he visto conmoverse aute unas tiernas criaturas, y he oído de sus labios la buena nueva, proclamada ante un auditorio numeroso y atento, que seguía con interés creciente la descripción cinematográfica de la campaña salvadora. 1 A PALABRA VIVA Sucede con estas conferencias y artículos que no pocos individuos, al oirnos ó leernos, fruncen las cejas y exclaman: Eso ya lo sabíamos y así es; pero la verdad, por mucho que se repita, siempre suena bien, y alguno hay que no la conoció ó la ha olvidado. La oración dominical, con su escueta y hermosa sencillez, debe repetirse á diario por el creyente. Ella afirma la fe y logra difundirla al desengañado ó al escéptico. En estas predicaciones instructivas se recuerdan las tristes cifras de la mortalidad, que dicen de modo irrecusable que por cada 10.000 habitantes mueren 14 en Murcia, 22 en Valladolid, 23 en Alicante y en Valencia, 27 en Granada, 28 en Córdoba, 33 en Barcelona, 35 en Madrid y Zaragoza, 38 en Málaga y Bilbao, 42 en Sevilla y 58 en Cádiz. Precisamente en estas dos capitales es donde importaba más que resplandeciera la palabra viva de la ciencia, demostrando que esas cifras pueden rebajarse, como ha ocurrido en Nueva York, donde una activa propaganda hizo que la mortalidad descendiera de 4,42 por 1.000 que señalaba en 1886, á 2,41 por 1.000 en 1907. ¿Por qué siendo tan bellas las citadas ciudades de la región andaluza es en ellas la mortalidad aterradora? haciendo exclamar sa! Por la indiferencia pasiva de los hombres, que descuidan de día en día el cultivo de las fuentes de riqueza, atenuándose el vigor colectivo, librando rudas batallas la pobreza y la ambición, fomentando las suicidas corrientes t con el poeta: Ay, infeliz de la que nace hermo- De no despertarse y vigorizarse esos alientos y energías de la raza, que existen, puesto que surgen potentes con una simple trasplantación, la ruina nacional será definitiva. Y véase confirmada la exactitud del refrán no hay mal que por bien no vengan. La defensa del cólera provocó la organizacióu sanitaria; la lucha antituberculosa puede producir una positiva revolución en las costumbres. I OS HECHOS PRÁCTICOS Aplicándose los remedios conocidos para evitar la peste blanca, traidora y solapada, que invade á las clases acomodadas y á las pobres sin distinción, se transforman radicalmente los pueblos, pues todo lo referente á la vivienda y alimentación se modifica profundamente. Además, los hábitos perniciosos tienden á desaparecer al perseguirse á los cooperadores de la tuberculosis, como el alcoholismo y cuantos vicios degeneran y deprimen al ser humano. El temor de enfermar fomenta las mutualidades bienhechoras, que evitan la miseria individual, y cuando los primeros síntomas de padecimiento se presentan, el enfermo acude al Dispensario, que le instruye, le socorre y le anima. Pero donde más admirable resultado producen los efectos preventivos es en la infancia, cuya vida se regenera por completo, evitando por igual, como dice Espina, que sea planta de estufa ó escoria del arroyo. Los Comedores para las madres pobres que lactan á sus hijos, los Consultorios y Gotas de leche, los refugios para la infancia desvalida, y, sobre todo, la Escuela, verdadera expansión del hogar, donde no hallan los niños todavía en nuestra patria la materna protección que la preconiza. Existen, por último, y o hay que cansarse en repetirlo, desdichadas criaturas que no tienen sitio en la escuela, á quienes el Dispensario es deficiente, y que, aun siendo admitidos con dificultad por la cronicidad de sus dolencias, aparentemente incurables, no pueden ser salvados en la casa, donde constituyen á su vez un peligro. Para ellos se han creado losSanatorios marítimos ó de montaña, los cuales no son tan costosos como parece y reúnen una eficacia tal, que no es posible cansarse en repetirlo. No hay en esta lucha ningún elemento mejor que otro, todos son igualmente necesarios. Así como en la guerra todas las armas son útiles y las distintas fuerzas son indispensables, completándose, no es conveniente en esta grandiosa campaña desdeñar ó negar la eficacia de los variados procedimientos puestos en práctica por los hombres de ciencia. Lo que interesa singularmente es que todos sean combatientes, como en las guerras de independencia, y los que no sepan ó no puedan combatir proporcionen los medios que les sugiera su amor patriótico. Es urgente asimismo que- esta generosa siembra vaya seguida de una fecunda proliferación de las semillas. p L PODER DE LAS IDEAS Nohacecin. -co años que un ilustre sabio, que es un gran artista y ua gran corazón, el doctor Carlos Richet, daba una conferencia en París acerca de la tuberculosis. Desde la Sorbona decía á un público numeroso de señoras, médicos y políticos que le ocurría era hacedero ensayar la creación de un. Dispensario en el cual tt