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DE TODO E L MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO 4 4 DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y 4 l 4 TELEFONO LA NIEBLA EN PARÍS LA PLAZA DE LA REPÚBLICA, A LA UNA DE LA TARDE, EN LOS PRIMEROS DÍAS DEL PRESENTE MES. DURANTE LOS CUALES REINO EN PARÍS DENSÍSIMA NIEBLA Fot. Delius. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS p L TEATRO NACIONAL Cuando se trata de copiar un organismo extranjero, lo primero que se debe hacer es estudiar su funcionamiento y ver cuáles han sido los inconvenientes con que ha tropezado en la práctica en su país de origen. Nada es perfecto, y la Comedia Francesa, tal como la creó el decreto de Moscou... tampoco lo es. ¿Queremos hacer ahora el Teatro Nacional en España? Maravillosa ÍS la idea y digna del aplauso y la ayuda de todos. ¿Se proponen sus fundadores copiar la organización del Teatro Francés? Me parece muy bien, pero evitando que i. a joven institución nazca con los defectos que todo el mundo reconoce existen en la Comedia Francesa. Escaimentemos en el Teatro ajeno. Créese, pues, nuestro Teatro Nacional sobre las bases que lo fue el Teatro Francés; pero á la hora de reglamentar su vida y de repartir deberes y derechos estudíense los inconvenientes que á cada instante aparecen en la Casa de Moliere y evitémoslos en nuestra nueva Casa. p n primer lugar, el Teatro Nacional no es la casa de los autores, sino la de los cómicos. Es una especie de Academia, cuyas puertas se abren sólo á los merecimientos probados de las actrices y los actores. Figurar en el elenco del Teatro Nacional debe. ser la más- alta gloria á que pueda aspirar un artista. Una vez ganado el puesto, el artista está en su casa, tiene seguro su sueldo y una participación en las utilidades, si las hubiera, con arreglo al número de representaciones en que haya tomado parte. Con la subvención oficial se hace también iin fondo que sirva para facilitar las pensiones que deben ser acordadas á los artistas retirados de la escena nacional pasado el tiempo reglamentario. Es indispensable el Comité de lectura. Iva ComediaFrancesa le suprimió, y ahora se ve que no hay más remedio que resucitarle. Pero en este Comité de Lectura no tienen para qué intervenir ni el abono, en nombre de la cursilería ambiente, ni el Gobierno, en representación de la ignorancia oficial, ni los autores, ni nadie. I OS cómicos, nadie más que los cómicos, naturalmente; las seis ú ocho ó diez primeras figuras y el director- administrador. Y los cómicos son los que deben juzgar las obras y disponer el turno en que han de ser- representadas. L. os repartos los hacen el autor y el director, de acuerdo ambos. Preguntad uno por uno á los autores españoles, y todos preferirán ver sus obras juzgadas por una asamblea de actores antes que por un autor. Confiarán más, mucUQ más, en la imparcialidad de los cómicos que en la de unos cuantos compañeros, por gloriosos y respetables que sean. Estos cómicos del Teatro Nacional podrán hacer tourne es por provincias y el extranjero cuando las necesidades del trabajo marcado en las tablillas se lo consientan; necesitarán para ello permiso de la dirección, y mientras dure la tourne e sólo percibirán la mitad de su sueldo. Cuando quieran dejar de pertenecer á la compañía deberán presentar su dimisión con un año de anticipación, renovándola pasados los seis primeros meses. Si no la renovaran, se entenderá que la retiran. ¡Oh! Esta es una cláusula muy importante. I a mayor parte de las dimisiones presentadas... no son renovadas seis meses después. En seis meses los más encarnizados enemigos tienen mucho tiempo para reconciliarse, y entre las gentes que viven entregadas al Arte, digámoslo en honor suyo, no suele ser duradero el rencor. Pero si un artista insiste en dimitir, pasado el año será libre de hacerlo, renunciando, naturalmente, á sus derechos á la pensión de retiro. Y quedándole cerradas para siempre las puertas del Teatro Nacional, y sin q e pueda jamás aspirar á ninguna concesión del Estado, á ninguna recompensa oficial. Aquí está Sarah Bernhardt, que se escapó de la ComediaFrancesa... y se va á morir sin conseguir la suprema aspiración de su vida: la I egión de Honor. ¡Y Sl Bernhardt!