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A B C DOMINGO 6 DE DICIEMBRE DE 1908. EDICIÓN 1. PAG. 8. esas ferroviarias y recibiendo de ellas áueldos. i Inspírese el Gobierno en los intereses de la nación para resolver este problema. El presidente del CONSEJO: Nada me extraña de la maledicencia en ejercicio; es un achaque nacional, y no íbamos á librarnos de él en este caso. Pero no hay para ello el menor fundamento, porque el Gobierno no desoye las peticiones que se le dirigen, como lo prueba que en el proyecto de presupuestos para 1909 el ministro de Fomento incluye el plan de ferrocarril de Madrid á Valencia por Cuenca y Utiel. Pero estas cuestiones no se pueden plantear en mítines ni en el Parlamento mientras no haya estudios y otras garantías. E 1 ministro de Fomento tiene ya el encargo del Gobierno de resolver la cuestión en la forma más conveniente, y así se lo he dicho yo á los comisionados. Lamento dos cosas: ese anticipo de actitudes rebeldes con revolucionarios, propio de la Historia de España, pero que hemos de tratar de corregir, y también que se hable de la influencia de las Compañías ferroviarias con el Gobierno. En éste está el señor Rodríguez San Pedro, contra quien nada hay que decir. (Risas en la mayoría. Rectifica el Sr. S ORÍ ANO, manifestando que Valencia tiene gana de saber si va ó no á construir el ferrocarril directo. Dice que se ha engañado tantas veces á dicha provincia, que ahora sólo confía en ver empezar las obras, para lograr lo cual apurarán todos los medios legales y de protesta, pues ya se ha visto, por lo que pasa con la Solidaridad catalana, que á veces conviene chillar para hacerse oir por los Gobiernos. Interviene el Sr. TESTOR para aoogar por las mismas peticiones que ha hecho el Sr. Soriano en pro del ferrocorril citado. El presidente del CONSEJO DE MINISTROS niega que él haya hablado, á no ser incidentalmente, de actitudes revolucionarias, y protesta eontra el propósito de querer colocar al Gobierno en una actitud de intransigencia y de parcialidad á favor de determinadas provincias. El Sr. TESTOR se lamenta del tono duro que con él ha tenido el presidente del Consejo, y dice que su deseo en esta cuestión es de paz y de concordia. Por el contrario, yo estoy seguro de que ni ese Gobierno ni ningún otro ha de ponerse enfrente de la opinión de Valencia en una cuestión tan justa y tan legítima como ésta. El presidente del CONSEJO se teucita de las palabras del Sr. Testor, é insiste en que el Gobierno ha hecho cuanto podía hacer, anticipándose á las aspiracioifcs de la región valenciana, encargando al ministro de Fomento la mayor rapidez en la tramitación del asunto. El Sr. SORIANO: Dice que el no ha querido buscar una plataforma política, ni muchísimo menos. Al intervenir en el asunto lo ha hecho respondiendo á la actitud unánime de Valencia, manifestada por todos sus representantes, desde él hasta el carlista Sr. Polo y Peyrolón. Alude al Sr. González Besada para que confirme la exactitud del relato que hizo acerca del proyecto de Cuenca á Utiel. El señor ministro de HACIENDA lo confirma, en efecto; pero añade que desde el momento en que hay un nuevo proyecto más favorable, y el Gobierno, por manifestación de su jefe, lo hace suyo, ya no hay que hablar más. Intervienen brevemente ios tíres. CRESPO AZORIN y CERVANTES y el presidente del CONSEJO para declarar que mientras el ministro de Fomento no someta el asunto al Consejo es prematuro hablar de él. El Sr. FRANCOS RODRÍGUEZ pide el pronto envío de unos datos que tiene solicitados el Sr. Canaleias para explanar una interpelación sobre el proyecto de ferrocarril de Valencia á Alicante por el litoral. El Sr. SALVATELLA pide un expediente. PRESUPUESTOS El Sr. JIMENO RODRIGO defiende un voto particular al dictamen sobre el presusupuesto de ingresos. Le contesta el Sr. BOMBARDERO, y se suspende el debate. Se acuerda que no haya sesión hasta el miércoles, y se levanta la sesión. encontró con que las bailarinas eran inarionettes, y armó el escándalo padre. Arana se había equivocado; pero no había engañada á nadie, porque era incapaz de ello. Todo estuvo en que no dijo que las bailarinas eran de madera, y el público las esperaba, de earne y hueso. Vino á Madrid y eargó con la empresa del Real. Varios empresarios se habían arruinado. El regio coliseo languidecía. Arana le resucitó. ¿Suerte? Lo que fuese; el caso es que le resucitó. Y con sus dos tur nos, el par, de más funciones que el impar y con sus simpatías personales, devolvió al gran teatro sus pasados esplendores de concurrencia. Tuvo que luchar con esa terrible coinpe tencia de los teatros de América que amenaza acabar con la ópera en Europa, porque se llevan á los mejores cantantes, merced al dinero, que allí abunda; al público, que le da por gastárselo oyendo música, y á los recursos de capacidad de sus teatros. Pero cuando el público advertía deficiencias que el propio don Pepe no podía evitar, se contentaba con decir: Es verdad; pero este Arana ¡es tan simpático... Dejó el Real, y desde hace dos años se de. dicaba á disfrutar de la vida y de una posición desahogada, á descansar de sus luchas y á saborear la consideración merecida que todo el mundo le guardaba. Los inviernos, en Niza; los veranos, en San Sebastián. Esta era últimamente su vida. Arana fue siempre un admirador del sexo bello; pero nunca cayó en la tentación de casarse. Tampoco fue político. Amigo entrañable de Romero Robledo, profesó siempre ideas liberales; pero ¡dar su voto! ¡afiliarse á un partido... El fue quien instituyóla delirante jota ál final de todas las corridas donostiarras; él, quien creó los anuncios de los partidos de pelota, clasificándolos de partido monstruo partido descomunal él, quien bautizó á los golfillos de San Sebastián, á quienes obsequiaba espléndidamente, con el dictado de capitalistas proceres senadores y pequeños Cresos él quien se atrevió á dar la primera corrida de toros de noche con alumbrado de arcos voltaicos; quien organizó concursos internacionales de músicas y orfeones; quien, en fin, buscó en sus empresas, más que el lucro, el brillo y la prosperidad de su tierra natal. Generoso, caritativo, honradísimo, Ara na dejará recuerdo imperecedero. San Sebastián le debe inmensa gratitud. España sentirá también la muerte de un hombre que por su espíritu emprendedor y por su laboriosidad merecía el aplauso general. AEMECE ducirá honda pena en Madrid, donde también era conocido y estimado. Se le llamó el hombre de la suerte La tuvo ciertamente, pero mereció tenerla, porque también fue el hombre del trabajo La frase de Ducazcal, el Arana 1 de Madrid hace años- ¡maldita sea mi suerte! -no la tuvo Sebastián el populaF alleció ayer en SanArana, La noticia prorísimo don Pepe jamás en sus labios don Pepe. Es verdad que la leyenda de la suerte üe Arana fue una realidad. El, con su modestia característica, refería la historia de su fortuna. Había nacido en Escoriaza, pueblecito de la montaña guipuzcoana. Vino á Madrid muy joven, eutró como dependiente en una tienda de ultramarinos, le tocó un premio de la lotería, se estableció por su cuenta, y la modesta tienda donde empezó vendiendo garbanzos, aceite y chocolate llegó á ser despacho de cambio de moneda y casa de banca. f Fué empresario de la plaza de toros ele San Sebastián; después, de un frontón, que edificó y más tarde convirtió en teatrocirco, y, finalmente, del teatro Real de Madrid. La plaza de toros de la capital guipuzcoana era suya. Con ella hizo mucho dinero, pero con ella también dio relieve, animación, forasteros y dinero á San Sebastián. Era fama que no suspendía ninguna corrida, aunque estuviese diluviando, porque con disparar sus famosos chupinazos se despejaba el cielo. Muchas veces, allí, donde tanto llueve, se dio este caso; otras se dio el de tener que suspender la corrida. En uno de sus últimos años de empresario se le echó encima un conflicto. El Ayuntamiento donostiarra se negó á suministrarle gratuitamente el agua para regar la plaza antes de la corrida. Arana estimaba que no merecía esa desconsideración él, que tanto hacía por la ciudad. Llegó el día de la fiesta. Amaneció despejado. Se nubló al mediodía. A las dos cayó el diluvio. A las tres salió el sol. A las cuatro empezó la corrida, con la plaza regada por las nubes. ¡La suerte de Arana! -dijo todo el mundo. Sin embargo, después se le torció la suerte como empresario de toros. Conocedor de la aguja de marear como pocos y sabiendo que á un público de plazas, al cual prestaba su concurso Francia con cinco ó seis mil espectadores, lo que le gusta es el espectáculo de sangre, y que los inteligentes y exigentes son pocos allí, como aquí y como en todas partes, llevaba con preferencia reses colmenareñas, de las que por su cabeza y poder matan muchos caballos. Se fundó una Sociedad con gran capital, alegando que las corridas de Arana eran caras y que no llevaba á ellas ganado andaluz. Arana, entonces, vendió su plaza. La nueva empresa inauguró su plaza soberbia y dio corridas... al mismo precio que Arana. Don Pepe que ya había levantado un frontón suntuoso, convirtió éste en teatro circo cuando el pelotarismo murió, asesinado á manos del tongo, y se metió á empresario de teatro. También tuvo un percance. Anunció un gran espectáculo, fiesta magnífica, de magia, 400 bailarinas, E ¡públic ¿gej En el expreso de Andalucía de ayer, ocu pando un break de la Compañía, llegó á Madrid S. M. el Rey, acompañado por los cazadores que han tomado parte en la regia excursión. El tren trajo una hora de retraso, á causa de haber sufrido la máquina ligeras aveiías aHiegar á la estación de El Romeral, donde fueron enviadas desde ibranjuez dos máquinas acopladas, que salieron al encuentro del expreso Desde antes de las nueve de la mañana encontrábanse ya en la estación SS. AA. los infantes doña María Teresa, doña Isabel, D. Carlos y D. Fernando, y los príncipes Felipe y Raniero; la marquesa de N ajera; conde del Serrallo, el gobernador civil, señor marqués del Vadillo; el comisario general, Sr. Millán Astray; el Sr. Gullón y otras autoridades. A la misma hora había llegado á la esta- DE PALACIO