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DE TODO El, MUN DO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNPOR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO tí, ¿tJZBt PARÍS, EL SALÓN DEL AUTOMÓVIL VJSTA DE CONJUNTO DE LA EXPOSICIÓN DE AUTOMÓVILES INSTALADA EN EL GRAND PALA 1 S Fot. Royer. bras gordas y cree lo que ciertos periódicos aseguran. ¿Que Mad. Steinhel envenenó á Félix A B C EN PARÍS Faure? Pero, ¿con qué fin? ¿Qué iba ella ga A S IMPRUDENCIAS AMO- S u p o n g o nando con eso? ¿Es que la habían comprado las banqueros partidarios de Dreyfus? jPues ROSAS DE FÉLIX FAURE sí que la pagaron bien! Porque, según se interesará poco ni mucho esta especie de dice, está probado que desde la muerte de crimen de la calle de Fuencarral que trae aquel generoso protector, Mad. Steiuhel viloco á París, de la misma manera que á los vía llena de deudas. Cien testimonios demuestran que Félix franceses no les interesaba tampoco la trágica muerte de doña I, uciana Borcino. Pero Faure murió naturalmente, y algunos adino hay más remedio que hablar del affaire cionan que, casi al tiempo de morir, se haSteinhel En París no tenemos estos días llaba en el despacho presidencial una dama. otro asunto. De cualquier modo, este caso no sería Ya no nos importan los dos muertos ni nuevo en la historia de Francia. El gran saber si la viuda alegre del impasse Rou- Bossuet nos cuenta que un día, apenas ensin es cómplice ó no de los criminales... I, a tró en las habitaciones de Mad. de MaiutePrensa aprovecha el interés del público non, tuyo que salir emocionadísimo y llapara hacer de este asunto una cuestión po- mando á gritos á los médicos porque el Rey lítica, y recuerda las supuestas relaciones se moría. áe Mad. Steinhel con el presidente Félix A. su sucesor, L, uis XV, le ocurrió algo paFanre y las circunstancias extrañas que ro- recido hallándose en el boudoir de madame dearon el fallecimiento de éste. de Pompadour. IA S periódicos de escándalo dijeron enEl mismo Napoleón I sufrió alguna vez tonces que el Presidente había sido envene- crisis por el estilo, porque, según nos vamos nado, y la palabra envenenamiento ha enterando ahora, el gran Emperador, entre vuelto á aparecer ahora en letras de molde. campaña y campaña, distraía sus ocios con 1 más lamentable es que existe una parte las artistas de la época. de público que se entusiasma con las palaL. os flirteos de Napoleón no tenían el enDE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL canto del misterio, de las dificultades, de todas esas pequeñas cosas que rodean la más insignificante conquista amorosa... Napoleón era, ante todo, soldado, y como toda lo hacía por lo militar amaba también militarmente. Un día el Soberano llama á Junot, su ayudante de campo, confidente y no sé qué cosas más: ¡Tráeme aquí á mademoiselle de Mará inmediatamente! -le ordena el Emperador. Media hora más tarde la célebre actriz entraba en las Tullerías y se ponía á las órdenes del victorioso guerrero; pero momentos después la de Mars abría las puertas de la habitación del Emperador, y, destrenzado el cabello, loca de dolor, asustadísima, grifaba en medio de la galería: ¡El Emperador se muere! ¡El Emperador se muere! Tampoco murió... Fue un síncope, un desvanecimiento sin importancia, que pasó rápidamente. p l caso de Félix Faure no es nuevo, y la opinión parisina haría mejor dejando reposar tranquila la memoria de aquel muerto y no prestándose al juego que pretenden media docena de periódicos de es cándalo.