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A B C MIÉRCOLES a DE DICIEMBRE DE 1908. EDICIÓN a PAG. PARA PAISANOS Tenían razón los se OSAS DE TROPA T ñores Moret, 1,1o reas y Cambó en casi todo cuanto dijeron al discutir el presupuesto del Ministerio de la Guerra, siendo especialmente importante la afirmación de que es preciso formar ambiente nacional á los problemas militares, comenzando por definir cuál es el ejército que España ha menester y para qué lo quiere. Esa finalidad debe cumplir la Junta de Defensa Nacional, que, contra lo que su aonibre puede hacer creer al vulgo, no es un organismo militar, sino institución de gobierno, que hasta la fecha no ha dado pruebas de preocuparse con la redacción de las bases para que el Estado Mayor Central redacte plan de organización del ejército á ellas consiguiente, conviniendo todos en la necesidad de substraer tal organismo á los vaivenes políticos, y en que no se podrán fijar plantillas en tanto no se acabe aquel plan. Hay evidente prevención en el país de que existe un enorme sobrante de oficialidad, prevención robustecida y agravada por el conflicto recientemente resuelto con la destitución del jefe del Estado Mayor Central. No puede formarse sobre esto completa y cabal opinión mientras no se puntualice cuál ha de ser nuestro ejército de pie de guerra, y cómo haya de organizarse el de paz para asegurar la reunión y eficacia de aquél. Por impresión puede, quien de estas cosas sepa, opinar que en algunos empleos resultará, llegado eli caso, exceso de personal; pero también es evidente la falta de él en otras categorías, y que el sobrante sería, en conjunto, muchísimo menor de lo que algunos, poco enterados de estas cosas, creen. A reserva de lo que deba hacerse el día de esa organización, que, por lo oído á muchos militares, nadie apetece tanto como ellos, y detenida por inacción de la Junta de Defensa Nacional y por falta de deslinde de funciones del Estado Mayor Central, que lucha con dificultades de índole política, como lo son cuantas tienen atascada la solución de otros muchos problemas nacionales; con independencia de lo que en su día sea el excedente de la oficialidad, y con él deba hacerse, conviene, como medio de coadyuvar á la formación de ese ambiente nacional demandado por el Sr. Cambó, recordar unas cuantas verdades demasiado olvidadas. 1,0 primero es decir claro y sin ambages que al retornar á España las tropas que combatieron en las colonias fueron injustamente víctimas de desvíos de la opinión nacional, que falta de energía para exigir responsabilidades á quienes verdaderamente la tenían, es decir, á los hombres políticos, y á un corto número de generales excesivamente complacientes con aquéllos ó personalmente incapaces, encontró mucho más fácil y cómodo cargar todas las culpas á los de abajo, á la oficialidad, que pródigamente derrochó en aquellas tierras, que fueron nuestras, vida y salud durante muchos años, al punto de contarse por varios millares en ambas campañas las bajas de oficial. En vez de cerrar el acceso al poder á los gobernantes, en primer término culpables de la desorganización y falta de medios del Ejército, de los desaciertos de una política colonial desatentada, de aislamiento internacional suicida, de dirección que ató las manos y embotó las armas de ejércitos todavía ansiosos de combatir, prefirieron las gentes dejar tranquilos á los magnates, seguir llamando ilustres á los fracasados, emitientes á los ineptos, respetables á los inmorales, que, por estar altos, podían seguir repartiendo mercedes é influencias; y desahogáronse las recriminaciones sobre la oficiaVi 5 -fic 1 1o s toroezas v falta de patriotismo de los verdaderos culpables. Es natural: éstos, acostumbrando á la nación durante muchos años á vivir cual rebaño inconsciente, por ellos conducido donde á sus personales intereses convenía, la hicieron incapaz de exigirles cuentas; que nunca las ovejas, si no dejan de selo, se atreverán con los pastores. Pasaron las acritudes de los primeros momentos eontra los militares, más víctima que nadie, y no más responsables que cualquier español, de aquellos tristes sucesos; pero queda el desvío, la falta de interés nacional por ellos, y lo que aun es más grave, por la finalidad que cumplir deben. Casi siempre que de ellos se habla es para formular quejas por lo que cuestan, sin advertir que, á menos de degollar en los puertos de desembarco á los regresados con vida de las guerras, no había otro remedio que echarles, á lo menos, el menguado mendrugo de pan de la excedencia que al llegar encontraron De entonces acá el número de los que en los escalafones figuran se ha reducido en muchos, pero muchos, millares, merced á una amortización cruelísima, que en algunos empleos mantiene hoy á los oficiales diez, doce ó quince años, y llegará mañana á tenerlos veinte en alguno de ellos. Se dirá que, con ser muy triste, es absolutamente necesaria esa amortización; que es patriótico mantenerla... Conformes; pero igualmente lo sería medir por el mismo rasero á funcionarios y dignidades de la Administración civil, aun más pletórica de personal, que nadie ha pensado en amortizar, sino que, lejos de eso, la supresión forzada del Ministerio de Ultramar fue inmediatamente seguida de la división del de Fomento en dos para que no mermara el número de ministeriales poltronas, á los gallitos de la política reservadas; la intentada supresión de cesantía á los ministros, que sólo cual relámpago pasaron por el ministerio, fue letra muerta apenas promulgada; y así, sólo la última etapa de mando liberal, que dio á luz 17 ministros nuevecitos (según cuenta que ha pocos días hizo un periódico de gran circulación) cuesta al país 127.500 pesetas todos los años, y sabe Dios por cuántos, porque los agraciados eran casi todos jovencitos: tal vez, en fin de cuentas, pase la carga de los dos millones. Si de uniforme se vistiera el enjambre de empleados que del Estado cobran, acaso preocupara á la gente reducir su número, como constantemente va reduciéndose el de oficiales; pero en esto no piensan ni pensarán los partidos en tanto los destinos sirvan para recompensar servicios políticos, para hacerse amigos, para servir, en suma, electorales fines. Resulta, pues, el Ejército el único organismo del Estado donde se trata de aliviar el presupuesto suprimiendo personal. Y como ésta es una verdad desconocida, queremos divulgarla para que la gente conozca hechos que la harán ser más justa en sus juicios, mostrándole á la vez que, de haberse seguido por otros ese ejemplo, los presupuestos no estarían tan recargados cual se hallan. DON ÑUÑO Pero la señora viuda de Steinhel advirtió que la opinión pública sospechaba de ella, y culpable ó no- -que yo en eso no me meto, -después de demostrar su inocencia judicial mente, ha querido rehabilitarse públicamente. Para conseguirlo púsose en campaña y comenzó á trabajar en unión de periodistas y policías de afición, buscando pistas todos los días y tirándose cada plancha del tamaño de una catedral. Cada vez que la viuda indicaba tina nueva pista á la Policía y señalaba un cómplice en el asesinato, ya se podía asegurar que la pista era falsa, y el sospechoso, inocente corno una paloma. La pobre mujer se levantaba todas las mañanas con un nuevo capítulo compuesto, y poco á poco ha ido construyendo este maravilloso folletín, que apasiona al público parisién hasta tal extremo, que aquí 3 a no interesa nada ni nos importa nada de lo que en el mundo sucede... 7o nos ocupamos más que de la viuda Steinhel y de sus tiJ- gicis creaciones! Las aventuras de Sherlok Ilolineo y de Arsene Lupin han conveiüdo á cada íraucés en un policía, y por donde quima, que vamos no oímos más que veisioues locas y disparatadas de la tragedia del impasse Rousin El que más y el que menos, a segura que conoce á los asesinos... Dos periódicos, Le Mitin y Paris- Jonrnal, dijeron ya hace días en letras de molde que para ellos no era ningún misterio los nombres de los ciiminales... Y la Policía, en tanto, hállase en el caso del marido á quien la mujei engaña: que todo el mundo conoce vi (ki i: cha. menos él. pys un caso curio o esta mujer Desde muy joven se na fauuliari ¿dcu con las escenas trágicas. Dí ¡o. se que el presidente Félix Faure murió ele repente, fuera del Elíseo y en los brazos de Maci. Steiuliel... Aquélla fue la primera tragedia cu que su nombre intervino, y París, al euterai e de la triste aventura (que no por mucho ocultarla fue menos conocida) Paiís, que has, a en los momentos más doloiosos sabe encontrar el rasgo de sprit, la bautizó con un mote: Ma. da. me Pompes Fune bics. ASESINATO DE UN PINTOR DE NUESTRO ENVIADO ESPECJAL EN PARÍS 1 A VIUDA FOLLETINESCA Si la seño ra viuda de Steinhel hubiera dejado correr las cosas, á estas horas nadie se acordaría de la tragedia del impasse Rousin donde perecieron el pintor Steinhel y la señora Japy. La Policía no había logrado descubrir á les ciiminales, y es de sospechar que no los hubiera descubierto nunca. I, as escenas trágicas se sucedicicn después en el hogar de Madame Pompes Fúnebres, y la Prensa hablaba de un divoiuo ea proyecto, acompañado del escándalo consiguiente, mientras la familia de Féiix Fauie se dijo que ofrecía montes y morenas paia correr un velo sobre todo aquel desdichadísimo asunto. Dádivas quebrantan peñas... El escándalo pudo ser ahogado, y Marknue Pompa Fr bres se encerró en su hogar, dando á entender á las gentes que era feliz, Y ya se le había olvidado i la gente el nombre de esta mujer, cuando cae aílos después aparece una buena mañana aiujrdazada, entre el cadáver de su madre y el de su esposo. Iva Policía busca las huellas de los criminales en vano, interroga á la única victima que ha sobrevivido á la tragedia, y de sus labios escucha el primer capítulo cíe este interesantísimo folletín... Luego aparecieron los sucesivos capítulos, y poco á poco nos han ido entti ando de que Madame Pompes Fúnebres odiaba á su marido- -además de engañarle. -que tenía por amante á un buen hombre cíe cincuenta. años, alcalde de no sé qué ciudad francesa, y, por último, de la desesperación amorosa de la viuda folletinesca al verse abandona- da por su querido alcalde. Al pobre hombre se conoce que le asustó la v; ta de ¡a sangre y decidió romper los amo s, temeiodo de acabar sus días con xxn co- aón de sedaal cuello. Así hemos llegado al momento impresio nante de la denuncia. La sentimental jamona ha acusado ai ayuda de cámara! Reruy; después ha confesado que éste era inocente y que el verdadero criminal no era