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A B C M A R T E S i. D E DICIEMBRE D E 1908. EDICIÓN i. PAG. 7. Jámente no sólo no está paralizado, sirio que pocas épocas lian sido de tanta actividad cómo la actual en las Cortes. Afirma que el problema de los toros es, ¡por su complejidad, de los que requieren inayor cautela y parsimonia en su resolución, y que en todo son inútiles las amenazas que se formulen, porque el Gobierno ¡está seguro de la sensatez de Galicia. (Bien, én la mayoría. Vuelve á rectificar el Sr. PÓRTELA, acucando al ministro de Gracia y Justicia de ser el peor enemigo del problema de los foros. ¿Qué habéis, hecho- -dice- en bastante más de dos años que lleváis en el Poder? (Risas generales y protestas en los bancos del Gobierno y de la mayoría. v El Sr. Pórtela vacila un poco y exclama: iBueno, es verdad, no lleváis dos años; pero al país le parece que lleváis más. Yo no he amenazado á nadie, me he limitado á exponer las aspiraciones del pueblo gallego. 1 Rectifican nuevamente el ministro de GRACIA Y JUSTICIA y el Sr PÓRTELA. v LA DENUNCIA DE ESPAÑA NUEVA El Sr. BURELL anuncia una pregunta relacionada con un hecho que califica, no ya le abuso, sino de verdaderamente escandaloso, cometido por la Policía en la redacción de España Nueva. La publicación del telegrama que dio motivo á la denuncia no ¡ha podido jamás justificar la violencia y la forma tumultuaria en que la Policía intervino en este asunto. Lee el telegrama en cuestión, que aparece publicado en la edición de provincias de aquel periódico, para deducir que no hay en él nada, absolutamente nada, que justifique la denuncia, y mucho menos que la Policía penetre en las oficinas de un periódico, arrebate los ejemplares de manos del maquinista, atrepelle á los redactores é impida Xa salida de los números á la calle. Con este acto se ha faltado á la ley, que ordena que la denuncia debe preceder á la recogida, y se ha faltado á todos los respetos y á todas las consideraciones aue merece la propiedad. El señor ministro de la OBERNACION dice que no tuvo conocimiento de la denuncia hasta que por la noche se lo dijo un redactor del mismo periódico. Pidió antecedentes y se enteró que la denuncia había sido hecha por el fiscal, que entendió que en el telegrama había ataques á la magistratura. La orden para el secuestro tuvo que llevarse á cabo porque en la edición de Madrid España Nueva insistió en reproducir el telegrama que había sido denunciado ya en la de provincias, en vez de retirarlo, como e hace en estos casos. Por lo que se refieie á la forma en que procedió la Policía, ofrece enterarse y castigar á los culpables si el hecho se hubiera realizado en la forma denunciada por el seÜor Burell. uTermina insistiendo en que el Gobierno es por completo ajeno á este asunto. El ministro de GRACIA Y JUSTICIA limítase á conJirmar las ualabras de su compañero. El Sr. BURELL dice que hace falta toda la habilidad que tiene el ministro de la Gobernación para intentar justificar lo ocurrido y para creer que bastan unas sencillas explicaciones para que esto termine amigablemente. ¿Cuándo se ha visto que un domingo se habilite para que el ministerio fiseal se constituya en funciones únicamente para denunciar un periódico? ¿Con qué auto ha ido la Policía á España Nueva? ¿Cuándo se ha presentado ese auto? Según afirmación co cr ta del diputado re- publicano Sr. Llari, siete horas después de la recogida del periódico. El señor ministro de la GOBERNACIÓN protesta contra la suposición de que los ministros traten de perjudicar á un periódico por resentimientos personales. El Sr. BURELL: Políticos. El Sr. ministro de la GOBERNACIÓN: Es lo mismo. Su señoría supone que el odio de un ministro... El Sr. BURELL: De un Gobierno. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Bueno, de un Gobierno. Su señoría sabe que no. Los hechos han demostrado, por el contrario, que este Gobierno ha concedido siempre, por convicción y por deber, la mayor libertad á todos los periódicos, incluso para mortificar y para injuriar á los ministros. Dice que en el ministerio fiscal existe un servicio permanente; que en el asunto ha intervenido sólo el ministerio público, y que el Gobierno es completamente ajeno. El Sr. BURELL: ¿Pero por qué no llegó el auto? El señor ministro de la GOBERNACIÓN: ¿Y quién le ha dicho á S. S. que no llegara? (Grandes protestas del Sr. Burell y de los demás diputados periodistas. El presidente agita en vano la campanilla y trata inútilmente de restablecer el orden. Sobre todo el escándalo destaca la potente voz del señor Burell insistiendo en que cuando el comisario de Policía secuestró los ejemplares de España Nueva no llevaba el auto del juez. El Sr. LÓPEZ BALLESTEROS: Pero si esto ocurre todos los días en todos los periódicos. En el mío, á diario me secuestran las ediciones antes de la orden de legalización. El señor ministro déla GOBERNACIÓN: Me extraña mucho que diga S. S. á diario, cuando en dos años sólo ha sido denunciado El ImparciaL que yo recuerde, una ó dos veces El Sr. LÓPEZ BALLESTEROS: Tres y diez y seis procesos. Solamente por anuncios inmorales, doce. (Grandes risas. El señor ministro de la GOBERNACIÓN; Esas últimas no son procesos, son únicamente denuncias ante los Juzgados municipales, que se pagan con multas, sin recogida de la edición. Conste, pues, que los procesos no son á. diario, sino, por el contrario, muy pocos. EISr. LÓPEZ BALLESTEROS: A su señoría le parecerán pocos. ¡A mí me parecen muchos! El ministro de la GOBERNACIÓN insiste en que el Gobierno no hace campañas contra la Prensa. Estoy dispuesto, si queréis, á que comparemos con la estadística en la mano. Precisamente ésta es una de las glorias mayores de este Gobierno. Yo no sé si hubo ó no hubo extralimitación en los actos de la Policía (Rumores, protestas, interrupciones. si las hubo, se corregirán. El Sr. BURELL: El testimonio del diputado solidario Sr. Llari, que presenció el hecho, y esta carta que me ha dirigido el director gerente interino de España Nueva confirman qu el allanamiento de morada y el secuestro de los ejemplares del periódicose llevó á cabo sin mandamiento judicial. S 11 señoría, señor ministro de la Gobernación, no tiene derecho para argumentar, empezando por dudar de lo que yo digo. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Pero de los testimonios que S. S. invoca, si. (Se reproduce el escándalo. (Los Sres. Burell, López Ballesteros, Moróte y Romero, de pie en. los escaños, protestan airadamente contra las palabras del mi nistro. El Sr. BURELL: La mejor demostración de que el auto judicial no fue notificado á tiempo al director de España Nueva está en que el periódico reprodujo en SU eáición de Madrid el telegrama que, según S. S. había sido denunciado ya al publicarse en la edición de provincias. ¿No demuestra esto claramente que la notif cación judicial no llegó á tiempo? Niega en absoluto que este. Gobierno haya tenido iamás benevolencia con la Prensa. Treinta años hacía que no se daba el caso de que un periodista fuese condenado, y ahora, con este Gobierno, se acaba de dar el caso. Anteayer ha ingresado en la cárcel un periodista condenado por los tribunales militares. El PRESIDENTE (Sr. Dato) advierte que han terminado las horas que el Reglamento destina á preguntas y ruegos, y pregunta al Sr. Burell si prefiere terminar este asunto en pocas palabras, ó prefiere que se aplace para mañana, en que podrá discutirse ampliamente. El Sr. BURELL opta por esto último. El señor ministro de la GOBERNACIÓN se muestra también conforme en que se aplace la discusión, porque así tendrá más, elementas para contestar. El Sr. BURELL: Lo celebro mucho, porque así se verá cómo, á pesar de la grande habilidad y del grande talento de S. S, hav cosas que no pueden defenderse. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: ¡Pero si no hay ironía ninguna! ¿Cómo quiere S. S. que hable? Lo que sucede es que ya no me entristezco. (Risas, No, no me entristezco; no puedo remediarlo. Yo me lamentaría si fuese verdad todo lo que S. S. ha afirmado, ¡que la Prensa está perseguida! El Sr. BURELL: Que se ha entrado á saco en una redacción. 1 señor ministro de la GOBERNACIÓN: Pero yo puedo permitirme dudar que eso haya sucedido. (Escándalo monumental. El Sr. Burell pro testa airadamente, pronunciando fras. s que no se oyen. Los Sres. Moróte, López Ballesteros y Romero le secundan. El presidente golpea la mesa con la campanilla y grita inútilmente: ¡orden! ¡orden! El escándalo y la confusión duran largo rato. Algunos diputados de la mayoría pronuncian, dirigiéndose á los Sres. Burell, Moróte y López Ballesteros, frases que no se oyen. El presidente llama al orden á la tribuna de la Prensa, amenazando desalojarla si continúan los rumores. Restablecido un tanto el orden, el señor ministro de la GOBERNACIÓN aclara sus palabras diciendo que en ellas no ha pretendido ofender al Sr. Burell ni á nadie. Yo me limito á decir- -añade- -que no me basta que un diputado se levante y hable de un hecho que no ha presenciado para que, sin otro testimonio, yo declare que se han cometido graves faltas por el fiscal de S. M. y por el gobernador, y por la Policía. Yo no puedo decir eso. (Protestas y rumores. Pero ¿qué quiere S. S. ¿Quiere que yo apruebe sus palabras? El Sr. BURBLL: No; pero podía S. S. reservarse su opinión hasta conocer los hechos. El señor ministro de la GOBERNACIÓN: Y eso es lo que he hecho. He dicho, y repito ahora, que si los hechos fueran tales como S. S. los ha denunciado, se castigarán. No puedo decir otra cosa. Yo debo mirar serenamente las cosas. Yo no puedo pasar por que se diga que todas las autoridades de Madrid han faltado á su deber porque lo asegure el director interino de España Nueva, que, por ser interesado en el asunto, puede estar apasionado, Por lo demás, yo estoy siempre dispuesto á discutir con S. S. siempre que quiera y cuando quiera todo lo que se refiere á la Prensa. Precisamente tengo muchas, muchísimas ganas de discutir eso como ministro de la Gobernación.