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A B C SÁBADO 28 DE NOVIEMBRE DE 1908 EDICIÓN i. PAG, 5. Sré. l jsjóveties que realmente sientanjen si la fuerza de la inteligencia no deben cuidarse de ser ó no ser oradores, de ser ó no Ser populares, de escribir ó no escribir en los grandes periódicos. Su único cuidado Sea escribir bellas y fuertes obras. A 2O R 1 N timo, el miedo insuperable y las atenuantes que el Sr. Barriovero estima que concurrieron en el hecho de autos. Insistió en la calificación que éste le merece, demostrando la alevosía y las agravantes de cometerse el delito de npehe y en la morada de las víctimas, y terminó su informe solicitando del Jurado un veredicto de culpabilidad. p l acusador privado. El distinguido letrado de la acusación privada, D. Santiago Arimón, tenía que luchar con la enorme dificultad que supone un informe cuyo fondo coincide exactamente con el que momentos antes se ha pronunciado, pues, como ya hemos dicho, los acusadores calificaron el delito de asesinato con lasmismas circunstancias modificativas. Esto no obstante, el Sr. Arimón supo sortear con habilidad aquel escollo, cumplió perfectamente su difícil misión, sin repetir los argumentos que utilizara el orador que le precedió en el uso de la palabra. Refiriéndose al sonambulismo, hizo resaltar lo extraño que resulta el caso de Herminio Cerrillo, cuyos antecedentes alejaban por completo la idea de aquel estado patológico, del cual, sin embargo, sale cómo ninguno de los individuos que sufren tales accesos; es decir, recordando hasta en sus nimios detalles cuanto realizó su cuerpo sin voluntad. El procesado- -sigue el acusador- -aecide vengarse de su amo porque éste le ha reprendido por las faltas que viene cotsetiendo; espera cauteloso á que Santiago se acueste; baja ala cueva de la tienda á recoger el hacha y el cuchillo; realiza con ferocidad y saña extraordinarias su doble asesinato, y cuando herido siente correr su sangre, sale á la calle, habla con el sereno para encargarle la vigilancia del establecimiento y acude á curarse en la Casa de Socorro. ¿Hay algo en todo esto que revele ausencia de la voluntad? ¿Hay algo que demuestre el estado. de sonambulismo en que, según el defensor, acometió Herminio á sus desdichadas víctimas? Por si esto era poco, por si alguna duda nos quedaba, comparece ayer tarde el médico de la Cárcel Modelo y dice que ha observado durante un año á Herminio sin advertir en él algo que revele al sonámbulo. I,o s peritos, pues, han destruido ayer con sus informes la teoría que el defensor propónese alegar en cumplimiento de la misión que le está confiada. El acusador renuncia á ocuparse en la prueba practicada en el juicio por ¡no incurrir en repeticiones enojosas, toda vez que el representante de la ley ha examinado una por una todas las declaraciones de los testigos. Presenta al procesado como un ser cruel y astuto, á quien la ley favorece porque sin duda el legislador no pensó que á los diez y seis años de edad pudieran cometerse crímenes tan horrendos como los que perpetró Herminio Cerrillo. De haber supuesto lo contrario, de haber admitido la posibilidad de tales asesinatos, no seria una atenuante la circunstancia que hoy tenemos forzosamente que reconocer á favor del acusado. Sostiene que Herminio hurtaba dinero del cajón del mostrador de la tienda, y esto justifica el disgusto de Santiago de la Torre, hombre honradísimo y trabajador, que se había propuesto, como vulgarmente se dice, hacer de sus paisanos dos comerciantes de provecho. Refuta la eximente de miedo insuperable porque no es lógico, en sa opinión, que Herminio tema una deshonra y se busque otra mucho mayor, pues si mal estaba que lo echasen de la tienda por ladrón, peor es lo que hizo por evitar aquel oprobio. Insiste en que el procesado realizó sus crímenes porque á pesar de sus pocos años encierra sa alma extraordinaria p d d, y termina aconsejando al Jurado que no recuerde sólo al anciano padre de Herminio, porque ayer se presentó llorando á declarar, pues allá en un modesto pueblecillo de la provincia de Cuenca hay otro an- (cíano, el padre del infortunado Santiago de la Torre, que es más digno de compasión porque no ha de volver á estrechar entre sus brazos al hijo que en mala hora envió á Madrid para que, andando el tiempo, protegiera y amparase al que había de venir S asesinarle en su propio domicilio. Terminado el eloenente discurso del señor Arimón, el presidente concede la palabra al Sr. Barriovero. I a defensa. El Sr. Barriovero, que es un escritor muy distinguido, dedícase hace poco tiempo al ejercicio de la profesión de abogado; pero justo es consignar que ha conseguido en período brevísimo triunfos que lo colocan en primera línea entre los que á defender causas criminales dedican su actividad y sus energías. En el informe que pronunció ayer tarde demostró una cultura inmensa y, sobre todo, que sus conocimientos no son superficiales, de los que sirven para salir del paso, deslumbrando á los oyentes con cua tro citas al alcance de cualquiera, sino, poi el contrario, que ha estudiado y leído muchos libros de Sociología, Medicina y Derecho, cuyas ciencias conoce lo suficiente para hacer, como ayer hizo, un brillante papel. Reconoció que el crimen de su representado es espantoso, pero aceptó la defensa porque entendía que, como abogado, estaba en la obligación de exponer las teorías que acerca del caso de Herminio Cerrillo profesaba. Presenta á su patrocinado como un ser anormal, degenerado, falto de inteligencia y de memoria, hasta el punto de que no puede recordar en el acto del juicio, no ya lo que realizó el día de autos, sino lo que declaró ante el juez instructor de la causa. Su espíritu- -dice- -oscila entre las palabras muerte y honra, y realizado su crimen no habla apenas más, porque puede asegurarse que está dormido hasta que acude á la Casa de Socorro para ser curado. Rechaza la afirmación que hizo respecto á Herminio el médico de la cárcel, pues dice que no le ha observado más que como se observa á los presos, llamándolos por el número que tienen, preguntándoles rápidamente el mal que les aqueja y disponiendo cualquier remedio fácil de adquirir. Yo creía- -continúa- -que al hacerse públicas mis conclusiones el médico de la cárcel se preocuparía del procesado, y observándole detenidamente podría decirnos en el juicio la opinión que le mereciera; pero declaro que he sido víctima de mis optimismos, como lo he sido otras veces en diferentes asuntos de mi vida. Me he equivocado. Ocúpase luego en el informe de los restantes médicos, diciendo que éstos elogiaron á Charcot, cuya autoridad científica les parecía indiscutible, y, sin embargo, no vacilaron en declarar que tan ilustre autor se hallaba equivocado en lo que á la teoría de la histeria se refiere. Combate el criterio de los peritos en lo referente á la adquisición de esta enfermedad, sosteniendo que puede hasta contagiarse. Sobre todo- -añade, ¿de quien la adquirió el primer histérico? Aconseja al Jurado que prescinda en absoluto de los informes técnicos que ayer escuchó, citando para demostrar su ineficacia el caso del autor de la muerte del guardia Claros, caso en el cual se negó la epilepsia que alegaba la defensa, y al mes de ser con- MADRID AL OÍA C l en París no hay otro asunto que el del C? crimen del callejón Rousin, en Madrid Áatnpoco hay por el momento otra conversación que la del crimen de la calle de Ciu, dad Rodrigo. Todo el mundo siguió discutiendo ayer sobre los incidentes de la vista. ¡1,0 que no había era nadie capaz de presumir lo que i6 a á suceder: que el Jurado die se veredicto de inculpabilidad. Esto ocurrió anoche, y de ello no se enteró mucha gente; pero hoy, cuando se entere, sequedará estupefacta. -También el asunto del robo de los sellos dio que hablar, porque siguieron las detenciones de personas que cultivaban la provechosa industria de vender los efectos robados. Estamos en racha de robos. El asalto al tren de Zaragoza es de los que hacen pensar si se puede vivir y hasta si se puede viajar. Bueno, pues ayer, de madrugada, se descubrió otro intento de robo en un almacén de la calle de la Colegiata. 351 suceso más cu minante del día fue, sin embaígo, el suicidio consumado en plena calle de San Bernardo. -Una Carmen, sin letra de Merimée ni música de Bizet, esgrimió la navaja contra su amante, que antes había esgrimido su mano eontra la bravia. Alguna vez habían de ser ellas. Los de Consumos, armaron una zapatiesta en los Cuatro Camines amenizada con navajadas, tiros y demás aparatos que sus argumentos de siempre requieren. 1 -Él Ayuntamiento celebró sesión. Fue or. diñaría y fue breve. Se aprobó todo lo que figuraba en el orden del día en un abrir y cerrar de ojos, y el público divertido se fue por donde había ido. Todo fue ayer instantáneo y fugaz. En menos que se persigna un cura loco se aprobó en el Congreso el presupuesto de Marina, ¡una bagatela! y en otro santiamén, ¡zas! aprobado el presupuesto de Instruc ción Pública. Es verdad que no se ha dado Un solo paso de avance en el presupuesto de Instrucción Pública. Ni en instrucción pública, por consiguiente. El tiempo ha vuelto por su fama de otoñal y nos regaló ayer con una temperatura deliciosa. Por la noche, ningún desastre ni triunfo teatral. TRIBUNALES T OBLE A. SESINATO Habla el fiscal. Comenzó la segunda sesión de este impostante juicio con el informe del fiscal, Sr. Pérez Martín. Este digno representante del Ministerio público había hecho de la causa un concienzudo estudio, y lo demostró pronunciando un informe en el cual analizó con minuciosidad todas y cada una de las afirmaciones periciales, las declaraciones del procesado y las que en el sumario y en el acto de la vista hicieron los testigos, v Rechazó enérgicamente la teoría del sonambulismo alegada por el defensor, sin acudir á otros argumentos que los que le proporcionaron las manifestaciones de Herminio Cerrillo, pues éste expuso ante el juez instructor los antecedentes de la cuestión que tuvo con Santiago de la Torre, y relató su doble crimen con un lujo de detalles que á un sonámbulo no le son permitidos por la péidida de la memoria. Refutó igualmente la circunstancia de locura ¡alegada ta ubién en contrarío, y por úl-