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A B C V I E R N E S 27 D E N O V I E M B R E D E 1908. EDICIÓN PAG. 7. TRIBUNALES Aun cuando ayer dijimos, haciéndonos eco de los rumores que respecto á la suspensión circulaban desde hace tres días en las Salesas, temíase que la vista sufriera una vez comenzada el paréntesis que parecía dispuesto á reclamar el acusador privado con el fin de que los médicos reconocieran á Herminio Cerrillo, no hubo necesidad de tomar tal acuerdo porque el Sr. Arimón, en vista del resultado de los informes faculte os, renunció á un reconocimiento que va resultaba inútil. Y vamos á referir lo que ocurrió en la primera de las sesiones de la vista. Se verifica ésta en la Sección primera, compuesta de los magistrados Sres. Rubio (D. Ramón) Higuera y Albadalejo. En los bancos de las acusaciones se hallan los Sres. Pérez Martín, que representa al ministerio público, y Arimón (D. Santiago) que tiene á su cargo la acusación privada. I a defensa dei procesado está encomendada al Sr. Barriovero. A la una en punto constituyese el Tribunal con las formalidades legales, y el presidente ordena que se abran las puertas para dar paso al público. Este penetra tumultuosamente, y en pocos momentos queda la sala completamente llena. El relator da lectura á los escritos de las partes, escritos que extractamos en nuestro número de ayer, y acto continuo se procede á interrogar al procesado. y ser natural de Picazo de Júcar (Cuenca) Es delgado, moreno, alto, de rostro nada simpático. Por su aspecto no parece tan joven como es en realidad. Viste americana y chaleco obscuros, pantalón claro y gorra negra. Al cuello lleva con desaliño un pañuelo rayado. Fiscal. ¿Usted nació en el pueblo de Santiago de la Torre? Procesado. -Sí, seño F. -El dependiente Antonio Martínez, ¿era también paisano de usted? P. -Sí, señor. v F. ¿Cuánto tiempo llevaba usted prestando sus servicios en la tienda de ultramarinos de la calle de Ciudad Rodrigo? P. -Dos años. F. ¿Tenía su jefe depositada en usted la confianza? P. -Sí, señor; tanto, que cuando él faltaba del establecimiento me quedaba yo encargado del negocio. F. -Y Antonio, su infortunado compañeÍO, ¿cuánto tiempo llevaba en la casa? P. -Un año, poco más ó menos. F. ¿Solían ustedes ir juntos á los cinejnatógrafos? P. -Sí, señor; íbamos con alguna frecuencia. P. ¿Qué sueldo tenía usted en la casa? P. -lío puedo decirle, porque el principal sae lo guardaba. F. ¿Pero no le pagó á usted nunca? P. -JIo, señor; no llegó á pagarme. F. -Entonces, ¿con qué dinero iban ustedes al teatro? P. -Con las propinas que recogíamos. F. ¿Y comunicaban ustedes al principal el dinero que por tal concepto recogían? P. -Sí, señor; pero pretendía quedarse con lo que nos daban, alegando que él tenía también derecho á tales sumas. F. ¿Recogían ustedes muchas propinas? P. -Sí, señor; sobre todo en la época de Navidad; pero D. Santiago se quedaba con ellas. F. ¿Santiago de la Torre solía maltratar S usted? P, -Sí, señor; de palabra y hasta de obra. DOBLE ASESINATO H eerminio Cerrillo. y seis años de edad Afirma tener diez F. ¿En qué consistían esos malos tratos? P. -Nos insultaba, llamándonos ladrones. F. ¿Cuántas veces le habrá llamado á usted ladrón? P. -Unas cuatro ó cinco veces. F ¿Esto ocurrió al llegar usted del pueblo, ó en época próxima al día de autos? P. -No puedo precisarlo, pero me parece que fue en el mes de Diciembre anterior, en los días de Navidad. Después refiere que su compañero Antonio le dijo el día anterior al del crimen que el principal le había despedido por encontrarlo fumando, y que por esta razón buscaba otra tienda para marcharse en seguida Añade que Santiago les regañó también poco antes porque iban al teatro, diciéndoles que compraban los billetes con dinero que sacaban del cajón del mostrador. F. ¿Y usted qué contestó á este cargo? P. -Yo le dije que íbamos con lo que ahorrábamos de las propinas. F. ¿Después de comer volvió á regañarles á ustedes? P. -Sí, señor; estuvo riñéndonos toda la tarde. F. ¿Y qué más pasó? P. -Me enseñó una carta que escribía á D. Jenaro Pérez, diciéndole que avisara á mi padre para que me recogiera, puesto que 1 pensaba arrojarme de su casa por ladrón. F. ¿A qué hora se acostaran ustedes el día 17 de Enero? P. -De diez y media á once, como de costumbre. F. ¿Vio usted aquella noche al sereno de la calle? P. -No recuerdo si lo vi. F. ¿Quiéa cerraba la puerta del establecimiento? P. -Yo la cerraba todos los días. F. ¿I a cerró usted la noche del 17? P. -Sí, señor. F. ¿Qué sucedió después de acostarse ustedes? P. -El principal siguió llamándome ladrón desde su cama y... F. -Siga usted; diga lo que ocurrió. P. -No puedo decirlo porque no lo recuerdo, ni supe entonces lo que hacía. Sólo sé que me di cuenta de lo que pasó al curarme en la Casa de Socorro. F. ¿Quién le dijo á usted que fuera á curarse? P. -No lo sé. F. ¿Llamó usted al sereno para que tuviera cuidado de la tienda mientras usted volvía al establecimiento? P. -No lo recuerdo tampoco. F. ¿No dijo usted al sereno y á los guardias que había vengado su honra? P. -No lo sé. A otras preguntas contesta de igual modo, y en vista de ello el presidente ordena que se le lean las declaraciones que prestó en el sumario de la causa. Ante el juez refirió con toda dase de detalles sus espantosos crímenes, afirmando que bajó á la cueva por las armas y que agredió á su jefe, esperando algunos momentos antes de entrar en su alcoba porque le había oído bostezar. Después- -dijo en su primera declaración- -me dirigí al cuarto donde dormía Antonio, y encontrando á éste despierto lo agredí sin darme cuenta de lo que me pasaba. El fiscal le interroga acerca de estos extremos, pero contesta eme no recuerda lo que declaró. Pénesele la firma de manifiesto v la reconoce, sin embargo. El Sr. Pérez Martín dirige á Herminio nuevas preguntas; pero aquél, decidido á no apartarse del plan que indudablemente se ha trazado, insiste en que no sabe ni recuerda nada de los hechos que realizó. A las preguntas que le hace el acusador privado contesta de igual modo. Sólo con- seguimos saber por boca del procesado que antes de acostarse le dieron muy malas ideas y que se encontraba muy intranquilo. Acusador. ¿Qué le hizo á usted su principal el día de autos? Procesado. -Me pegó y me insultó, como ya he dicho. Defensor. ¿Recuerda usted si la noche de autos se invantó y encendió las luces? P. -No lo recuerdo. D. ¿Se llevaba usted bien con su compañero? P. -Sí, señor. D. ¿Comentaban ustedes las riñas é insul o de su jefe? P. -Sólo el día de autos, porque me dijo Antonio que pensaba trasladarse de tienda. D. ¿Recuerda usted haber tenido con Santiago alguna riña que trascendiera al público? P. -Sí, señor; en una ocasión me regañó de tal modo, que tuvieron que intervenir unos pescaderos de la vecindad. D. ¿Cuándo le pegó á usted? P. -A. mediodía, poco antes de co íner. D. ¿Había cerca de ustedes un hacha y txn cuchillo? P. -Sí, señor; estaban en el mostrador. D. ¿Y usted dónde se hallaba? P. -Eii la trastienda del establecimiento. D. ¿No sintió usted deseos aquel día de ser mayor para luchar como hombre con r 1 principal? P. -Sí, señor; eso deseaba D. ¿Qué enfermedades ha sufrido usted? P. -El sarampión cuando tenía pocos años, después unas fiebres y otra enfermedad que en la cárcel he pasado. D. ¿Ha estudiado usted mucho? P. -Sí, señor, desde muy pequeño, pues á los cuatro años sabía leer. Posteriormente he obtenido algunos premios en las diferentes escuelas á las que he asistido. D. ¿Tenía usted miedo á su padre? P. -Sí, señor; más que respeto le tenía miedo, porque al salir del pueblo me dijo que si me echaban de la tienda por ladrón me mataría, colgándome de un árbol. Acusador. -Ha dicho usted antes que antes de acostarse la noche del crimen le daban malas ideas; ¿qué ideas eran esas? P. -No lo recuerdo. A. ¿Pero no sabe decirlo ni aproximadamente? P. -Pues... las de marcharme de la tienda y no volver á ella. Presidente. ¿Es cierto que mató usted á su principal y á su compañero porque éste dijo á D. Santiago que ustedes acostumbraban á ir á los cinematógrafos eon el dinero del cajen? Procesado. -No sé nada. Terminado el interrogatorio de Herminio Cerrillo, entran en la Sala los peritos médicos. l nforme de los facultativos. Son éstos los Sres. Moreno y Escribano (forenses) el médico de la Casa de Socorro, D. Ángel Santulló; el de la Cárcel Modelo, D. Antonio Torres, y el de la defensa. D, Julio Mateo. El Sr. Santulló dice que la noche de autos presentóse en el benéfico establecimiento á que pertenece un joven que manifestó hallarse herido. Procedí á curarle, y al terminar me dijo que en la casa núm. 5 de la calle de Ciudad Rodrigo había varias personas que reclamaban también el auxilio de la ciencia. Acudí en seguida al indicado sitio y encontré dos heridos gravísimos, ordenando que fueran ambos conducidos á la Casa de Socorro. E 1 más pequeño de los lesionados era materialmente una masa informe; estaba completamente enrollado en sí mismo y envuelto en las ropas de la cama. El otfo herí