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DE TODO E L MUNDO POR C VBLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUND O POR C A B L E POR TELÉGRAFO V TELEFONO EL CONSEJO D E GUERRA D E SEVILLA LECTURA DE LA SENTENCIA A LOS AUTORES DEL ASESINATO DE DOS GUARDIAS CIVILES EN EL TREN DE JEREZ. EN PRIMER TERMINO, A LA IZQUIERDA, LOS REOS EL COJO DE BAILEN Y CONEJERO Fot. Barrer DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL ABCEÑ PARÍS r O N ALFONSO EN EL Los autores en MüULlN ROUGE c a r g a d o s del abastecimiento ingenio. Para hacer una revista de las que aquí se estilan reúnense, generalmente, dos puntos, y puestos de acuerdo con la dirección del teatro combinan una serie de cuadros, decoraciones y trajes, aderezado todo ello con ochenta ó cien números de música cogidos de todas partes. Agreguen ustedes luego cincuenta ó sesenta pares de pantorriilas, más ó meaos auténticas, y ya está hecha la revista de Folies- Bergeres, la del Moidin- Rouge ó la de cualquier teatro del mismo género. No se rompen la cabeza ni se calientan los cascos los autores parisinos. ¿Para qué? Saben que lo de menos es la obra. Lo importante son los trajes, los bailables, los juegos de luz. Vean ustedes, si no, el cartelón que hoy ha aparecido en todas las esquinas. Anuncian el nuevo espectáculo de los Bufos, una opereta que se titula Su aliena real, y ni hablan del libro ni de la música. Lo único que se ve en letras gordas f una línea que dice: Cincuenta y dos ttoileu -de corte, de music- halls y concerts no asombran por su los Bufos se va á ver las 52 toilettes que ha confeccionado Paquin. La labor de los autores no resulta muy complicada que digamos. V o ya sé, cuando asisto á la premiére de 1 una revista, lo que voy á ver. Todas son lo mismo. La comadre y el compadre se pasarán la noche diciendo majaderías, las firmadas por Paquin. Es decir, que el público que vaya á los Bufos no puede llamarse S. E. MANJIRO 1 NAGAK 1, MINISTRO PLEá engaño. Allí no hay obra literaria, ni par- NIPOTENCIARIO DEL JAPÓN EN MADRID titura musical, ni nada que se le parezca, A FALLECIDO AYER EN SAN JSEBAST 1 AN coristas y figurantas cambiarán quince ve ees de traje, el actor ala moda cantará unos couplets del verde más subido y mezcladas con las escenas de actualidad, los autores nos ofrecerán unas cuantas ingeniosidades que querrán ser sátiras políticas y no tendrán chispa de gracia. Los personajes son siempre los mismos: Clemenceau, Fallieres, la condesa de Novilles y el Rey de Bspaña. El Monarca español, desde hace cuatro años, vive en los escenarios del ¡bulevar, y no se concibe una obra sin él. Hasta le ha salido una especie de contrafigura: un pollo cursi que anda por los bastidores de los teatros exagerando la semejanza física que tiene con D. Alfonso y queriendo darlas de elegante. Hace pocas noches le vi de smoking y con botas de caña blancas. Parecía un hortera escapado de las calerías Zafayette. El Monarca castellano es, pues, un personaje obligado en toda revista parisiense, y á mí esto no me parecería mal si el ingenio de los autores franceses supiera explotar la libertad que los deja la censura. Pero, ¡ay! D. Alfonso no ale una vez á escena que no sea para ponerle en ridículo torpe y groseramente, sin gracia ni esprit. ¡A qué extremo no habrá llegado esto, que ya una noche, este verano, en Ambassadeurs, el público protestó ruidosamente, indiarnado de lo oue veía! Los españoles pasamos un mal rato cada vez que vemos en ei teatro la caricatura del