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DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y CONTRA EL CACIQUISMO SANTA CRUZ DE TENERIFE. MITIN DE SOLIDARIDAD CANARIA CELEBRADO EN LA PLAZA DE TOROS Fot. Landero. EL PLEITO DEL REGIONALISMO TRAGl- COMEDÍ A ELECTORAL (Conclusión. TERCER CUADRO n dos meses escasos, que duró la gestación del viaje de los caciques á la corte, para pedir por diputado á Don Rígido, habíase éste avistado varias veces con su amigóte y protector Don Magnate, para tenerle al tanto de sus idas y venidas, de los progresos de la campaña y ofrecerle la pequeña hase que le había pedido para hacerle en un soplo representante de la nación. Pero, ¡por vida de los peros! las tales entrevistas se parecían cada vez menos á las ordiales y largas parrafadas de otros tiempos. Don Magnate, que antes charlaba, y charlaba, sin prisas ni ganas de abreviar conversaciones, siempre estaba ahora atareado; no podía disponer sino de dos misatos; le agobiaban ocupaciones y no había modo de que así, de refilón, se enterara de cosas que reclamaban un poco de calma, y de las cuales había dicho que necesitaba ser tenido al corriente. Iba barrnntaiido don Rígido que la amís- E tad se desvanecía con la protección, pareciéndole esto poco acorde con la manera lógica de dispensarla á quien, como hombre útil, fue buscado en su propia casa, y sacado de ella para echarle por aquellos derroteros políticos que jamás habría él tomado por propia iniciativa. Sospechaba que así debían de tratar los politicones, dispensadores de toda merced y toda gracia, á los pretendientillos sin méritos ni historia, sin instrucción ni laboriosidad, protegidos á título de hijos ó sobrinos de amigos ó parientes. Y teniendo nuestro héroe el defecto de ser de espinazo tan duro que ni intereses ni temores lograban doblegarlo, andaba caviloso y casi arrepentido déla aventura que corriendo estaba. Sin embargo, tantas veces se había oído decir que con suÉ genio quijotesco y puntilloeran adecuadas á la vida real sus exageradas inflexibilidades, que receloso del propio juicio quería convencerse de que el cambio de don Magnate era sólo ficción de quisquillosas aprensiones. Bien pudieran ser ciertos aquellos urgentísimos negocios que le impedían escucharle con calma; tal vez la amistosa confianza con el trato adquirida era la sola causa de ser trafado con menos ceremonia. sa dignidad no se iba á ninguna parte; que no Batallando con estas dudas estaba, cuan- do llegó la comisión caciquil á noticiarle que para candidato acababa de proponerloai JEFE, y á saludarle como virtual diputa- do ya por X. Merecía el notición comunicarlo sin perder tiempo á don Magnate, y allá se fue don Rígido, hallándole esta vez también ocupadísinio é impaciente, al extremo de acosar á su amigo para que se explicara sin tiempo ni palabras; atajándole y apremiándole, como pudiera hacerlo con un patán incapaz de expresarse sino entre atascos y circunlo- quios: resultando de esta actitud que, sin llegar á dos minuto acabó la entrevista eon un seco no molesto á usted más que don Rígido dijo volviendo las espaldas y plantándose en medio de la calle. Minutos después dábase cuenta D. Magnate del alcance de tal despedida, haciéndole saber que seguía interesándose en sus proyectos electorales, y que sólo absoluta imposibilidad de escucharle en aquellos momentos era la causa de no haberle atendido. Reflexionó D. Rígido que, aun siendo verdad esto, pudo decírselo sin aquellos aires de mal humor, y que lo mismo había ocurri do ya repetidas veces; creyó ver la causa de todo ello en que ya le miraban como carne de mayoría, sin otro criterio que el impues-