Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C LUNES 23 DE MOVfEMBRE DS 190 EDICIÓN 1 PAG. Con un placer inexplicable van recordándose los trazos del semblante del padre ó de la madre. La carita adquiere un color blanco sonrosado, los ojos siguen la luz con inquieta vivacidad, moldéanse las mejillas, dibújase el perfil, y en la suave curva de los labios se adivina ya el beso. I, a plácida tranquilidad que se advierte en el pequeñuelo, la libre torpeza de sus movimientos. lo redondeado del cuerpecillo, la misma ternura y suavidad de la piel, indican claramente á la embebida madre, por muy novel que sea, que su hijo está bueno, rebosante de salud y vida. ¡Con qué placer le enseña y obliga á que admiren con suaves caricias la turgente robustez dé los muslos, la ancha y sólida contextura del pecho, la bien proporcionada cabeza, sobre la cual se advierte ya una sedosa esperanza de cabellera! Pero si desgraciadamente, por causas que no es momento oportuno reseñar, ve que la mirada es triste, apagada, soñolienta; que entorna los ojos y se sume en sopores injustificados y palidecen las mejillas y se adelgazan los miembros, que yacen en desesperante inamovilidad, y un llanto destemplado le agita de vez en cuando... entonces, de seguro, aunque todos digan lo contrario, ella, ignorante, pero previsora, señalará un mal próximo y temible. Esta intuición es precisamente la que conviene ilustrar, pues en los afectos infantiles las alarmas suelen ser más provechosas que los descuidos. Iva menor molestia basta á cambiar la fisonomía del niño, como en un cuadro reciente la menor influencia del exterior borra la fresca huella del pincel. SI dolor físieo se refleja en el rostro infantil, donde las pasiones no han dejado aún sus imperecederas huellas con intensidad y viveza. I, a frente no presentará las arrugas que las luchas de la vida dejan en el hombre, á menos que no existan ciertas lesiones que desfiguren por completo el rostro; pero en lo restante de éste se dibujarán las molestias. Veamos si no. Un recién nacido llora, mejor dicho, lanza un vagido, pues el llanto es en cierto modo como una sublimación del ñolor, de que es incapaz aún el organismo infantil. Antes de ello se contraen y relajan alternativamente todos los múscnlos de la cara, formando lo que se ha llamado vulgarmente puchero. En las cercanías de la nariz y en los ángulos de la boca se señalan arrugas características, ábrese ésta, ciérranse los ojos convulsivamente y el grito estalla, grito que tiene sus variantes, que con más despacio hemos de examinar otro día. Si la molestia es pasajera, como sucede con la brusca impresión que provoca la primera bocanada de aire en sus pulmones, se desvanecerá en seguida; pero si se trata de otro mayor, continuará por algún tiempo; pudiendo advertirse que el labio superior se contrae y se levanta en su mitad, formando algunas arrugas verticales y horizontales en la base de la nariz, encogiéndose la piel del ángulo externo del ojo; en una palabra, se presentan los propios trazos del dolor. Es difícil pintar con la pluma lo que tan sólo demuestra la fotografía; pero, sin embargo, basten sólo algunos ejemplos para hacer visible la existencia del misterioso lenguaje á que aludíamos. Hay momentos en que el niño se halla melancólico y no tolera, al menos por de pronto, la luz; arruga el entrecejo, huye de ella, ¡él, que la ama de costumbre tanto! cambia con rapidez de expresión su fisonomía, sus pupilas se hallan unas veces muy contraídas y otras demasiado dilatadas, rodea su boca un cerco lívido, y en ocasiones se dibuja en sus labios una sonrisa sardónica, moviéndose aquéllos como para mamar; cuando duerme, sus ojos se quedan entreabiertos y ocultos bajo el párpado inferior, mueve la cabeza á uno y otro lado... entonces hay que sospechar que se trata de algún trastorno en el sistema nervioso. Pero en cambio se advierte la ansiedad más intensa en el rostro del niño; las narices, cuyas alas se dilatan con verdadera angustia, y la boca, que se halla abierta, están cercadas de un color amoratado; grita, y su voz es apagada; apenas puede coger el seno, pues se ahoga al hacerlo; viene la tos de vez en cuando á agravar la situación, se oyen estertores... y con todos estos datos el menos avisado conoce que se trata de una afección del aparato respiratorio. Por último (y conste que no hacemos más que presentar ligeros ejemplos) se nota delgadez notable, la cara pálida, demacrada hasta el punto de formarse varios surcos que indican diversos trastornos del estómago ó de los intestinos, que no es del caso detallar; frunce la piel de la frente y la que cubre la nariz, adquiriendo un aspecto rugoso, lo cual es señal de cólicos; recoge además las piernecillas sobre el vientre y éste se presenta ya abultado, ya deprimido; todas son señales más que sufientes para afirmar que el mal radica en los órganos digestivos. Esto probará que el examen de tales particulares ha de ser muy detenido para ser provechoso; pero al propio tiempo, que una vez hecho con cuidado se pueden utilizar precioso? datos para el tratamiento de las enfermedades infantiles. charlatanesco. 1,0 mejor es dirigirse á un especialista serio que haya practicado esas reetificaciones de la nariz y que estudie el caso. Se trata de inyecciones adecuadas que exigen cuidado; pero usar líquidos que reblandezcan los huesos y que se apliquen por el mismo paciente, repito que no me parece cosa seria. Por excepción contesto á este caso, y en lo sucesivo no me ocuparé más que de asuntos relacionados más ó menos directamente con la infancia. Doña A. J. de S. -Mucho me interesa la pobre mujer de que me habla; por lo mismo que es tan buena madre, no deben desampararla. Su niño, de que me habla, ha sido bien alimentado y cuidado, y no parece qua tenga ninguna dolencia hereditaria. El padecimiento nervioso es posible que desaparezca con el tratamiento á que está sometido, y que considero acertado. Sin embargo, debiera practicar la gimnasia respiratoria y hacer mucha vida de campo. Acaso se trate de un caso de crecimiento retardado en un I niño sumamente impresionable. E s difícil í formar juicio exacto sin otros datos que los que da. Agradecido á sus manifestaciones, D. A. C. -No me molestó su carta, y tengo sumo gusto en anmarle. No olvide que la constancia es garantía de triunfo. Muchas veces deseamos conseguir lauros inmediatos con fines puramente sentimentales. No son los más estimados ni aun por nosotros mismos; cuando desaparece ó se atenúa disentimiento que los inspiró, suelen desdeñarse. En cambio, la obra de arte duradera necesita sentirse hondamente y perfeccionarla con lentitud y paciencia, con el amor y la ternura de las buenas madres para sus hijos. Y aunque éstos nazcan imperfectos, pueden transformarse con solícitos cuidados, á despecho de lo que nos parecen injusticias y malquerencias ajenas. es muy pequeño aún para darle ese alimento. Merci bien. Doña E. de N. -Celebro la mejoría. El parche Beslier es adecuado al caso y puede emplearlo sin inconveniente. Don A. R. -Comprenderá fácilmente que con la escueta nota que envía no se le puede aconsejar gran cosa. Ensayen los caldos de legumbres, que dan muy buenos resultados. La fórmula se publicó en números anteriores. Don F. C. -Reglamenten la alimentación mucho. Pueden mezclar al biberón un tercio de cocimiento de avena. Pesen á la niña cada mes. Petitte Maman. -El bebito, como usted dice, ESTAFETA Landiche. -El anuncio que me incluye en su carta pertenece á la charlatanería vergonzosa que invade la Prensa. 1,0 que le proponen desde Viena me parece también