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A B C DOMINGO 22 US NOVIEMBRE DE 1908. EDICIÓN 1. PAG. 4, No. Decididamente, París no merece el pomposo nombre de Villa de la Luz, porque aquí se vive entre sombras, caminamos sobre espesas capas de basura y aspiramos un perfume que no es el que exhalan las flores srecisamente. Oero es lógico lo que sucede, porque, des pues de todo, no es posible que exijamos á los ediles parisinos que sientan atesto por una tierra que no es la suya, del mismo modo que no podemos pedir á los concejales de Madrid que se cuiden del embellecimiento de la capital. -Estos concejales son oriundos de Lyon, de Marsella, de L, ille, de los cuatro extremos de Francia, y vienen á París á hacer carrera y fortuna para retirarse más tarde á disfrutar los bienes adquiridos allá en la tierra que los vio nacer. ¿Qué les importa el saneamiento de la capital? Se preocupan mucho más de dotar á su pueblo de una fuente, de un edificio, de un jardín ó de una carretera. El embellecimiento de París los tiene completamente sin cuidado. Es la enfermedad que sufren nuestros Municipios: la falta de amor de los ediles. Por eso los servicios municipales están mucho más adelantados y mejor cuidados en provincias que en la capital. Barcelona tiene concejales catalanes; Sevilla, sevillanos; San Sebastián, guipuzcoanos, y todos ellos se sacrifican y trabajan por el engrandecimiento de la ciudad. Madrid no tiene concejales madrileños, sino que unos son gallegos; otros, andaluces; otros, extremeños, y eada cual va á hacer su carrera política... ¿Qué les importa la administración ni el embellecimiento de la ciudad? En el Ayuntamiento de París sucede lo aiismo... ¡Todos estos concejales parisinos, en cuanto pueden, se retirarán á Marsella, á I, yon, á I ille, y no se acordarán de venir á París más que una vez al año... ¿Qué no hay luz? Bueno... ¿Que las calles están llenas de basura? Mejor... Ellos no han aspirado áser concejales de la capital para ocuparse de esas pequeneces Y así está la Villa- Lumiére, que en días orno el de hoy parece un corral de cerdos... JOSÉ JUAN CADENAS Pa. Noviembre. ejercicios de bomberos. Para que los presenciaran los alumnos de la Escuela de Arquitectura y examinaran de paso el material, realizó ayer mañana el Cuerpo de Bomberos interesantes maniobras y simulacro en la plaza de San Marcial y en la calle de Don Martín. Presenció lo. s ejercicios público muy numeroso, al cual contenían varias parejas de la Guardia municipal montada. Terminaron las maniobras con la instalación de una línea telefónica desde lo alto del edificio que se suponía incendiado al automóvil del Cuerpo de Bomberos, que eslaba en el centro de la explanada de San Gil. Salvamento de un submarino. Hace algún tiempo fuese á pique, cu el puerto de Iya Pallice, el submarino francés Fresnel, y los trabajos de salvamento, comenzados inmediatamente, han sido ineficaces durante muchas semanas, hasta que, al llegar la marea más baja del año, quedó el buque al descubierto, se pudo tapar la vía de agua que fue causa de su pérdida y fue trasladado al varadero por dos remolcadores. dición de la inspiradísima obra de Arroyo Boito, dada anoche en el Teatro Real para presentación de les nuevos artistas, y en la cual tomó parte la notabilísima diva Celestina Boninsegna. intérpretes de Mefistófele. LosPor separado reseñamos la primera au- NUESTROS GRABADOS KTos hemos equivocado. Creíamos que nuestro país necesitaba ante todo que sus gobernantes atendieran necesidades reales de la vida, que al abandono de los antiguos y desacreditados programas eminentemente políticos, prometiendo euanto en la práctica desfiguraron luego, trajera consigo otros programas, fundados en cosas más tangibles, mas efectivas, más apetecidas por la conciencia nacional, eomo armas para la diaria lucha de la vida, que los españoles sostienen en condiciones de inferioridad con respecto á otros pueblos cuyos hombres de Estado se preocupan, más que de discusiones de eseuela, de obras de Gobierno y administración. Nos hemos equivocado. Creíamos que la enseñanza oficial deletérea que padecemos en España, con cursos por su duración irrisorios, por su intensidad nulos; que esa enseñanza que no hace trabajar ni discurrir al alumno, que explotándolo le envenena el juicio con disparates ó tonterías que saltan á la vista de quien abra no pocos de los libros que cualquier catedrático puede imponerles sin atender sino á su personal provecho; que esa enseñanza que sólo por toda garantía de eficiencia ofrece risible remedo de exámenes que nada prueban, no producen sino millares de académicos títulos de mentidas aptitudes; creíamos, en fin, que esa enseñanza que atrofia inteligencia y voluntad en la juventud, preparando aún mayor decadencia de la raza, era materia de importancia suficiente para ser atendida por quienes quieren marcar orientaciones de gobierno, para que concretamente se hubieran señalado en Zaragoza sus vicios y remedios. Pensaban los españoles que no bullen ni cabildean en política que el abandono y atraso de las obras públicas, las dificultades de comunicación, la falta de salida de productos de sus poeas comarcas, el abaratamiento de transportes, disminución de trabas que detienen el progreso de la agricultura, la industria y el comercio, eran cosas que á la nación interesaban primordialmente, y aun acaso esperaban algunos que ellas hubieran preocupado al Sr. Moret al redactar su discurso. Suponíanlos, al oir hablar de nuevas eras y radicales cambios, que las remoras que á toda privada manifestación de individual ó colectiva actividad opone nuestra omnipotente burocracia, con la lentitud de una ad- ministración oficial entrometida, holgazana; y a n á veces venal, iban á ser defectos que remediaran los gobernantes de mañana, que iban á desaparecer los reglamentos administrativos que interpretan ciertas leyes de tan singular modo que las anulan sí así le place á cualquier empleado que creyendo debe el Estado ser enemigo de toda iniciativa ó naciente empresa dificulta unas y otras, con esa tira nía y dsseonsideración que tan pronto se sienta ante una mesa de oficina, confunden con la alta dignidad de sus cargos casi todos los funcionarios públicos; mirando con olímpico desdén á los que trabajando luchan por hacer una España grande y próspera. lisonjeábanos á algunos la esperanza de que un hombre de la gran cultura del señor Moret habría visto claro lo que hoy quieren los pueblos; que á sus resonantes éxitos de orador elegante y artístico apetecería unir otros más sólidos como gobernante y administrador, y en tal supuesto creíamos que, además de atender á cuanto más arriba queda expuesto, algo nos diría sobre propósitos y medios de poner fin á las ocultaciones de riqueza, que arrojan sobre unos cargas contributivas que debieran soportar otros, algo sobre aspiraciones d s SEMBRANDO VIENTOS acabar con los despilfarros de la Administración oficial, de reducir cargas que abrumadoramente pesan sobre los presupuestos, imposibilitando inversiones reproductivas de ellos; y tanto más motivo había para creerlo cuanto que á su reciente discurso de oposición á los actuales, en el Congreso pronunciado, ha seguido el de Zaragoza, donde parecía lógico que el jefe del partido liberal hubiera manifestado propósito de tomar otros caminos diciendo cuáles fueran. Nos hemos equivocado de medio á medio, pues á juzgar por el discurso del Sr. Moret y por los entusiasmos de las gentes organizadas en partidos políticos que con él se entusiasman, declarándolo trascend atal, nada de lo anterior pesa ni importa para el resurgimiento y el progreso de la patria, ya que nada que represente intereses ni conveniencias de los pueblos mereció ser tratado por el Sr. Moret Es su discurso en casi todo una nebulosa, pues apenas hay en él afirmación que en otro párrafo no se halle atenuada y desvirtuada. Tiene el grave defecto, más grave en gentes que se llaman liberales, de no presentar ni una solución clara y concreta para ninguno de los puntos que envueltos en vaguedades toca. Así no puede hablarse á un pueblo para pedirle que, llegado el día, dé sufragios y apoyo á quien rehusa decirle adonde le va á llevar, á quien calla el programa hasta que escala el poder, porque los pueblos tienen derecho á saber para qué lo quiere el que lo pide. ¡EL CLERieAWSMol He aquí todo lo que ha encontrado el Sr. Moret como argumento Aquiles para su discurso. He aquí el grande, el único problema que España necesita resolver, y aun sobre él tampoco se dice claro lo que se desea. En esta tierra, donde todo esta por hacer, donde Gobiernos y políticos nos han gobernado siempre en verso sin cuidar de prosaicas, pero vitales conveniencias, no hay nada más urgente que entonar una oda guerrera contra curas y monjas; no hay más urgencia que merezca atenderse que la de poner á la religión el mote de clericalismo, para poder combatirla disimuladamente, sin dejar de llamarse atólicos, que á eso ya no se atreven la mayor parte de los hombres del bloque. I a libertad de conciencia pide el Sr. Moret. ¿Pero es que en España no la hay... ¿A quién lleva nadie á confesar, á commlgar, ¿casarse canónicamente, á la guerra? ¿Para qué destino, para qué profesión, para fundar qué industria se pide á nadie pruebas de catolicismo? ¿Qué penas hay establecidas para quien no va á misa, qué autoridad nos lleva á ella á la fuerza? ¿Quién veda á cada padre educar á su hijo en la religión que se le antoje, ó que si así le place no le eduque en ninguna? Pues si todo eso es cierto, y todos sabemos que lo es, ¿qué quiere decir el Sr. Moret con esa libertad de conciencia que nadie nos regatea? Algo que calla para evitar desprendimientos en su partido, y que deja entrever para buscar la ayuda de la extrema izquierda; algo que turbará de nuevo la paz de las conciencias, lanzando la manzana de la discordia entre españoles. ¿Y qué se busca? Aplausos de sectarios que, como acostumbrados á gritar fuerte, han de hacer mucho ruido, y que por sonar mucho podrá intentarse hacer pasar por aprobación popular; acudir á los viejas y gastados recursos del chin, chin y las algaradas, sembrar vientos para cosechar tempestades. ¡Valiente progreso! Ya eu la estación de Guadalajara ha oído el Sr. Moret, al regresar de Zaragoza, los épicos trorn. petazos del Himno de Riego, ya ha conseguido resucitarlo, ya hemos retrocedido ochenta años. Por ese camino puede que cualquier día oigamos El trágala y La Pitíta. Agitando el fantasma de una reacción sin realidad que á nadie oprime, acaso sea el Sjr 4 Mojret rjncioal I rfiYiícadox, de. uaa