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ABC. Yo deseo vivamente que la campaña emprendida por mi buen amigo el Sr. Roda, con tan noble desinterés como talento, obtenga un éxito completo, Sus entusiasmos entonaron mi espíritu, momentáneamente desfallecido en el día triste, lluvioso, aliviando mis quebrantos y dolores. Le prometo y me prometo no recaer. JRES DE FUERA Al llegar la noche me trajeron una carta que Había dejado en mí buzón el cartero. Las cartas todas, aun cuando traten de ocultarnos quienes las escriben el estado de su alma, denuncian siempre la verdad. Nos dice con letras desiguales su autor que está de prisa y que nos escribe poco por esta causa; pero advertimos en los trazos que la misivan. 0 se redactó con precipitación. sino con cansancio, por cumplir. Otras veces, el adjetivo cariñoso no corresponde á la sequedad del estilo; se siente que la despedida, aparentemente cordial, es fría, como ese besamanos grotesco con que disfrazamos nuestros desdenes epistolares. DE NOVIEMBRE DE 1908. EDICIÓN i a P 4 G. Las vi marchar tuertes, alegres, y cuando todavía sus manitas me tiraban besos, pensé que aquella forma de caridad era muy, hermosa y el remedio de muchos niales, Aquellas niñas se llevaban la salud del cueri? po y del alma; para ellas el niño rico no será el enemigo, no; recordarán los días da Weston, los dulces y besos repartidos por igual, y ese recuerdo será quizá un freno en algún mal pensamiento... Entonces acordóse la amable señora de mi- ¡Dios se lo pague! -y pensó escribirme. Al volver á observar algo semejante de nuevd en Ginebra, tuvo la bondad de enviarme esta preciosa carta, que transcribí literalmente en gran parte. Termina preguntándome: ¿Qué madre que tiene una casa en el campo ó puerto de mar se negaría á recibir una niña por na, poco de tiempo? ¿Quién, de los que salen de; veraneo, un puesto entre sus hijos, no costaudo el viaje del niño nada? Quizá sea erí. mi una locura pensar esto; pero estoy obligada á creer que la humanidad es buena y UNO DE LOS EJERCICIOS GIMNÁSTICOS esperar todo de ella. Tiene usted razón, señora mía, la humaniDEL NIÑO dad no es mala. No me he reído de su carta llegar los días de Navidad sus protegidos antes al contrario, he sentido que me sutengan algo de lo que constituye las ale- bían del corazón lágrimas de ternura á los grías de los niños en esos días. En verano, ojos. Acaso su carta, que publico, ansioso de que durante la época en que todos descansan y disfrutan de aire y sol, para que ellos tam- tenga eco en otros corazones y se llegue á bién lo tengan, las Compañías de ferrocarri- realizar en nuestra patria algún día esa obra les y vapores les hacen un precio reducidí- higiénica y cristiana, se olvidará, como se simo, y esa Sociedad se ocupa de colocar sus olvidaron muchos de mis pobres escritos de niños en playas y campiñas; aquí dos, allá propaganda; pero, ¡quién sabe! también me tres, más lejos tino. Nadie se atreve á negar creí olvidado y solo en este día frío y lluvioun puesto entre los suyos á esos niños que so de otoño, y me he sentido, como por mánecesitan la salud más que el pudiente, gico conjuro, confortado por la influencia de puesto que de elía viven. Ante mis ojos vi unos espíritus buenos y honrados. colocar un centenar de ellos. Gracias á los dos de todo corazón. Y per Mi convento recogió ocho. Llegaron con dónenme los lectores las confidencias que el sello de la gran capital, sus caritas páli- les hago. das, paraditas... Entre mis hijos, con nos- Los enfermizos y malhumorados que reotros, en nuestra mesa, pasaron cuatro se- niegan de la vida por no saberse librar de manas. la esclavitud de sus apetitos; los escépticos E 1 aire, el sol, los baños, en ese tiempo, y maldicientes que consumen egoístamente devolvieron á aquellos niños todo lo nece- sus energías en viajes inútiles, sin provesario para soportar el invierno, lleno quizá cho, sepan que existen medios de estar sade miserias y privaciones. La misma satis- nos y de ser felices. Para ello es preciso vi facción que por mis hijos, me causaba el vir y amar como viven y aman mis amigos. ver ganar en salud aquellos niños, tratados igual que ellos. Me pagaban con esa confianza encantadora de los niños, y cuando al término de las vacaciones les devolvimos á Londres, yo era la deudora de aquellas niñas. EFECTOS DE LA GIMNASIA RESPIRATORIA EN UN JOVEN DE TRECE AÑOS La carta, recibida sin señas precisas, venia de Suiza, y trascendía á suave perfume de violeta. Los trazos eran claros y firmes. Un grafólógo hubiera diagnosticado equilibrio y sensibilidad en su autora, pues la firmaba una mujer. Después de leída (ocupaba tres pliegos) recordé la persona y agradecí mucho su recuerdo. Es una joven viuda, cuyos hijos visité hacía tiempo, y que perdí de vista. Su carta me traía una visión amable y consoladora. A orillas del lago Leman vive, y me decía, entre otras cosas, textualmente: Ayer (la carta tiene fecha de fines de Octubre) pasaron cantando bajo mi balcón una porción de niños. Pregunté qué era: s- -Son los niños de las eseuelas públicas, que van á recoger los últimos rayos de sol á la montaña- -me dijeron. Pensé con pena en los niños pobres de mi querida España. a el mes de Mayo, habitando en un. pueblecito de Inglaterra que se llama Westoti, vi llegar al convento que yo habitaba una señora de Londres á pedir á las monjas hospitalidad para algunos niños durante las vacaciones de Agosto, los que pudiesen. Llena de curiosidad, pregunté, y he aquí lo que supe: Una Sociedad de Londres, cuyo nombre no pongo por temor á dejarme alguna letra en el tintero, se preocupa de los niños pobres. En invierno recoge fondos para que al EJERCICIOS DE MARCHA POR LAS ALUMNAS DEL INSTITUTO CENTRAL DE GIMNÁSTICA DE ESTOCKOLMO