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A B C JUEVES 22 DE NOVIEMBRE DE 1908. EDICIÓN i. PAG. 14 plantaron de espaldas al escaparate. Poco después arribaron, uno tras otro, Piojito y Camaroncito; que todo era diminuto y diminutivo en la torería de aquel entonces. Tampoco huDO nada. Al cabo de un ratejo llegó Lertura, un banderillero á quien llamaban así (Lectura) porque presumía de leío y escrebío, y, por lo pronto, se puso á escuchar lo que contaban de eierta contrata para México, por supuesto, sin miuras; mas de allí á poco, algo hubo de llamarle la atención en el escaparate, porque miró con fijeza, entornando un tanto los ojos y poniendo sobre comiéndose media res viva en la plaza de zarlos por medio de una queja dada á las ellos una mano, á modo de visera. De pronPueblo Nuevo del Terrible... Y después de autoridades... Todo menos caer en desgra- to exclamó: conminar todos con banderillas y estocadas cia con aquella gente, que tanta mano tenía. ¡Cabayeros, bámonos de aquí á la gran de buten, no digo yo al signo Tauro, por lla- ¿Rogarles que se fueran á otro lado... No Bretaña! ¡Marditos sean los reaños. marse así, sino al Zodíaco entero, el que harían caso alguno, porque la calle es del rey. -Pero ¿qué pasa? ¿Qué bicho te ha piparecía algo presidente de aquella asam- ¡Oh, si él pudiese echarles un miura de aque- cao? -preguntó uno de sus camaradas con blea, y á quien apodaban Bisteles porque en llos cuyo solo nombre les daba escalo- extfañeza. los cafés, como en desquite de pretéritas fríos... -Pos ¿no bes esos letreros, home? hambres, no pedía otra cosa que carne asaEn esta angustiosa perplejidad encontré Y señaló al escaparate. da, resumía los debates diciendo: á mi paisano cuando, ocho ó diez días desEntonces, mascujando y como Dios les dio- ¡Pa toreros, acá: no hay que daye güer- pués de abierta su tienda, entré á pregun- á entender, leyeron lo que Lertura había ías! Y si no fuera porque los miuras- ¡lar- tarle qué tal iba su negocio. Contóme sus leído y exclamaron poco menos que á coro: garto! ¡largarto! -son mu retecondenaos y cuitas: allí estaba, en efecto, el cotarro taurino, Mos tenemos que di de gorpe y sutnbío. esacreítan ar diestro e Dios... que así le llamaba Pardo por no hallarle ¡Mala oya sin tosino coma e por bía er tío Y todos, rápidamente, meneaban desem- nombre peor; allí estaban todos, chupetean- e la tienda! blantados la mano izquierda, haciendo con do sus chicotes y contando infundios. Y se largaron para no volver. los dedos un signo demasiado tauromáqui- -Pero ¿no se te ocurre ningún medio El milagro se había conseguido con casi co, y exclamaban: para zapear á esa gente? -le pregunté. nada: con sólo repartir en el escaparate alN- ¡L. argarto, largarto! -Ninguno- -respondió con desaliento. gunos artículos de viaje y poner acá y allá Otras veces aquel congreso trabajaba en- -Pues, hombre- -añadí, ¡si eso es f acili unas anchas tiras de cartulina con íetra 1 secciones: dividíase en grupillos de á dos ó simo! En poca agua te ahogas. Mañana, bien negras y bien gordas que decían: tres y charlaban, cuál de aventuras amoro- mismo los echaremos. No me preguntes ¡MALETAS! sas con princesas de Caramán- Chimay; cuál; cómo; ¡ya lo verás! EL BACHILLER FRANCISCO DE OSUNA LQS CARLISTAS CATALANES BARCELONA. BANQUETE A LOS VETERANOS DE LA GUERRA CIVIL EN UNO oleta, los más jóvenes de los cuales solían de parientes pobres á quienes protegía (pordecir á toda criatura con enaguas, guapa ó que, bromas arjatte, eso sí, el corazén del fea, piropos capaces de arrebolar la cara al torero es b. uenísimo) y cuál, de lo mal paGiraldillo de la catedral? gados que estaban sus arrojos, cuando cualY mientras esto pensaba Pardo, los tore- quier cantaorsiyo de ópera ganaba mucho retes, apiñados allí en número de doce ó más. quince, semejaban, por el ruido que metían Y á vueltas de estos debates, tosían, y escharlando todos á un tiempo, jabardillo re- cupían, y tiraban los remascados chicotes cién salido de colmena rica y bien poblada. para encender otros, y ponían el suelo heCuando deliberaban juntos, trataban, ¡claro cho un asco; y cuando unos toreros se iban, está! de re taurina y mentían más que caza- otros llegaban de refresco, como si tuviesen dores, inventando y atribuyéndose cada turnos establecidos, hasta las once de la cual hazañas buenas para dejar tamañito á noche. Hércules, el que estranguló con solas sus Pardo estaba inconsolable, y aun más se manos al famoso león Ñemeo y se vistió su afligió cuando al inquirir entre los vecinos piel, más por donaire que por jactancia. supo que la empecatada tertulia tenía asen ¡Aquello que había hecho Currim cuando in- tados allí sus reales desde tiempo inmemo ventó el pase de espaldas en la novillada de rial, sin que hubiese faltado sino mientras Benacazón... ¡Pues no, que la barbaria que la ahuyentó accidentalmente el polvo de había ecutao Escarabajeo (el que lo contaba) las obras. Y ¿qué hacer en este apuro? ¿Lan- Fot. B DE LOS TINGLADOS DEL MUELLE Y á la tarde siguiente lo vimos; que ye fui á recrearme en mi obra. Manipulamos lo poco que fue menester, y pusímonos eti acecho junto á la puerta interior del muestrario. A eso de las cinco llegaron los dos más madrugadores, Cfyicharito y Lentejita II, y se