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A B C. JUEVES 12 DE NOVIEMBRE DE igoS. EDICION i. P O 4. cía personal de cualquier tendero al menu- los periódicos concurso para el suministro, á deo que venda tan poco como suelen ven- los seis, ocho, diez ó doce mil individuos der estas cooperativas, en las cuales suelen que la constituyeran, de todos los artículos ser grandes las avenas 3 mermas por ser de consumo diario, ropas, calzado, muebles, 7 menor en general el interés y la práctica de etcétera, etc. concurso al que podrían aculos que las regentan que los de los comer- dir comerciantes de todas clases que tuvieciantes, á quienes estos accidentes se les ran ó se comprometieran á establecer desuegan al bolsillo. pachos en el distrito ó distritos donde la soL, as dificultades de traficar en carnes, ciedad radicara. Esta no necesitaría sino aevos, carbón, leche, caza, pescado, paste- una oficina donde en la cantidad que cada lería, etc. obliga á prescindir de estos ar- socio pidiera se le darían vales, á cambio tículos, y como ellos son los de mayor coste de dinero, para pagar con ellos cuanto comen el diario consumo de una casa, la utili- prara en todos los establecimientos elegidos dad por los socios reportada es tan reduci- en el concurso para proveedores de la sociedad. da que apenas se enteran de ella. Al poco tiempo de establecida la tienda, líl dinero canjeado por vales se depositaios señores de la directiva, muy entusias- ría diariamente en una cuenta corriente en mados coa la empresa en los comienzos de un Banco abierta, y en las épocas señaladas ella, se cansan de hablar de judías y latas para liquidar con los proveedores presentade sardinas, de vigilar al encargado de la rían éstos, en la oficina social, los vales por tienda, de mancharse las levitas con lampa- ellos recogidos en pago de mercancías, que rones de aceite, de entrar en un salón ó en se les canjearían por talones de pago contra un teatro oliendo á bacalao ó á petróleo, de el Banco expedidos. recibir cartas impertinentes de este ó el otro No es propio de un artículo periodístico socio, que les hacen cargos por el vino agria- detallar la reglamentación que sería necedo, por las lentejas c n habitantes, de ser saria, bastando para auestro objeto, de lanllevados, traídos y á veces calumniados en zar la idea, hacer notar que el aliciente de juntas generales, todo lo cual les hace apre- un consumo asegurado para crecido número surarse á dejar la directiva, donde son reem- de millares de individuos haría que los coplazados por otros caballeros que, entrando merciantes ya establecidos concedieran boea ella á la pura fuerza, apenas se toman nificaciones mucho más importantes que las otro trabajo que el de firmarlas cuentas del obtenidas en las cooperativas que hasta encargado de la tienda, como éste las pre- ahora conocérnoslo en las que, siguiendo senta, y sin tomarse el trabajo de compro- método análogo al recién indicado, han inbarlas. tentado plantearlo parcialmente y sin aseI a cooperativa no es ya sino una tienda, gurar al comercio, sino el consumo de esmal é irregularmente surtida, con clientela caso número de asociados. de día en día más escasa y descontenta: un Con tal procedimiento, las bonificaciones establecimiento manejado por quien no es se obtendrían sobre todos los gastos que propietario del capital invertido en él y que una familia realiza; se evitarían las dificuluo se siente vigilado. tades de una gestión técnica; se simplificaAgregúese á esto que no sólo los artículos rían la dirección y la administración, redude carnicería, pescadería, etc. quedan fuera ciendo los gastos de ellas extraordinariade la acción cooperativa, sino que igual su- mente; cesarían las causas de desconfianza, cede con ropas, calzado, muebles y cuantos y nos parece que se habría dado con el únino son propios de tienda de comestibles; y á co medio de atajar esa constante alza en los nadie sorprenderá que con tales ensayos ni precios de todo que va haciendo imposible prosperen ni se extiendan en España las la vida de cuantos sólo cuentan con modescooperativas, como seguramente se exten- tos recursos. derán el día en que las gentes reflexionen que tales instituciones necesitan aumentar muchísimo el número de asociados; no encomendar su dirección á quienes sin saber NUESTROS GRABADOS una palabra de comercio no pueden dedicarles sino atención escasa por tener que R l doctor San Martín. cuidar de sus propios asuntos, para ellos Por separado damos cuenta de la conmucho más interesantes; ampliar los benefi- ducaión del cadáver del eminente catedrácios de la accioa. mancomunada á iodos los tico y ex ministro D. Alejandro San Martín artículos de consumo; no presentarse como desde la casa mortuoria á la Facultad de enemigas del comercio libre, sino tomarle Medicina y de la autopsia practicada al cacomo aliado y servidor; adoptar, por últi- dáver en cumplimiento de las disposiciones mo, gestión sencilla y poco dispendiosa que testamentarias del ilustre finado. además haga imposibles murmuraciones y desconfianzas. Supóngase que en vez de una cooperati- Ooda de Príncipes. va déla Prensa, ó de los empleados del mi- Según dijimos oportunamente en uno nisterio A ó B, ó de los obreros de esta ó la de nuestros telegramas, se ha verificado en otra fábrica, se formasen otras asociándose, Cannes la boda de la princesa María Pía de de una parte, empleados, abogados, médicos, Borbón Sicilia con el príncipe I uis de Ormilitares; periodistas, etc. de uno ó de dos leáns y Braganza. El templo de Nuestra Señora del Buen ó tres distritos contiguos de Madrid; de otra, todos los obreros de taies distritos, cons- Viaje, donde se celebró la ceremonia, estatituyendo núcleos de consumo homogéneo ba espléndidamente adornado. Dio la bendición nupcial el obispo de en cuanto á calidad y diversidad de artículos, según las necesidades variables de unos y Niza. otros hogares, en armonía con los recursos y posición social de los asociados. Así la parte 1 os carlistas eatalanes Lj El partido carlista de Barcelona ha cemás desahogada de la clase media podría formar una cooperativa; otra, la que sólo lebrado, como nuestros lectores saben, vadispone de medios más modestos, y una ter- rios actos en honor de sus veteranos. Hubo solemne oficio en la iglesia parrocera, los obreros. Así serían frecuentes asociaciones con número de consumidores su- quial de San Agustín; banquete en uno de perior á cinco ó seis mil, y aun pasarían al- los tinglados del muelle; imposición de medallas, y mitin en el teatro Principal. gunas de doce ó quince mil. En el banquete hubo más de mil comenHecho esto no debería pensarse ni en montar tiendas, ni en compras, ni en cuotas, sales, que ocuparon 16 grandes mesas. Varios oradores pronunciaron brindis que, sino acaso (y no precisamente) en una única y mínima de entrada, ni casi en caja social. como era de suponer, fueron muy aplauConstituida la Sociedad, anunciaría en didos. U abrá pocas invitaciones tan sinceras y desinteresadas como la dirigida á la Prensa madrileña por el Comité de la Exposición de Zaragoza. Próximo á terminarse el admirable Concurso, que ha reverdecido los laureles de la histórica ciudad, ni el espíritu más suspicaz se atrevería á suponet en sus directores el deseo de excitar la gratitud periodística en espera de la alabanza ¿De qué pueden servir los elogios, ni qué beneficios reportará la propaganda á una empresa momentos antes de su clausura? Vaya esa observación indudable para las gentes que comentan los actos de la vida con el deseonsolador do ut des, principio y fin de una triste filosofía. Y sepan que los agasajos con que se ha honrado, no á nuestras personas modestas, sino á la represen, tación que ostentábamos, fueron el expresivo testimonio de gratitud por una laboi realizada también con absoluto desinterés. Agradecidas asimismo por nosotros esas efusivas muestras de afecto, digamos que no eran necesarias. La Prensa de Madrid hizo justicia al alabar la Exposición de Zaragoza, y ya es sabido que toda obra de justicia lleva en sí misma su recompensa. Junto á la satisfacción del deber cumplido, póngase la que produce el consignar los hechos gloriosos para todo cronista creyente en la virtud de su patria y de su tiempo. Una visita á esta Exposición, siquiera sea tan rápida como la nuestra, sirve de tónicc espiritual y fortifica hasta á los más abatidos. Tenemos tan mal concepto de las cosas de España, que al ver nuestro juicio revocado por una hermosa realidad, sentimos renacer las esperanzas luego de habernos entregado á una franca admiración. Y cuando nos dicen los obstáculos que fue precise vencer, las enormes dificultades resueltas los mil y mil impedimentos allanados, nuestra admiración se convierte en entusiasmo y nos obliga á cantar los milagros de la voluntad, que transporta basta las montañas lo mismo que la fe, según feliz expresiór del poeta. Obra ha sido, en efecto, de voxuntad ese Certamen, que ha llevado á todas partes el nombre de la patria. Para conmemorar el pasado heroísmo, quiso mostrarnos la inmortal ciudad el camino que han át emprender los héroes modernos. Y al asociar ambas fechas entre los emblemas del trabajo, ha escrito con sus cifras todo un curso de filosofía de la historia. No sólo por lo que vale el esfuerzo, sino por lo que representa y significa, puede servir de lección oportuna y de provechosa enseñanza. De la clásica tenacidad aragonesa y de su puro y práctico patriotismo eran de esperar estos resultados. Siendo, naturalmente, distintos y hasta, al parecer, antitéticos la gloriosa efeménde zaragozana y el hecho conmemorativo, son en el fondo iguales, puesto que fueron auimados por un mismo espíritu de grandaza. I,o s zaragozanos del siglo venidero podrán mostrarse tan orgullosos de los Sitios de 1808 como de la Exposición de 1908, ya que en ambos sucesos triunfaron sus antepasados, mostrando á la admiración universal las épicas virtudes de la raza. I,o s zaragozanos de hoy sienten ya poi anticipado ese orgullo legítimo al enseñar su obra á los visitantes. Y al relatar cómo surgió el proyecto, de qué manera empezó á realizarse, la oposición vencida, los trabajos hechos en plazos inverosímiles, sugieren la idea de algo verdaderamente grande, superior aún á lo que se eontempía. Porque aquello fue una fiebre de entusiasmo que á todos contaminó para que nadie abandonara su puesto. Desde D. Basilio Paraíso, que ha sido el alma creadora, UN VIAJE A ZARAGOZA