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STB C. MIÉRCOLES 4 DE NOVIEMBRE DE 1908.3 EDICI 0 N i PAG. 5. la Católica, y 7 ál terminar, los concurrentes j- ¿Es yerdaz lo que dices? -Dos zarzuelas Se dirigieruu en manifestación al Gobierno civil para entregar al gobernador las coa- me colocó ayer tarde- ¿Y qué... clusiones adoptadas, con objeto de que dicha autoridad las transmitiera al Gobierno. -Pues de una puede sacafáe un dtacma. a capilla de Eiorrieta. ¡Anda con ella! Un el barrio de Eiorrieta, de Bilbao, se -No hay más remedio, chico. Ya que emse ha celebrado con la solemnidad propia pujan, del caso la colocación de la primera piedra hay que luchar con todas nuestras fuerzas (de una nueva iglesia que ha de edificarse para probar que somos y valemos en honor del patriarca San José. La cere- y que al ñn la victoria será nuestra. monia fue breve y después se sirvió en los- -Estoy contigo. locales de las adjuntas escuelas un lunch á- -Bien. los invitados. -Pues á la lucha. á ver si se halla forma ó si hay manera I I n parricida. En la sección de Tribunales damos de que puedan vivir los literatos Cuenta de la vista del proceso instruido con- que tienen algún gas en la cabeza. Sra un individuo llamado Domingo Salas- ¿Hablo bien? ¡Ni La Cierva! (a) el Torrejonero, acusado de repugnantes- ¡Poco á poco, crímenes entre íqs cuales el más grave es que yo no te permito que me ofendas! el de haber dado muerte á una hija suya creto ni exclusivismo. En los g ríódicos oficiales se publicó la autorización. La autorización no era sólo para la casa Vickers, sino para todas las casas que quisieran hacer tales trabajos. Queda lo referente al secreto de las proposiciones. Pero estas proposiciones que hacen las casas constructoras, ¿no tienen una parte reservada en que, se habla de medios de eonstrucción, de secretos técnicos de dichas casas, que no es justo que se divulgen para que no pasen á poder de casas rivales? ¿No apelan siempre estas casas á la caballerosidad de los destinatarios cuando remiten sus pliegos? ¿Ni? es práctica constante el mantener reserva sobre dichos extremos? Segunda fase. -Wi interpelante se ve con el terreno cortado. Los principales cargos de su int- erpélaeión han sido destruidos. El orador nq. puede volver sobre los dos aigumentos dichos. No le queda más recurso que insistir sobre la contradicción de la denuncia del artículo y la no denuncia del libro. De es- te modo, lo accesorio de la interpelación pasa á convertirse en lo principal. Lo principal ahora, como ve el lector, eá bien poco; para esto no se anuncia y se hace una interpelación. El interpelante insiste, pues, n la dicha contradicción. Y hay algo nuevo también en su rectificación: lo referente á la dimisión que del cargo de presidente de la Junta consultiva ha hecho s Sr. Cervera. El orador habla también de lá dimisión de otro presidente que ocupó después el cargo. El interés del debate pasa ahora á este asunto. Los otros temas estári agotados. El interpelante lo comprende as! y hace hincapié sobre esta materia. Replica el ministro de Marina. El señor Cervera dimitió por enfermedad. El Sr. Albacete, á quien tocaba suceder en el cargo, tenía otro tan importante como éste, en el Consejo Supremo. ¿Iba á dejar éste para ocupar aquél? Tercera fase. -El debate entra eu un terreno de verdaderas nimiedades. Se discute si el Sr. Albacete debió ó no ocupar el cargo. Se habla de antigüedad en el cargo y de antigüedad en la carrera. Se insiste sobre esto. La Cámara se distrae. Se ha agotado el tema. No tienen nada que decir ai uno ni otro orador. El presidente exclama: ¡Queda terminada esta discusión! L MANUEL SORIANO. c OPLAS DEL MIÉRCOLES. LO QUE SE HABLA EN LOS CAFÉS (EN LA MA 1 SON D D R E E) IMPRESIONES I I NA INTERPELACIÓN Un distinguido -diputado liberal, el Sr. Burell, explanó ayer una interpelación sobre Marina. Se había hecho atmósfera por algunos periódicos en torno de esta interpelación. Se había dicho que existía expectación por conocerla. Se dijo también que los ministeriales sentían ante su anuncio cierta inquietud No hubo nada de esto. Durante la primera parte del discurso del diputado liberal, la concurrencia fue escasa en la Cámara. E n la tribuna de ex diputados y funcionarios sólo había dos personas; señoras, no se veía ninguna en las tribunas. lluego, á media tarde, la concurrancia aumentó un poco, pero no llegó nunca á ser extraordinaria; espectadores femeninos- -los más seguros barómetros de la expectación- -sóJo vimos dos en toda la tarde. En cuanto á la inquietud de los ministeriales, puedo asegurarle al lector que dichos elementos estaban muy tranquilos; algunos diputados conservadores estuvieron escribiendo cartas durante el incidente; otros leían. Y- vamos con la interpelación; á tres fases podemos reducir el debate. Primera fase. -El Sr. Burell hace cargos al ministro de Marina por la denuncia de un artículo sobre la construcción de la escuadra. ¿Por qué se ha denunciado ese artículo con arreglo á la ley de Jurisdicciones? Estos días se ha publicado un lib. ro, que se atribuye al Sr. Sánchez de Toca, en qae se formulan más graves car gos sobre la construcción de la escuadra. ¿Por qué se ha denunciado el artículo de referencia y no el libro? Los cargos que se hacen en el libro son dos. Uno, el haberse concedido autorización á la casa Vickers para hacer trabajos preparatorios en astilleros del Estado, autorización que no se ha concedido á otras casas. Otro, el haber tenido en secreto las proposiciones enviadas por las casas que aspiran á la construcción de la escuadra. Ponga el lector aquí alguna amplificación oratoria, algunas imprecaciones, y tendrá completa la interpelación. El distinguido interpelante hizo en todo momento- -justo es decirlo- -la salvedad del prestigio y de la probidad del Sr. Ferrándiz, á quien él estima. El ministro de Marina contestó al señor Burell que, en cuanto á la denuncia del periódico, él no había enviado dicho periódico á los Tribunales. No habiendo enviado el periódico, ¿cómo va á enviar el libro? Esto es cosa de la Justicia. Respecto á la autorización secreta y exclusiva á la casa Vickers, el ministro dice que no hay tal se- -Pero ¿qué es lo que han hecho Benavente, ios Quintero, lanares y Dicenta para hacerse los amos del teatro, donde mandan, disponen y gobiernan? -Eso pregunto yo. -Pero, no obstante, ellos son hoy los amos de la escena, y ellos son los que mandan, los que comen, y son los que la voz cantante llevan. ¡Esto no puede ser! ¡Hay que evitarlo! j- ¡Hay que luchar! -jCon todas nuestras fuerzan! ¡El cocido es sagrado! ¡A defenderlo! i- -Porque si no, San Pin nos espera. -Es una indiznidaz lo que sucede. -De eso tienen la culpa las empresas, que no le hacen justicia á nuestros méritos, l y sólo en ellos y en sus obras piensan. ¿Qué han hecho los Quintero? -Casi nada. -Eso que dices tú. -Cuatro comedias que se ha dado en decir que son bonitas, y se empeña la gente en ir á verlas; que ocupan el cartel cientos de noches y los han de llevar á la Academia. -Y en cambio aquí estoy yo con un talento, que más de cuatro para sí quisieran, y una comedia con la mar de graeis, de chistes finos y de ingenio llena, sin encontrar ningún tupi dramático donde ni por favor quieran leerla. ¿Y lo que á mí me pana? ¿Qué te pasa? -Lo que nadie imagina ni sospecha. Yo estaba de manguero de la Villa y. ganaba mis buenas dos pesetas, y regando las calles, y ¡vamos, hombre! era, como quien dice, una inminencia. Hace un año, una noche fui al teatro donde representaban la comedia de El genio alegre, y en el azto dije: Yo me atrevo á hacer una como ésta. Y no hubo más que hablar. En cuatro días yo mismo me saqué de la cabeza un argumento con la mar de chistes, capaces de alegrar una cuaresma, y en cuatro días, -como aquel que dice, una zarzuela lírica en un azto, catorce cuadros y cincuenta escenas. ¿Y la estrenas? Jamás! No me la azmiten porque no tengo firma. ¡Habrá boceras! ¡Hoy, que too Dios escribe pa el teatro, deemne a mí una cosa como esa... -Hombre, si hasta el Ratón escribe hoy día. escribí Los amores de una suegra, INFORMACIÓN POLÍTICA EN BL CONGRESO i ba á empezar ayer la discusión de los pre supuestos; pero no empezó porque los liberales que forman parte de la Comisión dictaminadora p l a n t e a r o n una cuestión previa. Reunióse la Comisión para examinar el presupuesto de Guerra, que fue aprobado; pero los representantes del, partido liberal dentro de aquélla manifestaron que, en su opinión, no podía comenzar el debate sobre la totalidad mientras todos los presupuestos parciales no estén examinados por la Comisión. Opusiéronse á este criterio los ministeriales, y en vista de que no llegaban á un acuerdo quedaron en consultar unos y otros con sus respectivos jefes. Se celebraron esas conferencias, y tanto el Sr. Moret como el Sr. Canalejas se mostraron de acuerdo con la opinión de sus amigos. El ministro de Hacienda, por el contrario, no estuvo conforme con lo propuesto, y después de consultar con el presidente de la Cámara acordó que empezara eis seguida la discusión. Pero en estas conferencias y en estas consultas había ido pasando el tiempo, y como convenía, por otra parte, avanznr cuanto