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E PRESTA CONOCIMIENTOS PRÁCTICOS Con asuntos de actualidad las casas de prestamos, que entrañan un problema social, y, sin embargo, apenas si leemos en la Prensa periódica alguno que otro artículo en alabanza de las recientes disposiciones, sin más honduras ni comentarios. Merece aplauso todo lo que se encamine á la persecución íle la usura, impregnada á veces en las mismas costumbres, como sucede en el caso presente, y los mismos prestamistas han debido modificar, antes de ahora, sus condiciones en otro sentido, con lo que habrían ganado no poco en el concepto público. Quedan suprimidas de hecho las casas de p ¡estamos por el nuevo reglamento, cuyo texto compendia esta resolución, y serán substituidas por los Montes de Piedad existentes y más que se aumentarán, cosa muy natural y factible para los que por su buena suerte no han tenido necesidad de ambas clases de establecimientos. Pero todo tiene su pro y su contra, que debieran estudiar y mirar bien los gobernantes antes de adoptar medidas tan definitivas. No hay que compadecer á los presta mistas privados de sus industrias, que llaman intereses creados, pero sí atender al bien general, y en este sentido se han debido calcular las necesidades de las clases verdaderamente necesitadas. Contra los juicios de los desconocedores de la cuestión, son negocios completamente di ítintos los Montes de Piedad de las casas de- préstamos. Cambiada en la práctica la m. síón de los Montes que le señala la teoría (5 todas las teorías son buenas) tienen que contestar á los verdaderos necesitados con la frase sacramental: Perdone por Dios porque no cuentan con alhajas de 18 quilates, ni buenas prendas, sino alhajas yá y un pobre ajuar que, como desecho del Monte, e lo que constituye la parte principal del negocio de las casas de préstamos. Los Montes, que no es su condición de traficantes ni baratilleros, pagan abajo precio los efectos porque tienen que enajenarlos después en subastas absorbidas por negociantes y logreros, generalmente confabulados para no subir los tipos, como sucede en casi todas las subastas oficiales, mientras el prestamista es especulador directo que prescinde de esas segundas manos, y efecto también de las competencias gremiales, paga precios mucho más elevados y superiores á veces de lo que se puede vender; prueba de ello es la reventa de papeletas del Monte, solicitada por anuncios en los periódicos, cuyos anuncios no existen para las de las casas de préstamos. Comparar los Montes á las casas de préstamos es lo mismo que igualar á éstas con los baratillos, que son tres escalas de negocio. Un prestamista que tenga dos pesetas sobrantes jamás se avendrá á aceptar quinqués rotos ni sartenes sin mango, como todos vemos en los baratillos, así como tampoco un Monte de Piedad admite las cami sas viejas, pañuelos y sábanas rotas que turna un prestamista. X o5 Montes, siendo establecimientos oficiales y en manos de empleados, ni como están hoy constituidos ni reformados, ni por más órdenes que dicte la Gaceta, no es posiWe que en ningún tiempo ensucien sus ventanillas con esas pobres prendas impresentables y repugnantes á la vista, que sólo ga 13 rantizan el préstamo con la confianza de que será redimida por sus dueña que les son necesarias y á sus medidas. Siete días de conversión á obreros sin pan ni trabajo bastarían para formar juicio exacto de la realidad á los que lo ven todo fácil sentados en sus poltronas. I, a importancia de cada negocio señala también sus diferencias; prescindiendo de los Montes de Madrid y Barcelona, verdaderas entidades bancarias, citaremos el de una capital intermedia, q u e invierte en ciento y pico de operaciones diarias unas 8.000 pesetas, mientras este mismo número de empeños apenas si excederán de 50 duros en una casa de préstamos, representando estos movimientos ana inversión de capitales de 200.000 y 8 000 duros, respectivamente. Esto explica que un Monte cubra con creces sus gastos con el 3 por zoo (variable en distintas poblaciones) que des cuenta por tasación y guardería, equivalente al 8 por 100 anuai por las aos y media vueltas dadas al capital, y que sumado al 6 por 100 reglamentario, más el redondeo de mes completo por fracción, torman un conjunto de 15 á 18 por 100 libre de riesgos y sobre cantidades importantes, que resultaría un buen negocio para cualquier particular. Pero si estas utilida. des son excesivas para un Monte, no es lo mismo para una casa de préstamos, que el promedio de cantidades mismos gastos y trabajo una operación de una peseta que las de 50 duros. Son negocios miserables, principalmente en provincias. donde la mayoría de las partidas son de una, dos y tres pesetas, que al interés más elevado rinden unos cuantos céntimos, y menos, á veces, del gasto que originan. Si estas operaciones fuesen liquidadas al interés legal, como pretenden los moralizadores irreflexivos, producirían muchas de ellas al prestamista menos de medio céntimo y un conjunto de cinco pesetas diarias, cantidades insuficientes para costear casa con grandes estanterías, crecida contribución, dependencia y otros gastos. Hechas estas reflexiones, queda á resolver si son ó no necesarias las casas de préstamos- No nos fijemos sólo en Madrid, como hacen generalmente los gobernantes, como si fueran madrileños y no españoles. Aparte de jue los Montes no cubren las mismas necesidades, hay pueblos crecidos de 20.0 30 á 40.000 habitantes sin esa institución y con un número fabuloso de jornaleros que, en sus paradas, enfermedades imprevistas, y principalmente en las épocas calamitosas del invierno, se defendían como podían con sus cuatro trapos, quedando ahora privados de ese recurso. Esas casas de préstamos se llenan de ropas sn invierno y quedan casi vacías en verano, lo que prueba que no es allí el vicio lo que fomenta el empeño. Se obliga ahora á los pobres á vender sus prendas, que antes recuperaban con unos céntimos de aumento y ahora les costará la reposición cuatro ó seis veces mas del precio recibido, y aun la venta les será difícil ó imposible por falta de prenderos, que sólo existen ea las capitales, porque los particulares no compran ropa usada si no es á sus medidas. Si al fin se ha de convenir en la necesidad de las casas de préstamos, preciso será es veinticinco veces menor, ocasionando los reconocerles una vida legal con un margen suficiente á cubrir sus gastos, más un interés al capital. Decía Heraldo de Madrid de hace pocos días que hay 700 casas en París y 1.000 en Londres, que cobran intereses muy superiores á las de España; pero el mal de allá no disculpa el de acá. El 60 por 100 debe desaparecer desde luego, por contrario á las buenas costumbres, y en su lugar establecer una tarifa reguladora que cortará los abusos existentes; sería lo más adecuado que cada bulto ó lote adeudara un tanto por derechos de almacenaje, custodia y gastos (al igual que Lonjas y otros depósitos, calculados por el volumen y cantidad, y na módico interés al capital según escala del final, excepto en las partidas mayores, que con el solo interés del 8 al 12 por 100 anual es saficienteuiente reuiuuerador. Los mismos ejemplos de desigualdad entre lo grande y lo pequeño se registran en el comercio y la banca; en los tejidos son generales las utilidades de 25 á 50 por 100 en las ventas del por menor y sólo de 5 á 10 por 100 en el por mayor, y auu es más claro en la Banca, que por una letra de cinco pesetas cobran como s i fuera de 100, resultando que el cuarto por 100 de quebranto se convertiría en 5 por 100 á las cinco pesetas por el plazo de ocho días vista. Esta es la cuestión que ha debido tocar el nuevo reglamento, precedida de un estudio práctico y concienzudo sobre la materia, y prescindir de tantas disposiciones contradictorias atentatorias á las leyes é impertinentes al aso de que se trata. Existe, sin embargo, una medida plausible, que es la entrega de los sobrantes en subasta que, como los hay en el Monte, calcula el público que debe suceder lo mismo en las casas de préstamos, fín los pueblos que no hay compradores de lotes completos serán de siertas las subastas como se ordenan; iara vez cubrirán capital é intereses- en las capitales; pero de resultar en algunos lotes, es de estricta justicia que los perciba el empeñante. Prescindamos de la sección de ventas de artículos no procedentes desempeños que realmente perjudican al comercio y que no constituyen problema social El prestan J, que es de imprescindible necesidad á las clases humildes y que sólo los particulares lo atienden- en todas sus fases, forzosamente ha de subsistir, y para ello debe reglamentarse bajo estas tre? bases: 1. El libre empeño, extensivo á las mujeres como de costumbre para ahorrar álos padres de familia la vergüenza de ir en persona á recibir los cuatro ó seis reales, pregonando por la calle su miseria con los cuatro trapos en la mano. La cédula que se exija desde 100 pesetas en adelante. 2. a Regular las utilidades estableciendo un tanto mensual escalonado por almacenaje y custodia con destino á cubrir los gastos que originen las operaciones menores á 100 pesetas y un jaterés al capital de 12 por 100 anual, haHa 100 pesetas; 10 por 100 anual, de 100 á 250 pesetas; 8 por 100 anual, de 250 pesetas en adelante. 3. a Los sobrantes que resulten de las subastas, que sean reservados para los empeñantes. ANICETO GONZAI. O Obispo Urqumaena, g, Cádiz.