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A B C DOMINGO i DE NOVIEMBRE UE 1908. EDICIÓN i. PAG. 7. cioaes lo solicitarán de la Dirección general de los Registros y del Notariado dentro del plazo de sesenta días naturales, conta 3o s desde el siguiente al de la publicación de esta convocatoria en la Gaceta de Madrid, y por medio de instancia, acompañada de los siguientes documentos: r. Certificación de nacimiento expedida por el Registro civil, si aquél hubiera tejido lugar después del 31 de Diciembre fle 1870, ó partida de bautismo legalizada, si hubiera ocurrido antes de i. de Enero de 1871. 2 Título onginaí ó testimonio de licenciado en la Facultad de Derecho, ó certificado de aptitud para el ejercicio déla fepúl) hca. En todo caso bastará presentar certificación académica en la que conste que el solicitante ha sido aprobado en los ejercicios para el grado de licenciado en dicha Facultad ó en la reválida del Notariado, sin perjuicio de presentar en la Dirección general de los Registros y del Notariado el referido título, su testimonio ó certificado de haber hecho el depósito para obtenerlo antes de practicar el primero de los ejercicios de oposición. 3.0 Certificación del alcalde de la vecindad ó del domicilio del solicitante, en la que se acredite su buena conducta. x 4. Certificación del Registro de penados que acredite no estar procesado criminalrúente ni haber sido condenado á penas aflictivas. 5.0 Certificación médica por la que se acredite no tener impedimento físico habitual para desempeñar el cargo de notario. Podrán presentarse además los documencos que acrediten méritos ó servicios científicos ó administrativos del solicitante. Al ¡presentarse las instancias y los docu inentos de que queda hecho mérito, los solicitantes entregarán en la Habilitación de esta Dirección general la cantidad de 30 pe setas en metalice P 01 ningún motivo se ampliará el número de plazas anunciadas á pro ísión en esta convocatoria. Los opositores que no hubieren sido propuestos no adquirirán derecho alguno alingreso en el Cuerpo de Aspirantes al Notariado. vanté y se descolgó un cuadro. Tso era un cuadro grande, pero hizo más ruido que ua, panorama, Harris no se movió. Pensé que otro incidente podría despertarle, y renuncié á salir, Lo mejor era buscar la mesa que se hallaba en el centro de la habitación (ha bía tropezado con ella varias veces) y servirme de ella como punto de partida de una exploración hacia mi cama. Si podía llegar á mi cama, encontraría el botijo, saciaría la sed y me acostaría. Emprendí la marcha, á cuatro patas. Al cabo de ún rato topé cor la mesa; me puse de pie, y con las manos extendidas seguí avanzando. Encontré una silla, luego una pared, luego otra silla, luego un sofá, luego una butaca, luego otro sofá. Esto me extrañó mucho, pues me parecía que en la habitación no había más que un sofá. Volví á la mesa para orientarme, y en el camino ttopecé con muchas más sillas. La mesa era redonda y no podía servir de punto de partida. La abandoné y me fui al azar al través de aquellos países desconocidos. Hice caer un candelera que estaba sobre la chimenea. Al buscar el pandelero derribé un botijo. Harris murmuró: ¡Asesinos! ¡Socorro! Y añadió: ¡Estoy mojado de pies á cabeza! Era el botijo. Toda la casa se despertó. El amigo X eatró precipitadamente, sin más ropa que una camisa de dormir y con una palmatoria en la mano. El joven Z también y con otra palmatoria. Y más gente por otra puerta coa Perdí la esperanza de dormir. Estaba irre- candelabros y linternas; el dueño de la pomisiblemente despierto y además me sea- sada, dos viajeros alemanes, varios criados tía febril y tenía sed. Decidí levantarme, y una criada. vestirme, tomar un baño en el pilón de la fue ite, situada en la plaza del pueblo, y aguardar fumando á que amaneciera. Pensé que podría vestirme en la obscuridad sin despertar á Harris. No encontré mis botas; pero eran suficientes las zapatillas en una noche de verano. Me levanté silenciosamente y lo encontré todo, menos uno de mis calcetines. No era posible prescindir de él. Me puse á cuatro pies y busqué á tientas. La madera del piso crujía, y cuando tropezaba con algún objeto me parecía qu el ruido producido era treinta y cinco ó treinta y seis veces mayor que en pleno día- Me pa raba entonces para convencerme de que Harris no se despertaba, y continuaba arrastrándome. No logré encontrar el calcetín; p l Tribunal de oposiciones, que presidirá sólo tropezaba con los muebles. Jamás hu el director general de los Registros, es- biese supuesto, al entrar en aquel auarto, tará además formado por D. Tomás Monte- que había allí tantos muebles. Mi irritación jo y Rica, catedrático déla Facultad de De- iba en aumento, y creo que hasta hice entecho de la Universidad Central; D. José tonces reflexiones inconvenientes. Bellver y Oña, oficial letrado del Consejo de Me decidí á salir con un calcetín nada Estado; D. Darío Bugallal y Araujo, notario más. Me levanté y me dirigí ó creí dirigirme Miré. Me hallaba cerca de la cama de Hadel Colegio de Madrid; D. Sebastián Carras- hacia la puerta, y de repente vi reflejarse mi rris, á una jornada de la mía. No había máa co y Sánchez, oficial de la Dirección gene- imagen en un espejo. Me detuve. No sabía que un sofá colocado contra la pared. No Iral de los Registros, y D. Casto Barahona donde me hallaba y esto me entristeció tanhabía más que una silla. Había dado vuelHolgado, auxiliar de la misma Dirección, to que me senté en el suelo y tuve que rea- tas alrededor de ella durante toda la noche. que desempeñará las funciones de secreta- lizar inauditos esfuerzos para evitar que esExpliqué lo que me había sucedido; los rio, sin voz ni voto. tallara el pecho con la explosión, de mi de- de la casa se retiraron y nos ocupamos del En el mismo número de la Gaceta se pu- sesperación. Si no hubiese habido más que desayuno, pues ya despuntaba el día. Eché blica el reglamento por que han de regirse un espejo, quizá me hubiera servido de él una mirada sobre mi podómetro y vi que los ejerdeios. para orientarme; pero había dos y parecía había recorrido 47 millas. Menos mal; ¿no que había mil, porque estaban colocados había sido mi intención la de dar una vueltecita? uno frente á otro. Divisaba confusamente la CUENTOS ILUSTRADOS MARK TWA 1 N luz de las ventanas; pero después de haber dado tantas vueltas, aquellas luces me engañaban en vez de ayudarme. Hice un movimiento para levantarme y ACADEMIA UNIVERS 1 cayó al suelo un paraguas, con un ruido se- T A R I A CATÓLICA o s acostamos a las diez porque tenía- mejante al de un pistoletazo. Harris no sé 1 Ayer tarde se celebró la inauguración da rnos que levantarnos al amanecer para despertó. Cogí el paraguas y lo coloqué, cuiproseguir nuestro viaje. Yo estaba algo ner- dando de no hacer ruido, contra la pared. la Academia Universitaria Católica, instavioso, pero Harris se durmió en seguida. Pero apenas retiré la mano, volvió á caer lada en el Centro de Defensa Social. Presidió el acto el nuncio de Su Santidad, jRíe fue imposible conciliar el sueño, cuanto con gran estrépito. Permanecí quieto. Todo iuás lo intentaba, más me desvelaba. Pen- estaba tranquilo. Con gran cuidado intenté acompañado de los obispos de Sión y de saba en infinitas cosas sin fijarme en nin- de nuevo poner dereeho el paraguas, y se Madrid- Alcalá. El secretario, D. Rafael Marín Sósaco, Ktina. Ál cabo de una hora mi cabeza esta- cayó otra vez. B paraguas no podía indicarme nada. leyó un discurso, y otro el rector de la AcaSSa hecha un torbellino. Sentí un gran canHabía en la habitación cuatro paraguas demia, D. Enrique Reig, abogando ambos sancio, un cansancio mortal. íMi cansancio emprendió la lucha con mi iguales. Pense que sería práctico seguir la por que prevalezca la enseñanza católica gxcitación nerviosa, y ya estaba á punto de pared ha ta tropezar con la puerta. Me le- que se ha de dar en el Centro que se inaudormirme- cuando un reloj dio la hora. Con- té las campanadas, é iba á dormirme otra vez cuando sonó otro reloj. Seguí contando. Entonces el reloj de la Casa Consistorial repiqueteó con notas mágicas, misteriosas y suaves. Pero cuando volvió á sonzr al cabo de un cuarto de hora, aquellos sonidos melodiosos me parecieron un abuso. Cada vez que iba á conciliar el sueño, un nuevo ruido me despertaba, ó la manta se caía al suelo y tenía que inclinarme hasta el suelo para -pCogerla. UNA NOCHE SIN SUEÑO